El 26 de julio y la vigencia de la rebeldía nuestroamericana
Este aniversario 73 del heroico asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes nos muestra a una Cuba atravesando el peor escenario de agresiones que podíamos imaginar.
La agresividad criminal del imperio se ha recrudecido en contra de la Isla hasta el punto de ya no esconder los propósitos establecidos desde 1960 en el memorándum de Lester D. Mallory, sino de esgrimirlo ante los ojos de una displicente comunidad internacional como si se tratara de medidas "normales". El cinismo de los poderosos se ha venido imponiendo. Por otro lado, la situación de desgaste y derrota estratégica que sufre el imperio, junto a su engendro sionista, en el Golfo Pérsico, le provoca tal desesperación que lo hace volcar sus ojos hacia lo que ha considerado, desde su infame aparición, su patio trasero, e implementar un nuevo Plan Cóndor y la puesta en vigencia de la antigua e infame Doctrina Monroe. Con ello ha logrado revertir los avances de las fuerzas progresistas en América Latina que se habían dado en décadas anteriores.
Nuestramérica, plagada hoy de gobiernos presididos por élites entreguistas y lacayas que diligentemente han firmado su pertenencia al Escudo de las Américas que impulsa Donald Trump, y que han comenzado a realizar acciones (cumplir órdenes del Departamento de Estado), "valida", según el imperio, cualquier barbarie a la que quiera someter a quienes no se alinean con sus intereses.
Vivimos ahora bajo el absurdo de permitirse secuestrar a un presidente legítimo por "narco" sin una sola prueba, pero indultar a otro condenado con contundentes pruebas en los mismos EE. UU. por trasladar toneladas de drogas hacia ese país del norte, y de nombrar a auténticos traficantes y defensores de narcos como presidentes vasallos. La diplomacia y la justicia del absurdo.
Mientras EE. UU. se prepara para interferir de todas las formas posibles en todos los procesos que le puedan ser adversos, hasta llegar a la modalidad de invasión militar, los gobiernos lacayos cierran el cerco diplomático y se aprestan a prestar sus territorios como bases para que el imperio pueda "bañarnos de democracia" con sus cañoneras y lanzamisiles.
Si los pueblos no despiertan, sus naciones serán saqueadas y llevadas a niveles de pobreza nunca vistos para que el imperio mantenga su estado de bienestar. No esperemos a que sea demasiado tarde.
Como dijeran nuestros máximos dirigentes, el Comandante Daniel Ortega y la Compañera Rosario Murillo, en 2019, en su saludo al aniversario del 26 de julio: "Para el pueblo de la Isla, el 26 de julio es el Día de la Rebeldía Nacional Cubana, pero por la proyección de esta revolución, bien puede y debe llamarse Día de la Rebeldía Nuestroamericana. Porque la Revolución Cubana, desde su triunfo, se convirtió en el catalizador que en América Latina sirvió para poner a un lado a quienes querían un verdadero cambio en beneficio del pueblo y los que simplemente deseaban un acomodo con los poderes fácticos del imperio estadounidense y la dependencia neocolonial".
Es por eso que el llamado a permanecer alertas, "con un pie en el estribo", como acostumbra decir el General de Ejército Raúl Castro, debe ser permanente. A no dejar sin responder cada provocación imperial. Debemos convencernos, comprender diáfanamente, que la unidad de los pueblos latinoamericanos es imprescindible para librar las batallas que se avecinan.
¡Cuba no está sola!
¡Cuba y Nicaragua unidas vencerán! Nuestramérica unida jamás será vencida.
¡Vivan los héroes y heroínas del 26 de julio!
