Cuba no puede seguir resistiendo sola el silencio del mundo también bloquea

Por Irma Franco

Mientras millones de personas en el mundo observan con preocupación los conflictos y las crisis humanitarias que estremecen nuestro tiempo, Cuba continúa enfrentando una realidad que ya no puede ni debe normalizarse. El bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos, recrudecido en los últimos años con nuevas sanciones y restricciones, ha convertido la vida cotidiana del pueblo cubano en un ejercicio permanente de resistencia.

La escasez de combustible ha paralizado el transporte, limitado la producción de alimentos, afectado el funcionamiento de hospitales, escuelas e industrias, y agravado los prolongados apagones que padecen millones de familias. Conseguir medicamentos, alimentos o simplemente trasladarse de un lugar a otro se ha convertido en un desafío diario. No son cifras abstractas: son hombres, mujeres, ancianos y niños quienes soportan el peso de una política que busca estrangular la economía de toda una nación.

Lo más preocupante no es únicamente la persistencia de estas medidas, sino la pasividad con que gran parte de la comunidad internacional observa esta realidad. Año tras año, la inmensa mayoría de los países del mundo condena el bloqueo en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sin embargo, esa condena moral no ha sido suficiente para poner fin a una política que continúa castigando a un pueblo entero.
Por eso adquieren una fuerza extraordinaria las palabras del Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, cuando afirma:

¨Si esto (el bloqueo) se prolonga en el tiempo es porque se lo permite el resto del mundo¨

No es una frase de resignación. Es una denuncia dirigida a la conciencia universal. Nos recuerda que el silencio también tiene consecuencias y que la indiferencia termina favoreciendo la continuidad de la injusticia. Cada día que el bloqueo permanece vigente es también un día en que la comunidad internacional fracasa en hacer prevalecer los principios del derecho internacional, la igualdad soberana de los Estados y el respeto a los derechos humanos.

Desde Amor por Cuba – Nicaragua levantamos nuestra voz para denunciar esta política de asfixia económica y para reafirmar nuestra solidaridad inquebrantable con el heroico pueblo cubano. No aceptamos que se utilice el sufrimiento de una nación como instrumento de presión política. Ningún pueblo merece ser condenado a vivir bajo el peso de sanciones que afectan su alimentación, su salud, su energía y sus posibilidades de desarrollo.

Hoy más que nunca hacemos un llamado a los movimientos de solidaridad, a las organizaciones sociales, a los intelectuales, a los parlamentarios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para que no permanezcan indiferentes. La solidaridad con Cuba no puede limitarse a declaraciones simbólicas; debe traducirse en una denuncia permanente y en una exigencia firme para que cese una política que la inmensa mayoría del mundo considera injusta.

Porque el bloqueo es sufrimiento. Porque la indiferencia es complicidad. Porque Cuba no está sola.

¡Rompamos el silencio!
¡Rompamos el bloqueo!
¡Viva la solidaridad entre los pueblos!
 

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Bloqueo
Solidaridad
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