Señor Presidente:
Cuba tiene una posición de principio contraria a las resoluciones, mandatos y mecanismos punitivos que no cuentan con el consentimiento de los Estados concernidos, como ocurre en el caso de la República Popular Democrática de Corea (RPDC).
Los principios consagrados en la Carta de la ONU, incluyendo el respeto a la soberanía y la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, deben ser respetados en toda circunstancia.
Sobran las evidencias de que los mecanismos injerencistas son ineficaces y en nada contribuyen al avance de los derechos humanos. Solo son efectivos drenando cuantiosos recursos de este órgano, sin producir resultados concretos.
No podría ser de otra manera, porque tales mecanismos cierran la puerta al diálogo respetuoso y a la cooperación genuina, basados en la imparcialidad y objetividad, que han demostrado ser la única manera efectiva de promover los derechos humanos.
Es hora de que el Consejo deje a un lado las obsoletas prácticas punitivas y parcializadas contra países del Sur.
El pasado año la RPDC participó de manera constructiva en su Examen Periódico Universal (EPU), demostrando su voluntad política de abordar sus retos nacionales en materia de derechos humanos, cooperando con los mecanismos de aplicación universal.
El Consejo debería apoyar a la RPDC en la implementación de las 132 recomendaciones aceptadas por ese país en el EPU, en lugar de continuar privilegiando la confrontación y el antagonismo.
Cuba rechaza y llama a eliminar las medidas coercitivas unilaterales contra la RPDC, que violan los derechos de su pueblo y obstaculizan su derecho al desarrollo.
Muchas gracias.
