- LOS QUE CLAMAN POR UNA GUERRA, SOLO EN DOS O TRES DIAS DE AUSENCIA DE LUZ PIDEN GRITO QUE VUELVA PARA EVITAR LAS CONSECUECIAS NEGATIVAS QUE ELLO OCASIONA.
- A QUIEN VAN A ACUDIR EN UN ESTADO DE GUERRA CUANDO INDISCRIMINADAMENTE SE MASACRE A LA POBLACION Y SE VIVA LA CRUDA REALIDAD DE UNA INTERVENCION MILITAR.
Jesús Sotillo Bolívar. Profesor de la UCV
Hay personas que tienen conocimiento de algunas situaciones de la vida sólo por lo que se las han contado, leído a medias, y en el mundo actual, a través, de la Televisión, videos juegos en general y otros instrumentos tecnológicos creados para el juego y por supuesto por la virtualidad de las redes sociales.
Para ellos, la guerra es un episodio divertido. La observan como un suceso digno incluso de vivirlo. Por supuesto la realidad virtual los deslumbra, los entretiene, pero están muy lejos de pensar en el sufrimiento y cicatrices que esas situaciones trágicas generan en el ser humano.
La Guerra para ellos, mientras no la sienten en carne propia, mientras solo oyen los estruendos y ven los trazos que dejan los misiles en el espacio, lo consideran como una celebración de navidad y terminan disfrutando del juego de luces y tronidos, que se producen al margen de las calamidades propias que genera una conflagración.
Esta personas, son las que en Venezuela, por lo que observamos, claman por que haya una guerra, vociferan en la oscuridad de la noche y por las ventanas de sus centros residenciales “que vengan los gringos”, queremos una invasión ya. Casi en un estado de éxtasis enfermizo piensan que agreden a sus vecinos con tales solicitudes, incluso, algunos, campaneando un copa de licor, desde sus cómodas butacas ponen a sus hijos a gritar que vengan los gringos. Vaya estado de locura….
Pero bastó un apagón, provocado por los mismos líderes que ellos idolatran, para que despertaran. Y una ausencia de luz, es apenas una de las crudas realidades que pueden presentase en estado de guerra. Dígame Ud. El tronar ensordecedor de bombarderos, las explosiones causadas por las bombas que matan indiscriminadamente, el hambre, la desolación y destrucción como consecuencia de la acción devastadora de las fuerzas militares en acción y pare de contar.
Pero bastó un apagón, con la incómoda situación de escasez de agua, cierre de comercios, trabas bancarias etc. Para que los mismos que claman por la guerra sufrieran en carne propio, sólo en dos o tres días, de las calamidades y consecuencias de una posible guerra, con todas sus consecuencias. Ya a los dos días, clamaban por agua, clamaban por luz, clamaban por bancos abiertos y clamaban por el expendio de víveres y alimentos. Y no estábamos en una guerra abierta, sino, en secuelas de algunas de sus consecuencias.
Ya no era en video juegos, ni en la televisión, ni en la literatura, que estábamos viendo las posibles consecuencias, de una intervención militar extranjera, ya era la misma realidad, la verdad cruda de lo que puede suceder, en situaciones de guerras e intervenciones militares. Imagínense por un momento las trágicas situaciones que vive el pueblo Palestino, que lleva años asediado y perseguido, imagínense por un momento los sufrimientos del pueblo Iraki, imagínense por un momento los sufrimientos del de pueblo de Libia y Afganistán, frente a la tromba de una coalición internacional militar que los azotó y se repartió sus riquezas.
De allí, que cualquier experiencia, aunque sea mala, puede servir para sacar lecciones. Los que clamaban y claman todavía por que Venezuela sea intervenida, pueden hoy despertar de su sueño y ver con tristeza las duras consecuencias o efectos que puede tener una intervención militar. Soñar no cuesta nada, pero despertar con una verdadera pesadilla que son los destrozos de una guerra, si constituye una verdadera e ingrata experiencia que no nos gustaría vivir. Así que bastó un apagón para despertar a los que sueñan con una guerra. EL QUE NO COGE EXPERIENCIA NO APRENDE.
