Tomado del diario "El Popular", 1ro de enero del 2026.
Por Nicolás Pons (*)
La historia nos ha mostrado y demostrado una y otra vez que hay caminos y derivas.
En ellos, sabemos que, no sirve la luz de la mentira, esa que se enciende para equivocar la ruta de las naves. No, no sirve cualquier luz, sino esa, precisa, firme, que indica: este es el camino.
Este nuevo 1º de enero de 2026, a 67 años de su primer estreno, será un nuevo comienzo de mantener en alto y bien encendida esa luz, se trata de reivindicar y mantener en pie el gran faro en Latinoamérica.
La revolución cubana es uno de los mayores acontecimientos de la historia contemporánea de América Latina y el Caribe, donde por primera vez un país logró librarse completamente del yugo imperialista, expropió bienes y generó distribución de riquezas que quedaron al servicio de las necesidades del pueblo y dio origen al primer Estado conducido por trabajadores en el continente. Este hecho heroico, profundamente humanista, que pone el acento en su gente, tiene una peculiar dimensión insoslayable, una revolución socialista en las narices del mayor país imperialista: los Estados Unidos.
Situar la Revolución Cubana implica necesariamente saber que fue y es un acto de justicia.
La Cuba de antes de la revolución era esencialmente una isla productora de azúcar y parque de diversiones del imperialismo norteamericano. Desde marzo de 1952, Cuba padeció la dictadura de Fulgencio Batista principal responsable de la crisis de las instituciones políticas y los gravísimos problemas sociales, sustentados en gigantes desigualdades económicas y políticas en un marco exclusivo de derechos consagrados para los ricos que podían pagarlos.
El analfabetismo campeaba por aquella isla caribeña, sin prestaciones de salud regladas, sin acceso garantido a bienes básicos de consumo, donde la cruel explotación tenía el mismo color que en el resto de la dolorosa América Latina.
Pero el camino para revertir esta situación de profunda injusticia humana fue y es muy duro, debido a la guerra sistemática que Estados Unidos a ejercido contra Cuba, con distintas intensidades y métodos de ataque a lo largo de estos años, pero siempre sostenida en el tiempo.
Sin perjuicio de que retomaremos más adelante el valor específico del histórico 1° de enero de 1959, debemos decir que ese triunfo tiene origen 6 años antes en los asaltos a los cuarteles “Moncada” y “Carlos Manuel de Céspedes” lo que significó, al mismo tiempo, un enorme impacto político transformando, por un lado, la conciencia de cientos de miles de cubanos de que la lucha contra la Dictadura de Batista era un realidad y, por otro, que ahí, está el secreto de la victoria en medio de la derrota militar del 26 de julio de 1953.
Se inicia entonces el camino del triunfo. Ese día no sólo dio nombre al movimiento revolucionario, sino que trazó con su ejemplo la enseñanza de convertir cada revés en victoria
Por eso, el Moncada tiene un valor de enorme consecuencia política, ya que es el inicio del fin de una era y la raíz efectiva de la revolución cubana, es recordar la memoria viva de José Martí en su centenario, es una forma de reivindicar que los pueblos toman conciencia de la posibilidad y la necesidad de su liberación, es reivindicar la justa rebeldía, es pelear por los derechos arrasados a las grandes mayorías, es pensar en la unidad del pueblo, es pensar que lo imposible es posible.
En esos 6 años, cortos años, se desencadenan rápidamente sucesos de enorme magnitud. Primero, en octubre del 53, tenemos el juicio de los sobrevivientes del Moncada, luego la prisión, de ellos, en Isla de Pino durante más de dos años; después el exilio en México y el encuentro de ese casco formidable de revolucionarios encabezado por Fidel, Miguel, Raúl, Melba, Aidé, y el “Che”, entre tantos otros. Con apoyos de distintas organizaciones, preparación y entrenamiento mediante, la última etapa queda orientada hacia el 25 de noviembre de 1956, donde 82 expedicionarios liderados por Fidel, parten del puerto de Tuxpan (Veracruz) en el yate “Granma”, rumo a la victoria definitiva. Cuenta algún registro íntimo de los revolucionarios que, a minutos de la partida, se escuchó entonar: “Al combate, corred, bayameses, que la patria os contempla orgullosa…”. Dice la crónica que todos lo secundaron como una sola voz…
A partir del desembarco en la costa suroriental de Cuba, cerca de Playa “Las Coloradas”, donde encalló el yate, el 2 de diciembre de 1956, continúa la gesta revolucionaria con distintos retos militares que se expresan a través de una desigual y heroica lucha, donde los revolucionarios con un adecuado empleo de las precarias fuerzas y estrategias de defensa escalonada, la creación de pequeñas columnas y pelotones, la guerra de posiciones y la elección del momento oportuno para el contragolpe, dieron por éxito la liberación total de la Sierra Maestra.
