El año 1953 se conmemoró un siglo del nacimiento de José Martí, el más extraordinario estratega revolucionario y político de la segunda mitad del siglo XIX en América Latina y el Caribe, quien junto a los heroicos combatientes de la Guerra Grande, en especial los generales Antonio Maceo y Máximo Gómez, organizó y dirigió la última fase de la prolongada lucha del pueblo cubano por su independencia, la más larga y sangrienta de nuestra América, enfrentados a una de las más importantes potencia europeas, al ejército más grande y poderoso que habían visto las Américas, las maniobras ocultas y pérfidas de los gobernantes norteamericanos contra los luchadores cubanos y la confusa y contradictoria realidad social, cultural y económica de Cuba a solo siete años de la abolición de la esclavitud.
El hecho de que Cuba fuese la última colonia española en liberarse en América, en un combate tan desigual, le permitió a la generación del centenario y los que ya comenzábamos a entender el mundo que nos rodeaba, nutrirnos del conocimiento directo de muchos de los actores de aquella epopeya y fue un elemento decisivo inspiró el triunfo de la lucha armada en Cuba y la indisoluble unión entre el liderazgo revolucionario y el pueblo, que nos ha permitido hacer muchas cosas extraordinarias y sobrevivir a la hostilidad y permanente agresión de la potencia imperialista más poderosa de la historia.
Fidel Castro sintetizo genialmente esos elementos y aunque el Asalto al Cuartel Moncada no obtuvo el éxito deseado, la audacia y valentía del acto, la brutal represión que sufrieron sus protagonistas y los acontecimientos que rápidamente se sucedieron en un vacío de liderazgo político al que se enfrentaba el país, devinieron en una situación revolucionaria catalizada por el desembarco del yate Granma, la lucha en la Sierra Maestra y su rápida repercusión que conduciría a la victoria del 1ro de enero de 1959.
Pero Fidel y los principales líderes de la Revolución, sabían que debían apurarse y evitar toda posibilidad de una intervención norteamericana que como en 1898 o 1933 frustrara la Revolución y así lo hicieron, bajo el liderazgo de un coloso de la movilización y educación de las masas, de un carisma y una capacidad de persuasión insuperable y valor y audacia a toda prueba, con un equipo de jóvenes valerosos, dispuestos a vencer o morir, comprometido con la causa y el pueblo.
No podemos un día como hoy olvidar a los héroes y heroínas de esta hazaña colosal, que parecía imposible a Fidel, el Che, Camilo, Almeida, Celia, Haydée, Vilma y a Raúl y Ramiro que siguen con nosotros y al nuevo liderazgo revolucionario encabezado por Miguel Diaz-Canel y Manuel Marrero.
Enfrentados a las dificultades y desafíos que se nos plantean en un mundo complejo, contradictorio y peligroso, con enormes dificultades económicas, agredidos con un bloqueo económico, comercial y financiero, cuidadosamente diseñado, para que no escape a él ningún habitante de nuestro país; con la campaña propagandística más colosal del mundo, frente a adversarios que tratan de aprovechar los cambios generacionales y la desaparición o envejecimiento del liderazgo histórico de la Revolución, que con sus enormes recursos tratan de comprar a todo el que se venda, de extorsionar a todo el que se atemorice, de manipular la ignorancia y falta de información, de estimular el oportunismo, los temores, los prejuicios y por supuesto de usar nuestros errores y debilidades, mientras tratan de reescribir la historia con su versión maniquea, imperialista y racista.
Sus esfuerzos están dirigidos a dividirnos, a desalentarnos, a que nos rindamos, a que dejemos de combatirlos, a resaltar todo lo malo y presentarlo como insuperable, inevitable, a exacerbar el egoísmo, el individualismo, a exagerar todo lo negativo e invisibilizar todo lo positivo.
Pero frente a todo eso se levanta el pueblo, el Partido y las fuerzas de una Revolución extraordinaria, popular e invencible.
іViva la Revolución Cubana!
іHasta la Victoria Siempre!
іPatria o Muerte!
іVenceremos!
