Aplastante victoria del justo reclamo de Cuba

El principal —o mejor dicho el peor ejemplo— de esa política anclada en los años de la Guerra Fría es la propia coincidencia de que, mientras en la ONU el mundo decía NO a Estados Unidos en sus sanciones contra la Isla de la dignidad, en Miami —dónde si no— se proponía pronunciar un discurso anticubano el ultraconservador John Bolton, el mismo que hasta acusó a Cuba de poseer armas biológicas y que ahora el presidente Donald Trump ha nombrado como su asesor de seguridad nacional.

“Mañana hablaré sobre la política en Latinoamérica del presidente Trump en la Torre de la Libertad en Miami (Florida). No se me ocurre un escenario más adecuado”, escribió Bolton en su cuenta oficial de Twitter.

Junto a él en esa estrategia, el senador Marco Rubio, ya con unos cuantos millones en sus bolsillos, y que en junio pasado impulsó y aplaudió con marcado acento genocida, que la actual administración fortaleciera el bloqueo y se establecieran nuevas prohibiciones para viajes de estadounidenses a Cuba.

Este personaje, que ha dicho públicamente que la política norteamericana tiene que “ir aún más lejos respecto a Cuba”, de seguro ni ha prestado atención alguna —si es que lo ha oído o vio por televisión—, al debate en la ONU y los argumentos de la comunidad internacional toda, exigiendo el fin del bloqueo.

Rubio y el congresista Mario Díaz-Balart enviaron este miércoles sendas cartas al presidente Trump y a la embajadora de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, para pedir que la actual administración aumente las presiones contra Cuba, justo cuando la Asamblea General de la ONU debate una resolución de condena contra el bloqueo.

A pesar de todas las maniobras de última hora en las que estuvieron involucrados el Departamento de Estado y otras instancias del gobierno estadounidense, el voto de este jueves fue un Si por Cuba, que estremeció el amplio recinto donde se dan cita muchas personas dignas que representan a gobiernos que no comparten la política genocida de bloqueo contra la Isla.

Las mediáticas mentiras que con el nombre de “enmiendas” el Departamento de Estado llevó al plenario, no pasaron de ridículas fórmulas con las que pretendían cambiar el sentido de la Resolución presentada por Cuba, y —muy importante— justificar la continuidad y endurecimiento del bloqueo. 
Pero, de igual forma, la comunidad internacional allí representada, no se prestó a la patraña imperial y obvió hacerse eco de semejante fábula de mal gusto. Todas las enmiendas recibieron un mayoritario NO.

La derrota —una más— resulta aplastante. Casi imposible de comprender cómo los funcionarios estadounidenses permiten ser sometidos a semejante prueba. O es que les resulta tan difícil tener dignidad.

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