Escrito del intelectual y amigo ecuatoriano Voltaire Medina Orellana a propósito del 96 cumpleaños de Fidel

FIDEL, en la vida de América                                         

                                                   

Desde hace 69 años el nombre del joven estudiante universitario cubano, Fidel Castro, es parte esencial en la vida de América.

Dirigió el asalto al cuartel Moncada con el propósito de derrocar a la dictadura de Fulgencio Batista, que junto a Trujillo y a Somoza, encabezaban las sangrientas tiranías de América Central y El Caribe. El revés inicial se convirtió luego en victoria, después de los combates por la libertad al propiciar desde la Sierra Maestra el triunfo de la Revolución Cubana.

Desde ese instante Fidel Castro, fue guía moral de todos los proyectos de transformación política emprendidos en América y el mundo por un puñado de revolucionarios. Muchos cayeron en combate, Algunos se irguieron victoriosos. Miles siguieron contemplando optimistas la conducción de Fidel y de Cuba.

Fidel declaró el carácter socialista de la Revolución el mismo momento que infringía al imperialismo la primera derrota militar en el Continente, allá en Playa Girón. La consigna de Patria o Muerte, tomaba cuerpo. Fueron los instantes de afianzar el rumbo de la Revolución Cubana que se ha encargado de transformar profundamente la Mayor de las Antillas y ha construido una nueva sociedad donde hombres, mujeres, niños, jóvenes y ancianos tienen presente y futuro.

Cuba fue declarada territorio libre de analfabetismo después de una ardiente campaña emprendida y realizada por la juventud cubana, para configurar un hecho sin precedentes en los territorios latinoamericanos. La educación, después de haber sido la cenicienta de la gestión gubernamental del pasado, con Fidel pasó a ser la vanguardia de las acciones futuras, en medio de accesos libres para todos y en todos los niveles.

En salud y en la ciencia, propiamente dicha, Fidel escogió los caminos que conducen a la protección y salvación de la humanidad. Ningún Jefe de Estado, en el mundo, pensó, programó, estableció y realizó una labor científica desplegando una preocupación personal que no tiene parangón. Las Misiones Médicas Henry Reeve y las vacunas anticovid, meningocóccica y para la hepatitis B, así como la Operación Milagro, el interferón y el heberprot, para citar una mínima parte, son una demostración de cuánto hizo tan insigne cubano por la vida de los seres humanos.

No hubo catástrofe destruyendo a los pueblos de Hispanoamérica que no haya merecido el gesto solidario fidelista. Las consecuencias de terremotos, huracanes, inundaciones, erupciones volcánicas y otros flagelos exigieron la ayuda de la mano cubana, casi como una obligación natural. Los asuntos políticos-ideológicos no atravesaron la generosidad de esta gran figura americana.

Para complementar aquel propósito Cuba, a iniciativa de Fidel, creó la Facultad Latinoamericana de Ciencias Médicas que ha repartido en todo el planeta miles de profesionales de la medicina que insertados en sus respetivas realidades luchan por la vida contra todas las enfermedades. Esa solidaridad cubana es inmedible en resultados y consecuencias.  

Y qué decir de la solidaridad con los pueblos de todos los continentes. Empezó con Argelia, continuó con Vietnam y Angola, y está en el corazón de pueblos africanos y asiáticos, por su internacionalismo que demandó algunas vidas de cubanas y cubanos.  La inmensidad humanista del revolucionario Fidel Castro no tiene par en el universo.

El imperialismo ha pretendido destruir a la Revolución Cubana. El bloqueo criminal y genocida de Estados Unidos a Cuba, es el esperpento del odio capitalista. Se han utilizado todas las fórmulas y jamás ha habido rendición. Fidel se ha levantado como el político y el estadista, valiente e invicto, divisado en los días difíciles de la crisis de los misiles y en los momentos de infinidad de agresiones de todo tipo, hasta biológicas.

Y esa persecución destructora ha rodeado en seis centenas de veces la vida de Fidel Castro, con pretensiones de magnicidio. Ha habido suficiente valor para proteger su existencia y América toda celebró en su momento la continuación del vivir airoso del triunfador americano de todas las batallas.

América puede sentir el orgullo de ser el continente de Fidel Castro. Su ejemplo es la magnífica herencia que nos ha dejado el heroísmo sublime.

A 96 años de su natalicio hay que volver por su memoria para sentir la radiante luz de su gloria. 

Embacuba Ecuador

 

           

 

 

  

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