Faro y vigía
- Como frente a la certeza de tu partida cualquier idea se me antoja peregrina y tal vez estéril, lo único conveniente y a tu altura es aferrarnos a tu eterna sapiencia procurando no dejar morir tu apostolado
Por: Mario Cremata
¿Qué puedo decirte, Leal amigo, que no supieras ya? ¿Acaso que extrañaremos tu palabra encendida, esa fuerza volcánica capaz de desplazar montañas y torcer el curso de las aguas, o tu carácter preclaro y hasta los chispazos fecundos de amador sin reposo?


