Manifiesto personal:
No hablo desde la ideología. Hablo desde la conciencia, la experiencia y los lazos humanos que me unen a un pueblo que conozco de primera mano.
Rechazo toda política que utilice el sufrimiento económico de una población civil como herramienta de presión política. Las sanciones que afectan combustible, alimentos, transporte o salud no castigan a gobiernos: castigan a familias, a ancianos, a niños y a trabajadores.
Eso no es una opinión política; es un hecho humano.
Mi postura no es la defensa ciega de un sistema político específico; es, ante todo, la defensa de la gente común que vive las consecuencias de las decisiones geopolíticas. Son personas con nombres, familias e historias, no piezas de un tablero estratégico.
Al mismo tiempo, sostengo un principio básico: cada país tiene el derecho soberano de definir su propio sistema social, económico y político. Ese derecho forma parte de la autodeterminación de los pueblos. Ninguna nación externa tiene legitimidad para imponer cambios por presión, coerción o castigo económico.
Intentar forzar transformaciones políticas haciendo sufrir a una población entera no es promoción de la libertad; es una forma de presión colectiva que recae sobre quienes menos poder tienen. Los cambios genuinos en cualquier sociedad solo pueden nacer de sus propios ciudadanos, no de la asfixia externa.
Defender la soberanía de un país no significa negar sus problemas internos; significa reconocer que las soluciones deben venir desde dentro y mediante vías pacíficas, no a través del sufrimiento impuesto desde fuera.
Defiendo el principio básico del derecho internacional: la soberanía de los pueblos y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados. Ningún país tiene autoridad moral para decidir con quién puede o no comerciar otra nación bajo amenaza o coerción.
La presión económica prolongada no ha traído soluciones duraderas en ninguna parte del mundo. Sí ha traído carencias, migraciones forzadas y sufrimiento social. Repetir una estrategia fallida durante décadas no la convierte en justa ni en eficaz.
Creo en el diálogo entre naciones en condiciones de igualdad, en la diplomacia real y en el respeto mutuo. Los conflictos internacionales deben resolverse con negociación, no con asfixia económica.
Castigar colectivamente a un pueblo para forzar cambios políticos contradice los principios básicos de convivencia internacional y de derechos humanos.
Mi posición es simple y transparente:
A favor del diálogo
A favor de la soberanía
A favor de soluciones pacíficas
En contra del sufrimiento impuesto a civiles
En contra de la coerción como política exterior
Porque la estabilidad del mundo no se construye con presión y castigo, sino con respeto y cooperación.
Y porque ninguna agenda política justifica el dolor de millones de personas.
Revolucionariamente,
Carlos Calvo Rivas
(EmbaCuba Bélgica)
