Fidel en todas partes.
No hacen falta monumentos para Fidel. Está en todas las esquinas, y en todas las calles, y en la gente, en sus dolores y alegrías, en lo mejor de nosotros, en la crítica contra los desaciertos, y en lo que nos enorgullece y nos sostiene. El que debía vivir, vive.
En El oficio de la palabra hablada, una estremecedora crónica escrita en 1987, Gabriel García Márquez describe magistralmente a un Fidel visto desde la admiración y lo íntimo de la amistad.




