El Partido con las armas de la cultura y la ética.

 

Granma, 2 de junio de 2021.  No son las armas de fuego las que deciden la perdurabilidad de una revolución, es su alcance espiritual el que la sostendrá para las futuras generaciones. Siglos de injusticias fueron barridos cuando la toma de Santa Clara espantó al tirano, que por años había avasallado, no solo la Constitución, sino la dignidad de todo un país. Y mientras los ejércitos –el Libertador primero, y el Rebelde después– intentaban el sueño, escamoteado una y otra vez, desde las formas más radicales en la geografía bélica, un buen número de intelectuales, artistas y escritores se sumaban a la gran odisea redentora desde los no menos peligrosos escenarios espirituales.

La tradición heroica de la Isla se agiganta en la misma medida en que su historia nos deja ver, con nuevas luces, la epopeya de los fundadores de la nación, aquella epopeya que forzó el destierro de muchos de los combatientes líricos de los siglos XIX y XX, que en la misma medida en que enriquecieron el acervo literario de la lengua española, encendieron igualmente, con sus cantos patrióticos, el ánimo libertario de los buenos cubanos. La ilusión de una cultura arraigada a los anhelos unánimes de un país libre para la creación y el disfrute de todo el arte se resume muy bien en Palabras a los intelectuales, reunión donde se trazó el derrotero de cómo liberar el espíritu creativo de una nación abierta al mundo desde la solidaridad y la justicia, para que la exonerara definitivamente de la dependencia y de la esclavitud moderna.

Sigue siendo ese mismo rumbo, diseñado el 30 de junio de 1961, el que se defendió en el 8vo. Congreso del PCC mientras sus delegados convocaban a las instituciones de la Cultura, a las asociaciones que afilian a sus artistas y escritores al diálogo nacional, abierto, verdadero, sin tapujos, sin miedo a escuchar todo lo que debe ser reordenado; un diálogo en el cual la ética y la decencia sean las únicas condiciones para el debate. La Cultura seguirá siendo la garante de los principios que defendemos ante la arremetida bestial de los adversarios, vendidos a la opinión mundial por los traficantes de la información en las redes sociales como los intelectuales «legítimos» de Cuba.

Desmontemos cada una de sus calumnias y abrámonos al mundo con la misma fortaleza moral de los genuinos cubanos –que viven dentro y fuera de la Isla–, como lo hizo Martí desde las entrañas del monstruo, hace ya 140 años.

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