Asociación de Cubanos Residentes en Jamaica: Recordando a Maceo

Artículo redactado por Osvaldo Cárdenas, historiador y vicepresidente de la Asociación de Cubanos Residentes en Jamaica "Antonio Maceo Grajales", a propósito del 176 aniversario del natalicio del Lugarteniente General del Ejercito Libertador de Cuba.

A propósito del 176 Aniversario del Natalicio de Antonio Maceo Grajales, Lugarteniente General del Ejercito Libertador de Cuba

Por Osvaldo Cárdenas Junquera, historiador y vicepresidente de la Asociación de Cubanos Residentes en Jamaica "Antonio Maceo Grajales"

En la segunda mitad del siglo XIX Cuba era, junto a Puerto Rico, la última colonia española en América, la mayor sociedad de plantaciones en el Nuevo Mundo, basada en la brutal explotación de los esclavos negros traídos de África, sobre cuyas espaldas creció la industria que creó la mayor producción azucarera del mundo; donde criollos, mulatos y negros libres eran oprimidos, discriminados, marginados y sistemáticamente reprimidos.

Las agudas contradicciones de esa sociedad provocaron eventualmente que el sector más radical del naciente independentismo cubano, liderado por el terrateniente Carlos Manuel de Céspedes, en la región oriental de la Isla, la más alejada del centro de poder colonial, donde se concentraba el mayor número de habitantes fuera de La Habana, y con un menor número de esclavos que en el occidente del país, se levantaran en armas el 10 de octubre de 1868.

Nuestro país era la isla más próxima a Haití, el primer país en liberarse en América Latina, la única rebelión de esclavos victoriosa en la historia de la humanidad. De ahí que el temor a una rebelión de esclavos, el miedo al negro y el temor a la repetición de lo ocurrido en Haití dominasen el horizonte político de Cuba durante ese siglo y las primeras décadas del siglo XX.

Por otro lado, España dependía económicamente de la enorme riqueza que generaba Cuba, en un mundo donde el azúcar representaba lo que el petróleo seria  en el siglo XX. Además, Cuba era desde donde los colonialistas españoles soñaban lanzar los esfuerzos para la reconquista de su imperio perdido en América. Por todo ello el liderazgo español estaba dispuesto a pelear en Cuba hasta la última bala y el último hombre.

Antonio de la Caridad Maceo Grajales nació en Santiago de Cuba el 14 de junio de 1845, en una familia de negros libres, con algunas propiedades y relativamente acomodada, encabezada por Marcos Maceo y Mariana Grajales. Desde niño él y sus 10 hermanos varones fueron entrenados en la equitación y el uso de las armas por su padre, que había formado parte del ejército español en Venezuela.

Al conocer del levantamiento de Céspedes, Mariana Grajales hizo jurar a su esposo e hijos ante el altar familiar luchar por la independencia de Cuba o morir en el intento. La mayoría de los Maceo cayeron en combate o murieron en el exilio. Marcos Maceo murió luchando en la tropa que dirigía su hijo el teniente coronel Antonio Maceo y su madre Mariana Grajales murió en el exilio en Jamaica. El Teniente Coronel Lino D’ou, amigo entrañable del Mayor General José Maceo, le llamaba a la familia Maceo “la Tribu heroica”.

El 12 de octubre de 1968, Antonio y sus hermanos Justo Regüifero y José Maceo se unieron a la lucha. Se dice que el Titan de Bronce participó en más de 800 combates entre la Guerra de los Diez Años y la Guerra Necesaria. Sustituyó a Máximo Gómez cuando este fue enviado por Céspedes a reemplazar al Mayor General Ignacio Agramonte que había caído en combate en Camagüey. Gómez era Mayor General y Maceo mayor, pero no fue ascendido. Siempre el color de su piel retrasaba sus ascensos. Después el Mayor General Calixto García fue capturado, por lo que Maceo prácticamente era el jefe de las tropas en el Oriente del país salvo la zona de Holguín. Maceo ascendió de sargento a general gradualmente, gracias a sus méritos sobrados, su valor y bravura ilimitadas y su extraordinarias cualidades de líder guerrillero. En 1877 es finalmente ascendido a Mayor General. Su hermano José, el León de Oriente, tuvo que esperar a la Guerra de 1895 para ser ascendido a Mayor General.

Al fin de la Guerra de los Diez Años, Antonio Maceo es el líder militar más destacado entre los combatientes cubanos y el más temido por el ejército español. Junto a un grupo de combatientes orientales se negó a firmar el Pacto del Zanjón y aceptar la amnistía ofrecida el gobierno de España. El 15 de marzo de 1878 se reúne en Mangos de Baraguá con el General en Jefe peninsular Arsenio Martínez Campos y se niega a firmar el Pacto, porque el mismo no le daba la independencia ni abolía la esclavitud en Cuba, que eran los dos objetivos fundamentales de la guerra. La protesta de Baraguá, como dijera Martí, "…es de lo más glorioso de nuestra historia".

El Gobierno de la República de Cuba en Armas envió a Maceo al exterior a cumplir la tarea imposible de recaudar armas y recursos para la lucha, ante el temor de que este pereciera en un momento en que resultaba imposible continuar la guerra en Cuba. Este es el inicio de un periodo de largos años de intentos frustrados de reiniciar la lucha, en el que sufrió numerosos intentos de asesinatos organizados por el gobierno español, como ningún otro patriota cubano.

Finalmente es el gran líder revolucionario José Martí quien logra unir a lo mejor del exilio cubano, encabezado por Maceo y Gómez, con quienes en Cuba se preparaban para reiniciar la lucha. Martí creó el Partido Revolucionario Cubano en Tampa y Cayo Hueso, y organizó el desembarco de Maceo, al que los españoles temían mucho, porque era claro que si Maceo desembarcaba habría guerra en Cuba. Maceo propone al General Máximo Gómez como Jefe del Ejército Libertador, lo que Martí aprueba. A su vez le es otorgado a Maceo el cargo de Lugarteniente General del Ejército Libertador, cargo creado por una sola vez para él; pero que Maceo pidió fuese permanente y se otorgase a cualquier cubano que tuviese los méritos para ocuparlo.

Desembarca Maceo en el sur de la provincia de Oriente, cerca de Baracoa. El desembarco resultó desastroso, y Maceo y su hermano José casi perecen. El general queda solo y perdido en el monte durante algún tiempo, hasta que llega a un batey y exhorta a los cubanos a levantarse en armas. Al reconocerlo, los cubanos, mientras lloran, sacan las armas escondidas de la Guerra Grande y en corto tiempo Maceo tiene a cinco mil hombres a su lado. Martí y Gómez desembarcan al poco tiempo y se reúnen con él en su campamento en la Finca la Mejorana. Martí cae en combate poco días después en Dos Ríos.

En el transcurso de la historia Maceo desarrollaría una extraordinaria campaña militar, como el general más exitoso del Ejército Libertador. Dirigió junto a Máximo Gómez la invasión de Oriente a Occidente, que constituyó la mayor hazaña de las fuerzas independentistas. Con algo más de mil soldados combatió al ejército español (que contaba con alrededor de 400,000 hombres armados en el territorio cubano) en una época en la que ya existían fusiles de repetición, cañones sin retroceso y alambradas eléctricas.

Antonio Maceo cayó el 7 de diciembre de 1896 en una escaramuza a la entrada de la ciudad de La Habana. Ese fatídico día recibió un balazo en la cabeza, justo cuando se dirigía a entrevistarse con Gómez quien, enfermo, anciano y enfrentado a las pugnas dentro del Ejercito Libertador, lo había llamado para entregarle el mando.

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