Expedición del Yate Granma (Parte II)

*MSc. Martha Eugenia López Villeda, mexicana, incorporada al proceso revolucionario cubano desde 1955, ha escrito varios libros.

En la provincia más oriental de Cuba, a mil kilómetros de la capital, dos cuarteles de la tiranía –el Moncada y Carlos Manuel de Céspedes-  fueron atacados por un grupo de jóvenes civiles armados, encabezados por Fidel Castro. Era la madrugada del 26 de julio de 1953. La acción no permitió tomar los cuarteles, pero marcó el arranque de la última etapa de liberación de la lucha independentista del pueblo cubano.

La crisis política, económica y social que atravesaba el país, se había agudizado en los dos últimos gobiernos del Partido Auténtico, (1944-1952). Ya se preparaban las próximas elecciones para Presidente de la República, el Partido Ortodoxo contaba con su candidato: Eduardo Chibás, quien tenía una fuerte presencia y posibilidades de salir electo, pero unos planteamientos que efectuó públicamente, fueron utilizados por la oposición en su contra.

El senador Fulgencio Batista, aspiraba a la presidencia, mas sabía que no tenía posibilidades de ganar las elecciones con el Partido Ortodoxo como contrincante, aun sin la presencia de Chibas. Por eso, antes de las elecciones, y junto a fuerzas militares reaccionarias, Batista dio un golpe de estado el 10 de marzo de 1952 y derrocó al Gobierno de Carlos Prío Socarras. Su ambición de poder y enriquecimiento, era su verdadero objetivo. De inmediato derogó la Ley Constitucional, disolvió el Senado y la Cámara de Representantes, y este fue el inicio de un régimen represivo sangriento.

Fidel, con 26 años, sabía que la situación del país no quedaría resuelta con cambio de hombres, sino con cambio de sistema de gobierno. Así ha quedado expresado en el libro “Fidel Castro, Guerrillero del tiempo”. Poseía las vivencias  del ámbito donde había crecido, estudiado y su participación en las luchas estudiantiles, era miembro del Partido Ortodoxo, además había intervenido en la acción contra el Dictador dominicano Leónidas Trujillo. Tenía conocimientos de marxismo por bibliografía estudiada y los aplicaba a las condiciones de Cuba.

Su militancia en el Partido Ortodoxo la veía como una vía para desde ahí, buscar caminos para el cambio. Consideraba que el Partido Ortodoxo organizaría el enfrentamiento a la dictadura, tenía poder y recursos económicos, pero al cumplirse un año de la muerte de Chibas y transcurrir cinco meses del golpe de Estado, apreció que no había nada en concreto. Además, la organización revolucionaria de jóvenes de la Universidad, sufrió un golpe al ser apresado el profesor que la dirigía, por falta de discreción.

Fidel planteó que había llegado el momento de elaborar su propio plan. Una estrategia revolucionaria con la amplia participación del pueblo para conquistar el poder. “Era la ocasión de desarrollar las ideas que concebimos –desde el punto de vista político, como programa político-social- antes del 10 de marzo de 1952”. (1)

Pero era necesaria una acción detonante para esa participación popular. Además, había que hacerlo no solo sin el ejército, sino contra el ejército.

“Nosotros de absoluto acuerdo con los demás compañeros de la dirección, concebimos el plan de la toma del cuartel de Santiago de Cuba. Siempre con la idea de empezar por allá, y con la alternativa de ocupar todas las armas y, si no podíamos derrocar a Batista, marchar a la Sierra Maestra con 1550 o 2000 hombres armados” (2)

“Yo tenía más o menos clasificados los 1200 hombres, los distintos cuadros: no había un solo papel donde se pueda encontrar un dato sobre el Moncada, porque era en la mente donde guardábamos la información; los grupos las células.” (3)

El entrenamiento de tiro se resolvió a través de los Clubs de tiro existentes y el campo de entrenamiento de la Universidad, para arme y desarme, sin que se percataran a donde pertenecían esos jóvenes.

Los recursos económicos los adquirieron con algunas donaciones, pero fundamentalmente a través del trabajo y de la venta de propiedades como autos. Las armas una parte las compraron y otras las quedaron a deber.

El plan de ataque había sido minuciosamente planificado, pero hechos casuales en su aplicación condujeron al fracaso. Perdieron la vida en el enfrentamiento, cinco personas y 113 quedaron apresados. De ellos, 56 fueron asesinados, y algunos de forma cruel. El total de bajas se elevó a 61.

Fidel Y después, llegó el juicio. Los detenidos, decían uno a uno cuando eran llamados a declarar. “si vinimos al Moncada a luchar por la libertad de Cuba” (4). Luego, fue el turno de Fidel. Un juicio donde él fue su propio abogado, y expuso para sorpresa de quienes lo juzgaban, que el autor intelectual del ataque era José Martí. También, aclaró la no participación de partidos o políticos. Explicó la oprobiosa situación, política, económica y social del país, y el resultado fue que los acusadores salieron, claramente, acusados. Fidel habló sobre el programa del Moncada; las leyes, las acciones a realizar tenían un fundamento martiano y marxista-leninista. Fidel terminó su alegato diciendo “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Los 22 meses presos en Isla de Pinos, fueron fructíferos para los asaltantes: organizaron una biblioteca, una escuela de capacitación política y pensaron en planes futuros.

