En la despedida del amigo queda un adiós detenido palabras que se congelan, ganas de ya haberlas dicho lágrimas que no se lloran pa´ no aceptar que se ha ido pena convertida en gloria, amanecer extendido.
Para la partida de un amigo que nos devolvió la risa no hay adiós definitivo, ni finales de cenizas tanto corazón dolido no se va creer la prisa de la muerte que ha intentado manchar su roja camisa.
Toda la ternura de este amigo desparramada en la brisa de un pueblo que habían dormido, de una América hecha trizas, nadie piensa que se ha ido, fue un momentico a la misa y va a volver con Sandino, con el Che, Martí y Bolívar.
Ese rastro que dejó el amigo, ese antídoto de vida contra la sierpe que sueña a América dividida, el que levantó al mendigo y compartió su comida su manera de estar vivo nunca va a tener medida.
Todos los amigos del amigo tienen el alma bordada con las frases que nos dijo con campechana sonrisa, nadie piensa que se ha ido, fue un momentico a la misa y va a volver con Sandino, con el Che, Martí y Bolívar.
Nadie piensa que se ha ido, fue un momentico a la misa.
Todos los amigos del amigo tienen el alma bordada de un pueblo que se despierta, de una América arrasada.
Con la ternura de este amigo, es la luz desparramada.
Con las frases que nos dijo con su risa campechana.
Seguiremos el camino del amigo junto al ALBA.
No hay adiós definitivo ni finales de cenizas.
Con las frases que nos dijo con campechana sonrisa.
Nadie piense que se ha ido, fue un momentico a la misa.
Texto y música Raúl Torres
