La Cuba revolucionaria tiene el derecho inviolable a existir como nación soberana, al igual que todos los demás países miembros de las Naciones Unidas (ONU).
Un derecho que se ve reforzado por la ley y, concretamente, por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que otorga a los Estados el derecho a la legítima defensa.
Además, su organismo civil, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), deja muy claro que las aeronaves utilizadas con fines incompatibles con su condición civil pierden la protección que normalmente se concede en la aviación civil.
¿Qué es lo que, por tanto, da al imperio estadounidense el derecho a otorgarse a sí mismo poderes para pisotear el derecho internacional, lo que permitió al grupo de exiliados anticubanos «Hermanos al Rescate» violar el espacio aéreo cubano 25 veces entre 1994 y 1996? Además, a pesar de las reiteradas demandas a la Administración Federal de Aviación (FAA) y al Departamento de Estado de EE. UU. para que cesaran estas actividades ilegales, las demandas de nuestro país hermano fueron ignoradas.
Esto resulta aún más atroz en una situación en la que las aeronaves participaban en una virulenta campaña de espionaje, propaganda y provocación.
En ese contexto, ¿qué haría, pues, cualquier país que se precie para proteger y defender los derechos inalienables de sus ciudadanos?
La hipocresía y el doble rasero del imperio son tan evidentes como que la noche sigue al día, ya que el mundo ha sido testigo de una «orgía» de sus acciones de autodefensa, que incluyen intervenciones militares, invasiones, asesinatos, ataques con drones y secuestros, todo en nombre de la protección de su seguridad nacional.
Contra nuestro país hermano existe una acusación penal internacional de la que el imperio estadounidense debe responder, que incluye un bloqueo genocida de más de seis décadas, 3.748 cubanos asesinados y 2.099 heridos en actos de sabotaje, invasión militar, guerra biológica, explosión terrorista en pleno vuelo y asesinatos.
El intento por parte de la actual dirección neofascista de la Casa Blanca de acusar al general del ejército y líder de la revolución cubana Raúl Castro por una acción de autodefensa que tuvo lugar hace tres décadas es, en primer lugar, un acto desesperado de criminalización de la soberanía de Cuba y, en segundo lugar, una maniobra para fabricar una excusa para llevar a cabo una acción militar contra un «fugitivo» de la justicia estadounidense.
Hacemos un llamamiento a la humanidad progresista para que se posicione a favor de Cuba de cualquier forma que considere necesaria y posible, ya que la única amenaza que nuestra isla hermana representa para el imperio es que ofrece un ejemplo vivo de que existe otra vía de desarrollo humano que sitúa al pueblo en el centro y no al capitalismo clientelar y mafioso que es la pesadilla del imperio estadounidense.
Kingston, 24 de mayo de 2026
