Abr
08
2026
Seúl, 31 de marzo de 2026
Sra. Kang Kyung-hee
Editora en Jefe del Diario Chosun
Estimada Sra. Kang,
Me dirijo a usted con motivo de una serie de cinco escritos sobre mi país publicados en su periódico desde el viernes 27 al 31 de marzo, por su corresponsal en Washington, en los cuales se omite deliberadamente información relevante y se tergiversa la realidad de nuestro país.
Nos ha sorprendido un tratamiento mediático carente de rigor, lo cual no se adhiere a la profesionalidad y el apego a la ética y la verdad que sabemos caracterizan a su prestigioso medio.
Han transcurrido apenas dos años de relaciones diplomáticas entre la República de Cuba y la República de Corea, las cuales esperamos conduzcan a un acercamiento entre nuestros pueblos en beneficio mutuo. Consideramos que parte de ese empeño consiste en aportar datos, puntos de vista y reflexiones en ambos sentidos, que puedan contribuir a un mejor entendimiento de nuestras respectivas realidades.
Por tales motivos, y con el propósito de que sus lectores puedan acceder a una información más completa sobre Cuba, me permito solicitarle la publicación de esta carta.
No caben dudas de que la realidad cubana actual es sumamente compleja y que a nuestro pueblo se le han impuesto privaciones difícilmente imaginables para cualquier otro país. Es precisamente por eso que nos resulta impresionante que los artículos omitan el factor principal en la actual crisis energética, máxime, porque ha sido ampliamente cubierta por la prensa internacional.
El 29 de enero el presidente Trump firmó una Orden Ejecutiva que amenaza con imponer aranceles comerciales a cualquier país que venda petróleo a Cuba, en violación de toda norma del derecho y del comercio internacionales. En la práctica, ha significado un bloqueo energético total.
No creo necesario exponer la importancia que tiene el combustible para el funcionamiento de un país, cuando una mera subida de precios internacionales puede tener efectos directos y terribles en la vida diaria de la población de países desarrollados.
El bloqueo total de combustibles a Cuba tiene consecuencias humanitarias, con efectos terribles sobre la vida diaria de las personas.
Se trata de una medida de guerra económica dirigida a castigar colectivamente al pueblo, práctica también prohibida por el Derecho Internacional y el Derecho internacional Humanitario.
Esta medida ha sido acompañada de declaraciones casi diarias del presidente Trump y otros altos funcionarios de su gobierno que explican los efectos perseguidos por su política hacia nuestro país, así como su objetivo de recolonizar Cuba: “no creo que podamos ejercer mucha más presión, que no sea arrasar el lugar a bombazos”, “no habrá más petróleo ni dinero que vaya a Cuba: ¡cero!”, “tendré el honor de tomar Cuba”, entre otras.
Es la misma concepción que la de un sitio medieval.
La omisión de ese factor conduce al público, lógicamente, a conclusiones falsas. Es demasiado poco riguroso analizar el desempeño de la economía cubana concentrándose en factores internos y obviando las destructivas medidas tomadas por la potencia vecina con el objetivo declarado de hacer fallar su economía.
Repito, nos resulta incomprensible que los trabajos periodísticos sobre la situación en Cuba no mencionen la Orden ejecutiva del 29 de enero.
De hecho, esta acción no es más que la última de cientos de medidas de presión y sanciones unilaterales de EEUU, acumuladas desde 1962 que obstaculizan el comercio internacional de Cuba, restringen nuestro acceso a divisas y a tecnologías, nos impiden el uso del sistema financiero internacional, entre muchos otros efectos económicos desastrosos.
La racionalidad y el objetivo de este bloqueo económico se pueden encontrar fácilmente en los documentos oficiales de los Estados Unidos. Basta recordar el memorando de 1960 del entonces Subsecretario de Estado, Lester Mallory, que declaraba: “…hay que emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba…una línea de acción que … logre los mayores avances en la privación a Cuba de dinero y suministros, para reducirle sus recursos financieros y los salarios reales, provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.
Este bloqueo económico de los EEUU ha sido condenado por la inmensa mayoría de la comunidad internacional en la Asamblea General de las Naciones Unidas desde 1992. Se incluye la República de Corea, que desde 1999 ha votado cada año en contra del embargo de los EEUU.