Después de la victoria en la Batalla de Santa Clara, las fuerzas revolucionarias con el Che y Camilo a la cabeza, entran en La Habana estableciéndose un gobierno provisional.
La liberación total en el oriente del país, permite a Fidel, el 8 de enero, llegar a la capital en la denominada “Caravana de la Libertad” luego de un largo recorrido por toda la isla, siendo aclamados y abrazados en cada pueblo, en cada villa y en cada ciudad. Ese mismo pueblo que supo apoyar el proceso revolucionario, es el que, en una inmensa manifestación multitudinaria, ahora, ¡colma las calles y avenidas de La Habana para saludar el triunfo de los revolucionarios!
En ese contexto, expresó Fidel al dirigirse a su pueblo: «Este es un momento decisivo de nuestra historia. La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil, quizás en lo adelante todo será más difícil”.
El valor de aquellas palabras del comandante, eran por un lado de júbilo y, al mismo tiempo, premonitorias de lo que la historia se encargaría de ratificar.
La reacción del imperialismo norteamericano no se haría esperar, y se extiende hasta el día de hoy con una beligerancia sin precedentes.
En medio de las primeras amenazas, el Comandante en Jefe Fidel Castro suscribió en La Plata, Sierra Maestra, la primera Ley de Reforma Agraria, que hizo propietarios de las parcelas que trabajaban a más de 100.000 campesinos cubanos y prohibió a entidades y particulares extranjeros poseer tierras en Cuba si no las trabajaban directamente. Fue el final de más de cuatro siglos de injusticia.
A esta medida de histórica, se siguieron otras muy significativas que le cambiaron la vida definitivamente a la gente.
Entre los sectores priorizados por la Revolución estuvo siempre la salud. Comienza entonces la construcción de hospitales, policlínicos y dispensarios, sobre todo en lo más apartado de los campos. Se diseña un nuevo paradigma de derechos, donde el acceso a la salud, será gratuito y universal. Se acelera la formación de médicos, estomatólogos, enfermeros y otros profesionales del área.
Se crea el Instituto Nacional de Ahorro y Viviendas, otra política universal que culmina con la especulación inmobiliaria.
Se sanciona la Ley de Reforma Urbana dando la propiedad de su vivienda a miles de inquilinos.
Se modifica el Código de Defensa Social para endurecer las sanciones contra los malversadores, y se crea el Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados, organismo que ya aparece en el primer Consejo de Ministros que se presenta al pueblo.
Se interviene la Texaco, la Esso y la Shell. Son nacionalizadas todas las compañías norteamericanas de los sectores petrolero, azucarero, telefónico y eléctrico. Se nacionaliza la banca (nacional y extranjera) y, además, casi 400 grandes empresas estratégicas para la vida económica del país (centrales azucareros, fábricas, ferrocarriles).
La puesta en práctica de un extenso plan orientado a lograr la liberación económica del país, dando preferencia al consumo de productos cubanos, y propiciar la elevación del poder adquisitivo de la población, sumado a la incorporación del pleno ejercicio del goce de derechos humanos fundamentales, hasta ahora pregonados por las Naciones Unidas y dejados al libre albedrío por el mundo capitalista; en Cuba, con el triunfo de la Revolución, empieza entonces a cobrar sentido la idea de que otro mundo es posible, que la explotación del hombre por el hombre es una ofensa ética a erradicar, y que el bien común debía ser ante todo, un desafío colectivo.
Este escándalo de derechos generado por la Revolución cubana, sin duda en contraposición al modelo capitalista norteamericano, donde se empieza a concebir una sociedad que antepone la dignidad humana al libre mercado y al tanto dinero tienes, tanto vales, alentó al presidente John Fitzgerald Kennedy (Demócrata) a firmar la orden ejecutiva del 7 de febrero de 1962 que dio inicio a todo un andamiaje de decisiones ejecutivas para lograr la consolidación de la política de bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba. Además de la asfixia económica de la Isla, el presidente Kennedy promovió su aislamiento político a nivel regional e internacional. Durante su administración se produjo la invasión mercenaria de Playa Girón en 1961, la que fuera derrotada por el pueblo cubano en sólo 72 horas.
Desde ese momento, espionajes, atentados, sabotajes, injerencias, muertes, asesinatos han provocado las sucesivas administraciones de Gobierno de Estados Unidos (CIA y Pentágono mediante), de forma implícita y explicita contra Cuba, ante toda la comunidad internacional.
A pesar de esto, de la asimetría de poder económico y militar de Estados Unidos, la Cuba revolucionaria sigue de pie, aún, a pesar del cansancio y el desgaste de tantos años de hostilidad.