Ya los atacantes contaban con una marcha, que se denominó “26 de julio”, y se convirtió en un himno hasta la actualidad.

Los ataques conmovieron al país, por tanto, aunque la acción fracasó, logró su principal objetivo: detonar el inicio de la nueva etapa de la lucha revolucionaria en Cuba.

Llevaba cerca de un año la preparación de la expedición, cuando son detenidos Fidel y otros 22 revolucionarios, el 20 de junio de 1956. Raúl Castro, que no había sido apresado, encabezó las gestiones para la liberación junto a otros compañeros de la dirección del M-26-7. La situación era peligrosa al manipularse la deportación de los detenidos. La vida de Fidel peligraba.

El propio Comandante en Jefe refería que sí existía tal preocupación, “cualquier cosa podía ocurrir; por eso fue decisivo el hecho de que se pidiera ayuda a (Gral.) Lázaro Cárdenas para que intercediera por nosotros. Él tenía mucho prestigio y mucha autoridad (…) Al final fuimos puestos en libertad provisional la tarde del  24 de julio; teníamos el derecho a estar en la calle”.

En medio de la lucha por la liberación de los detenidos se dispuso la salida de la capital mexicana de un grupo de integrantes del Movimiento hacia el Estado de Veracruz para evadir la posible detención y continuar su entrenamiento, el que se aceleraría ante las condiciones que se presentaban. A pesar de las medidas tomadas, meses después fueron ocupadas las armas por las autoridades mexicanas. Debido a delaciones, el Movimiento perdió otro grupo de armas y los detenidos no pudieron participar en la expedición.

“Habíamos prometido que en el año 1956, seríamos libres o seríamos mártires, tal era el gran problema, y al ser detenidos, el 20 de junio de aquel año, cumplir dicho plazo parecía una quimera… ¡cinco meses me quedaban! Para aquella fecha habíamos perdido una parte de las armas, muchas casas –varias de seguridad-, los campos de tiro donde ir, todo lo que teníamos; ya éramos conocidos, estábamos chequeados por la policía. La situación era muy complicada”, refiere Fidel, y continúa: “En el escaso tiempo restante teníamos que concluir los preparativos y recuperar una parte de las armas, aunque realmente salvamos como el 70%. Teníamos que completar el número de hombres, el entrenamiento, conseguir el barco, preparar el punto de partida, hacerlo todo y bajo la vigilancia de la policía (…) No obstante yo estaba decidido a regresar en 1956. Era lo que sentía, únicamente preso o muerto dejaba de cumplir mi palabra,(…) Así, buscando y buscando el barco, y el sitio de donde partir, dio la casualidad que encontramos el yate Granma en Tuxpan”.

Fidel buscó al Cuate, el mexicano que le vendía las armas, para que hiciera la compra entregando 10 000 dólares y con el resto se firmó una hipoteca que después del triunfo de la Revolución se pagó. Fue necesario repararlo, pero por el corto tiempo no tuvo buena terminación. Se probó su funcionamiento en el río calmado y sin carga; en la travesía aparecieron fuertes contratiempos, se presentó mal tiempo y llevaba sobrecarga excesiva.

“…algunos de nuestros hombres tuvieron que quedarse por el escaso espacio en el barco. Seleccionamos primero a los compañeros de mayor experiencia, a los de más conocimientos, y al final, entre todos los buenos que restaban, a quienes tenían menos peso…La verdad es que sobrecargamos el yate desmesuradamente, un barquito para 10 o 12 personas trasladó 82 hombres”.

A la salida, por el río, tuvieron que bordear una patana que una empresa colocó el día anterior, evitar que los vieran dos soldados de guardia en el espigón, que la hélice del yate no se enredara en el cable que existía de un transbordador. Todos esos peligros los lograron pasar bien.

“Recuerdo que consulté el reloj, pasada ya la medianoche todo estaba listo. Subí a bordo y di la orden se zarpar (…) ¡qué alegría inmensa sentí! ¿Imaginas cuánto tiempo había soñado, trabajado y luchado para conseguir emprender la travesía rumbo a Cuba? (…) Lo primero que hicimos cuando salimos mar afuera fue cantar el Himno Nacional, con una alegría que pocas veces en la vida experimenté… porque en ese momento avanzábamos rumbo a Cuba”.

“Al pasar de los días, ya el último, en la madrugada vivimos el momento dramático en que Roque cayó al mar (uno de los expedicionarios). Cuando ya desistían de continuar buscándolo, di la orden de persistir (…) en el intento final conseguimos rescatarlo”.

“Finalmente, regresamos 82 hombres con una sola arma automática, después nos quedamos con mucho menos, porque éramos un grupito chiquitico. Esto demuestra que nuestras ideas eran correctas, porque si usted supone que va a iniciar una lucha armada guerrillera con 300 hombres y 300 armas automáticas, y la comienza con 82 hombres y una arma automática, y después solo reúne siete armas otra vez, puede llevar a cabo la lucha y obtener la victoria, entonces, nuestras ideas eran muy correctas (…)”

Fidel dice: “Como se conoce, desembarcamos el 2 de diciembre. Así vivimos aquella aventura del siglo, como la llamó el Ché”.

Tomado de Cubadebate

 

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