Estimados colegas,
Estimados amigos de la Asociación de Amistad Austria-Cuba,
Un año más, nos congregamos frente al busto de José Martí en esta Plaza Latinoamericana. Hoy, al cumplirse el 173 aniversario de su natalicio, su legado no solo ilumina nuestra memoria, sino que ilumina con urgencia crítica nuestro presente.
El año pasado reflexionamos aquí sobre Martí como arquitecto de la unidad continental. Hoy, esa reflexión se torna en una alerta necesaria. Porque la esencia de su pensamiento latinoamericanista –aquel que forjó al recorrer nuestra geografía y al analizar con lupa implacable a la potencia del norte– resuena hoy no como una lección de historia, sino como un diagnóstico preciso de los peligros que acechan a Nuestra América.
Martí nos enseñó a distinguir. Vivió en Estados Unidos y desde allí lanzó la advertencia más lúcida: el mayor peligro para nuestra independencia no era la vieja Europa, sino “el desdén del vecino formidable que no la conoce”. Ese desdén, hoy, ha mutado en una agresión descarnada. Lo vemos en la agresión contra Venezuela. Lo escuchamos en las amenazas proferidas contra Cuba, que pretenden revivir el lenguaje de ultratumba de la Doctrina Monroe.
Esa doctrina, que Martí denunció como la ambición de convertir a América Latina en el “patio trasero” de una potencia, ha regresado con fuerza desde Washington. No es una reliquia del siglo XIX; es la hoja de ruta de la política exterior del imperio en pleno siglo XXI.
Frente a esta ofensiva, la respuesta martiana es la única posible: la unidad inquebrantable. No la unidad retórica, sino la alianza concreta, la “marcha unida” y el “cuadro apretado” que él preconizó.
Como dijo Martí: “una idea correcta desde una cueva en el fondo del océano es más poderosa que mil acorazados.”
Por eso, es la hora, como dijo, de poner los árboles en fila para que no pase el gigante de las siete leguas. Esa fila es la solidaridad activa, es la defensa colectiva de Cuba, es la voz unánime contra cualquier injerencia.
El pensamiento de José Martí nos ayuda confrontar esta crisis mundial. Sus ideas sobre la solidaridad abarcan desde el individuo hasta toda la humanidad. Según Martí, la base de la solidaridad humana se ubica en el individuo que respeta y quiere dar al otro individuo.
Se manifiesta en la ética martiana de que cualquier injusticia en cualquier parte del mundo sufre él mismo. Por eso, Martí concluyó que “El patriotismo no es más que amor” y “Patria es humanidad”.
En este día del natalicio del Apóstol, renovemos el compromiso con la solidaridad internacional y
con nuestra convicción de que el destino de todos los pueblos de este planeta, depende de las acciones que cada uno de nosotros tome en estos momentos.
Muchas gracias.
