Periódico ZdA del PdA
La Habana/Washington. El anuncio de Donald Trump de cortar el acceso de Cuba al petróleo venezolano y al apoyo financiero es la continuación lógica de la política estadounidense hacia Cuba desde hace más de seis décadas. Presión económica, bloqueo, amenazas de desestabilización: nada de esto es nuevo. Lo único nuevo es la brutalidad con la que se está llevando a cabo esta política.
Trump exige un acuerdo sin especificar su contenido, dejando claro que el objetivo no es la negociación, sino la sumisión. Cuba debe ceder antes de que sea “demasiado tarde”: esto no es más que otro acto de chantaje político.
El hecho de que los buques de guerra estadounidenses sigan estacionados frente a la costa caribeña subraya el carácter de esta política. La fuerza militar no se utiliza (todavía), pero se mantiene permanentemente como amenaza. Las sanciones, la retirada del petróleo y el aislamiento económico tienen por objeto aumentar la presión política y social, sin una declaración formal de guerra.
Es notable cómo se habla ahora abiertamente de un posible cambio de régimen en Cuba. El apoyo público de Trump a las propuestas al respecto, incluida la idea de que un político estadounidense sea el futuro presidente de Cuba, demuestra un desprecio total por la soberanía cubana. El derecho internacional no tiene ninguna importancia. De hecho, se niega el derecho de Cuba a importar combustible de otros países. Las sanciones se aplican de forma extraterritorial, se criminalizan las relaciones comerciales y se utiliza la precariedad económica como medio de presión política.
Cuba no está bajo presión por su política actual, sino por su continua negativa a integrarse plenamente en el orden mundial capitalista. El bloqueo es un instrumento para disciplinarla. Por lo tanto, nuestra posición sigue siendo la misma: manos fuera de Cuba. Solidaridad con el pueblo cubano, su clase trabajadora y su derecho a la autodeterminación política y económica.
(Zeitung der Arbeit)