La resistencia heroica del pueblo cubano, su firmeza ideológica, su formación política, la preparación educativa y cultural de su gente, el construir permanente un paradigma de sociedad sustentado fuera de las lógicas del consumo, construir otras “felicidades” basadas en el “buen vivir”, no ser indiferente ante el sufrimiento del prójimo, pensar que la abundancia de la riqueza de una Nación debe garantizar la vida de todos, en definitiva, pensar que la desigualdad debe ser un desafío a superar cotidianamente y que la única diferencia entre los seres humanas son los talentos y las virtudes, explican en gran parte el sostén del proyecto socialista cubano.
Pero es justo mencionar, que la solidaridad internacional, también ha formado parte intrínseca de este camino de apoyo al pueblo cubano.
El valor de la solidaridad y el internacionalismo, fue y es un elemento cardinal para los pueblos oprimidos del mundo. Fidel expresó el 26 de julio de 1978 que “…Sin el internacionalismo la Revolución Cubana ni siquiera existiría. Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad.”
El modelo de cooperación internacional horizontal, ligado al pensamiento internacionalista del Comandante Fidel Castro, quien supo compartir con los pueblos del mundo que así lo necesitaban, a médicos, maestras, ingenieros, biólogas, físicos, entre tantos y tantas profesionales que se desplegaron por distintos países y, dentro de ellos, en su mayoría, en comunidades pobres donde los servicios del Estado, no llegan, es una referencia directa al concepto de José Martí que expresa: “Patria es humanidad…” . Este concepto recogido por Fidel, acompaña al proyecto social cubano desde siempre, a la hora de compartir sus experiencias, el conocimiento científico generado y enviar profesionales a otros países, sin pedir nada a cambio.
Vale precisar que esta conducta de Cuba sustentada en el internacionalismo y la solidaridad, no se ha visto interrumpida nunca, ni siquiera en los momentos más complejos para la revolución. Nos referimos al periodo “especial” de la década del “90”, nos referimos a los momentos del recrudecimiento del bloqueo económico, financiero y comercial, cuando Donald Trump, primero y, Joe Biden después, agudizaron las medidas coercitivas contra la isla en momentos donde en plena pandemia, impusieron más de 246 medidas de asfixia contra Cuba, incluyéndola, por si fuera poco, en la lista de países patrocinadores del terrorismo. A pesar de todas estas agresiones de Estados Unidos sostenidas por más de 60 años, Cuba siguió brindando su solidaridad con los países más pobres del tercer mundo, especialmente con África, y América Latina. Se calcula que, solamente en la cooperación médica oftalmológica, más de 6 millones de personas en el mundo, recuperaron la visión o mejoraron su calidad de vida, gracias a los médicos y médicas de Cuba.
De manera recíproca, miles de organizaciones de distintas partes del mundo, organizaciones políticas, sociales, sindicales, somos solidarios con Cuba y luchamos cotidianamente contra el criminal bloqueo económico, comercial y financiero, impuesto por Estados Unidos, que tiene por objetivo en última instancia, derribar la luz de este faro de 67 años de hidalguía.
Hoy el bloqueo incluye un conjunto de medidas de agresión y coacción económica, con la declarada intención de aislar, asfixiar e inmovilizar a Cuba y crear malestar en la población cubana para debilitar su decisión de ser soberanos y continuar por la vía socialista, tratando de restar apoyo a la Revolución. Un memorándum secreto del 6 de abril de 1960 del Subsecretario Asistente para Asuntos Interamericanos, Lester D. Mallory, fija como estrategia de lucha contra la revolución cubana, privar al país de recursos materiales y financieros para generar malestar y lograr la rendición por hambre, sufrimiento y desesperación. Desde entonces, Estados Unidos sigue la misma estrategia.
En medio de esta guerra desigual y prolongada, Cuba ha alcanzado logros indiscutibles, tales como erradicar la pobreza extrema y el hambre, ofrecer servicios educativos, culturales y sanitarios universales, gratuitos y de calidad a toda la población, promover la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, reducir la mortalidad de los niños menores de cinco años, invertir cerca de la tercera parte del Producto Interno Bruto (PIB) en programas sociales, desarrollar la cultura física y el deporte, masificar la cultura, elevar la esperanza de vida, alcanzar un alto Índice de Desarrollo Humano (IDH), crear una base productiva e industrial nacional, desarrollar la ciencia y la tecnología, promover y practicar la cooperación internacional y erigir capacidades para producir medicamentos y vacunas propios.
A esta luz del Faro de Cuba, precisa y firme, es a la que nos referíamos al comienzo del artículo, siendo conscientes que todos estos logros del pueblo cubano y para el pueblo cubano, son una auténtica construcción soberana basada en esfuerzo, estudio, trabajo, creación, tenacidad, compromiso y solidaridad, fruto de un acumulado de generaciones de mujeres y hombres que desde 1959 han sabido escoger el camino más difícil que la historia latinoamericana pueda contar, pero con el orgullo de saberse auténticos, soberanos, libres y revolucionarios.
(*) Integra la Comisión de Relaciones Internacionales del PCU
Vicepresidente de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio
