Distinguidos miembros del Cuerpo Diplomático;
Queridos amigos solidarios;
Estimados compatriotas;
Señoras y señores:
José Martí es el Héroe Nacional de Cuba, pero es conocido también como Apóstol de la Independencia; Artífice de la Guerra Necesaria; Delegado del Partido Revolucionario Cubano y Maestro.
Todas estas denominaciones se deben a que Martí consagró su vida a sus ideales filosóficos y patrióticos, convirtiéndose en símbolo de la lucha del pueblo cubano y uno de los principales líderes de la independencia de Cuba. Junto a Simón Bolívar y José de San Martín, José Martí es considerado uno de los principales protagonistas del proceso de emancipación de Hispanoamérica.
Vivió solo 42 años, de 1853 a 1895 pero tuvo una vida fecunda:
- Fue diplomático en Uruguay, Argentina y Paraguay.
- Con solo 15 años escribió su primera obra y le siguieron otras muchas, incluidos poemas, ensayos, crónicas.
- Viajó por numerosos países como España, Honduras Británica (actual Belice), Francia, Reino Unido, Estados Unidos, México, Honduras, Antillas Holandesas (Curazao), Guatemala, Venezuela, Jamaica, Costa Rica, Panamá, Haití, Bahamas (Gran Inagua), Islas Turcas (Reino Unido) y República Dominicana.
- Escribió en francés, latín y alemán y tenía conocimientos del portugués, griego y hebreo. Hizo varias traducciones al español de obras significantes, proclamó bellos discursos y su epistolario es un manantial de valores cívicos y patrióticos. Su producción literaria fue extraordinaria, convirtiéndose en uno de los más destacados escritores cubanos y precursor del Modernismo literario hispanoamericano.
Entre 1880 y 1890 Martí alcanzaría renombre en la América a través de artículos y crónicas que enviaba desde Nueva York a importantes periódicos: La Opinión Nacional, de Caracas; La Nación, de Buenos Aires y El Partido Liberal, de México.
La trascendencia de su vida, su ejemplo como patriota y la significación y vigencia de los principios e ideas que expuso en su prolífera producción literaria resulta fuente de motivación, acervo cultural e ideológico y enseñanza vital para todas las generaciones en Latinoamérica.
Nacido en La Habana el 28 de enero de 1853 e hijo de padres de origen español, desde muy joven patentizó su apoyo resuelto a la causa por la independencia de Cuba. Tenía 15 años cuando se inició en la zona oriental del territorio cubano la guerra contra el colonialismo español.
Un año más tarde fue detenido por criticar a un amigo al alistarse en el ejército español. Lo condenaron a seis años de prisión, realizando trabajos forzados en las canteras de piedra, con grilletes que aprisionaron sus tobillos. Era casi un niño. Deportado luego a España, llega a Madrid a comienzos de 1871, donde se conectó inmediatamente con los ambientes republicanos de la época, que pronto iniciarían decisivas luchas para instaurar la Primera República Española.
En aquellos años y antes de regresar a América, Martí se licenció en Derecho y Filosofía y Letras en las Universidades de Madrid y Zaragoza, respectivamente.
Allí, siguió denunciando las atrocidades de las autoridades coloniales españolas y ratificando el derecho que tenían los cubanos a luchar por su independencia, recurriendo incluso a la lucha armada. Para quienes criticaban la vía insurreccional y la contraponían a las urnas, Martí les sentenció: “Cuba debe levantarse así. Su plebiscito es su martirologio. Su sufragio es su revolución”
México, Estados Unidos, Venezuela y Guatemala fueron algunos de sus próximos destinos. Comenzó a trabajar como periodista y profesor universitario. De regreso a Cuba, se incorporó a los principales movimientos conspirativos contra el régimen español para lograr la independencia de la isla. Por entonces, Martí asistía a mítines secretos, pronunciaba discursos encendidos y presidía círculos revolucionarios. La “Guerra chiquita”, como se le llamó al segundo importante intento independentista cubano, fracasó rápidamente y José Martí fue nuevamente deportado a España. Pero lograría escapar y pronto llegaría a Estados Unidos, país en que residiría por cinco largos años, comentando “Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas”.
Y comenzó entonces a trabajar sin descanso en la reorganización de la guerra independentista, la “Guerra Necesaria” como él la llamó, poniéndose de ese modo a la altura histórica de los grandes próceres Simon Bolívar y José de San Martín.
Sus más grandes obras políticas fueron la fundación del periódico Patria y del Partido Revolucionario Cubano. Bajo su liderazgo, se crearon las condiciones para finalmente reiniciar en febrero de 1895 la lucha definitiva por la independencia del colonialismo español.
Pero realmente, más allá de toda la intensa labor organizativa realizada durante años, Martí no se veía asimismo como un mero intelectual de barricada o un coordinador político. En todo momento, dejó patente que, una vez reiniciada la guerra, su misión sería estar allí, en el lugar donde se libraran los combates, y así fue como junto al Generalísimo Máximo Gómez, se lanzó al mar desde Santo Domingo para llegar a las costas orientales cubanas en abril de 1895 e insertarse en las filas del Ejercito Libertador con los grados de Mayor General. El 19 de mayo de 1895 caería de cara al sol en un enfrentamiento con los soldados españoles.
La vida y obra de Martí no se extinguieron con su desaparición física. A través del tiempo ha continuado siendo fuente de inspiración para el pueblo cubano y los pueblos latinoamericanos para múltiples hombres y mujeres en disímiles lugares del mundo.
Sus propias palabras son ejemplo de lo que fue y sigue siendo: “la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”.
En el actual escenario latinoamericano se encuentra cada vez más vigente el pensamiento martiano para Nuestra América: (…) hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes (…)”. Esa es la máxima martiana de unión e integración que debemos aspirar para el continente, en la rica diversidad que compartimos.
“Con todos y para el bien de todos!”
Muchas gracias
(Embacuba Austria)
