Kingston, 30 de octubre de 2022. La Habana Vieja, el centro histórico y sentimental de la capital de la isla caribeña de Cuba, sigue haciendo clic.
Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982, todo se puede encontrar en los cuatro kilómetros cuadrados de la ciudad, uno de los 15 municipios de La Habana, si se tiene la disciplina y la energía para recorrerla y explorarla.
Desde la droguería Johnson's, con más de 100 años de antigüedad, hasta la chocolatería en la que se elabora el producto en diversos tamaños, formas y maneras para servirlo a los encantados y asombrados clientes, La Habana Vieja sigue siendo un lugar preferido por los turistas, y por quienes están ansiosos por "relajarse" después de atender asuntos de negocios.
Por eso, durante unos días, a mediados de octubre, los representantes de Caribbean and Latin Travel Consultant Ltd, con sede en New Kingston, añadieron el lugar a la lista de lugares que deben conocer y apreciar, al tiempo que impulsan contactos más profundos en su rutina diaria de negocios.
No importan las estructuras antiguas, incluso ruinosas, en las que viven algunos de los 320.000 habitantes de la zona, ni los vendedores ambulantes que quieren satisfacer su comercio de dólares en el mercado negro, o proyectan artículos artesanales para su compra. La clave para los visitantes fue el cariño mostrado por los ciudadanos, su disposición a ayudar a los extranjeros siempre que lo necesitan y su disciplina general. Por si fuera poco, La Habana Vieja, reflejo de la propia isla, tiene un bajo índice de criminalidad, ya que, salvo algún que otro incidente de mala conducta aquí y allá, como escaramuzas domésticas/relacionales, la gente suele andar libremente a todas horas.
Muchos de los que vienen por primera vez se han quedado asombrados.
"Nunca he visto a la gente tan disciplinada. Imagínate, llegas a una parada de autobús, ves que hay gente delante de ti esperando el autobús, y te acercas a alguien y le preguntas si ha sido el último en llegar a la parada", dice Anna-Kay Neil, de Caribbean and Latin Travel.
Eso surgió cuando el cubano Darhyl Lavalle Sánchez, que iba en cabeza, preguntó a un hombre que esperaba si era el último en llegar al lugar. Esto se hace para permitir un movimiento ordenado hacia el autobús cuando éste llega.
"Sí, así es el sistema aquí", dijo Lavalle Sánchez, "la gente es muy disciplinada en ese sentido".
El choque cultural arrojó a los miembros jamaicanos de la delegación a un mundo diferente, pues venían de una sociedad en la que hacer cola, por ejemplo, en su tierra natal, era prácticamente inexistente o estaba llena de lagunas.
Desde los adivinos hasta las personas que se apresuran a proyectar restaurantes, pasando por las tiendas de recuerdos, los artistas de las aceras, los paseos en calesa y los coches clásicos de los años cuarenta, cincuenta y sesenta, todos están allí, dispuestos a atender a quien esté interesado, sin un acoso continuo.
Las limpias calles, muchas de ellas colocadas con ladrillos, algunos dicen que de cuando fue fundada por los españoles en 1519, han mantenido su sólida base. Y si no le importa el olor penetrante de algunas calles, la tentación está ahí para que camine horas y horas en busca de más vendimia.
El Gobierno, en control de una economía que ha logrado alrededor de un uno por ciento de crecimiento del producto interno bruto anual en los últimos tres años, debido principalmente a la novedosa pandemia del coronavirus, y a una secuela de cambios políticos instituidos por la Administración Trump en Estados Unidos, que revirtió varios acuerdos forjados por la Administración Obama, continúa impulsando mejoras estructurales, a pesar de los desafíos.
Se están construyendo, o renovando, hoteles, y uno, en particular, que albergaba el antiguo Ministerio de Finanzas en el corazón de La Habana Vieja, se está transformando en un gran complejo turístico, que atraerá a innumerables visitantes, han sugerido quienes viven en la zona.
"La gente que realmente no lo sabía suele sorprenderse o escandalizarse cuando viene aquí", dijo Amado Martínez, un joven que se describió a sí mismo como artista, aunque parecía estar promocionando productos artesanales terminados para otra persona. "La Habana Vieja es realmente el lugar donde hay que estar. Atendemos a toda la gente que viene aquí, ya sea a comer, a comprar ropa cubana, puros, licores o a llevarse recuerdos a sus países", dijo, mientras otros visitantes entraban en el popular restaurante de dos plantas La Bodeguita Del Medio, abierta en 1942, y lugar que el famoso escritor estadounidense Ernest Hemingway solía visitar para tomar sus mojitos de ron aromatizado con menta.
Es habitual que la música local, principalmente la salsa, sea ofrecida por grupos musicales, en ambientes formales o informales. Dar propina a los miembros de la banda es opcional, pero muchos lo hacen a menudo, incluso mientras se pasa una copa si se opta por cenar.
Uno de los restaurantes más destacados fue el Pizza Retro, situado en medio de un patio de vecinos que ofrece un telón de fondo de la vida cotidiana del centro de la ciudad cubana.
Tanto si se trata de pedir una pizza o un especial de marisco, las vistas de la gente limpiando los fregaderos de la cocina en una habitación contigua, viendo la televisión al otro lado del pasillo, enviando la comida hacia arriba desde una cuerda bajada hecha con sábanas, o la gente en ruta hacia las calles principales pasando por delante de los clientes que esperan ser atendidos con sus gatos o perros... todo formaba parte de la gran imagen.
Sin embargo, lo que habría despertado el apetito mucho antes fue la visión de un hombre conduciendo su moto y teniendo que lidiar con su pasajero que se quedaba dormido por el camino - uno de esos momentos humorísticos que se vinculan a lo que se puede esperar en La Habana Vieja.