El pueblo cubano, a pesar de algunas de las opiniones que reproduce el autor, conoce la política de cerco económico impuesta por EEUU, rechaza las injerencias externas y defiende su soberanía e independencia.
La frase “Cubanos reclaman intervención de Trump” sería interpretada por muchos cubanos como una ofensa a nuestra dignidad nacional, pues parecería que el periodista se refiere al “pueblo cubano”, y no a un grupo de entrevistados.
Está claro que en el mundo de hoy no hay manera de sostener niveles de consumo considerados básicos, sin participar libremente en el comercio internacional; pero aún en estas condiciones, Cuba logró altos niveles de bienestar social y cobertura de las necesidades y servicios básicos reconocidos internacionalmente, con índices sociales comparables a los de países del primer mundo.
En este contexto, resulta curiosa la insistencia, también usando palabras de entrevistados, en que el Estado no invierte suficiente en salud y educación. Solo por citar un dato, según cifras recientes, el 41% del presupuesto estatal anual de Cuba es dedicado a estos sectores.
Por otra parte, cuando se menciona que algunos hoteles de reciente construcción , en la capital cubana están encendidos porque tienen sus propios generadores de diesel, se ignora que Cuba cuenta con una amplia red de generadores, que permiten el funcionamiento del sector público, incluyendo centros de producción de alimentos y hospitales. Curiosamente, una parte significativa de esos generadores son de tecnología Hyundai, que Cuba compró a Corea del Sur entre 2006 y 2007. La razón de que muchos estén inactivos, es precisamente la ausencia de combustible.
Los hoteles que se mantienen encendidos en Cuba son símbolo de resiliencia, y responden a la natural necesidad de mantener la actividad económica que, en definitiva, es el soporte de cualquier servicio básico.
¿Por qué la narrativa sobre mi país opone la industria turística al funcionamiento de los servicios públicos? Si esta lógica se traspolara a otra nación, sería como pedir que se retiraran capitales de industrias productivas y exportadoras para destinarlos a servicios públicos.
Cuba ha estado invirtiendo fuertemente en fuentes de energía renovable desde 2024. Hasta ahora, 52 plantas de energía solar están generando electricidad (en días soleados, cubren casi la mitad de la demanda eléctrica de la isla al mediodía), los techos de clínicas de salud, escuelas y otras entidades públicas han comenzado a cubrirse con paneles solares y se han adoptado políticas que estimulan las inversiones de fuentes renovables de energía en las residencias, negocios privados y estatales. No obstante, este proceso implica inversiones y tiempo.
Finalmente, debo corregir otra afirmación falsa contenida en uno de los artículos. Cuba no es y jamás ha sido antiestadounidense.
No es fácil imaginar alguna ventaja para un país pequeño y pobre en antagonizar con la principal potencia en la historia de la humanidad.
Somos una nación de paz, y siempre hemos estado dispuestos a dialogar sin condicionamientos, y a intentar avanzar hacia una relación respetuosa y civilizada con ese país, sin subordinación ni cesión de soberanía. Ambos pueblos se beneficiarían de esa oportunidad, como lo demuestran los buenos resultados de los mecanismos de cooperación que han existido en temas migratorios, de enfrentamiento a las drogas, a desastres naturales y otros.
En cambio, el gobierno de los Estados Unidos sí tiene una tradición anticubana bien arraigada en su historia, desde que, tras el logro de la independencia, varios de los padres fundadores manifestaran la conveniencia de apoderarse de la Isla de Cuba por motivos geopolíticos.
Hoy el presidente Trump despeja cualquier duda que pueda existir sobre la continuidad histórica de estas intenciones, cuando manifiesta su objetivo de “hacer fallar” al país para “tomarlo”.
Los apagones actuales no son el resultado de las ineficiencias económicas, son el resultado de agresiones económicas, son el precio que le ha puesto el gobierno de EEUU a nuestra soberanía.
Sus lectores pueden estar seguros, “los cubanos”, no aceptamos intervención ni injerencia de los Estados Unidos.
Saludos cordiales,
Claudio Monzón Baeza
Embajador
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