Marcados en el orgullo de Cuba
Ignacio ama a una mujer. Nada hay en él de extraordinario. Disfruta la poesía. Quiere a sus amigos con fidelidad. Es militar y le apasiona su carrera.
Ahora ella, su Amalia, está a miles de kilómetros, con el hijo que crece despacio en el vientre. No hay tiempo para leer, y él es solo un soldado que pone todos los sentidos en el combate, y en preservar su vida, y la de los amigos que también están allí.









