Intervención del eurodiputado Massimiliano Smeriglio, en el intercambio con profesionales cubanas de la salud.

Querida embajadora,

doctora, licenciada,

Javier, compañeras y compañeros.

Qué alegría estar aquí y compartir estos momentos.

A principios de la primavera de 2020, una misión médica Cubana voló por primera vez a un país occidental, asustado e indefenso ante un virus. Mi país.

Un gesto por el que estaré y estaremos eternamente agradecidos.

Pero fue sólo el último acto de un internacionalismo sanitario que Cuba ejerce desde hace sesenta años en el mundo y que cuenta actualmente con más de 30 mil operadores (médicos, enfermeros, técnicos) en 67 países.

Desde 1960, el internacionalismo médico cubano ha sido una estrategia nacional de la revolución: la solidaridad Sur-Sur, incluso en el ámbito de la salud, comenzó con el terremoto que devastó Valdivia en Chile. Pero continuó en Argelia primero, y luego a lo largo de las décadas, en los países más pobres de África y América Latina, inmersos en la transición poscolonial. En países sin sistemas sanitarios, o en respuesta a tragedias y emergencias: Chernóbil, Haití, Guatemala, Honduras, Kashmir, Java, la Ébola y ahora la Covid.

La Brigada Especializada Henry Reeve nació precisamente para las emergencias. Creada en septiembre de 2005, incluye al personal enviado a Crema. Nilda y Mirabel, que están hoy aquí con nosotros, también forman parte de ella.

Por no hablar de la Escuela Latinoamericana de Medicina (Elam), que entrena a jóvenes -decenas de miles hasta ahora- de los tres continentes del Sur global, con la condición de que vuelvan a curar allí.

La revista científica estadounidense Journal of Public Health mostró en un reciente artículo cómo el sistema sanitario cubano respondió de forma más coordinada y eficaz en la lucha contra la pandemia que el de Estados Unidos. Y mientras tanto, Cuba ha desarrollado sus propias vacunas con su excelencia biotecnológica, que exporta allí donde las potencias occidentales, empeñadas en acumular, no llegan.

A pesar del aislamiento y del bloqueo.

"El mejor modo de decir, es hacer", sugirió José Martí. Y os doy las gracias por todo lo que habéis hecho y por lo que hacéis. Por vuestra solidaridad y fraternidad, por vuestra forma de sentir la injusticia y vuestra capacidad de no permanecer indiferentes ante ella.

Gracias a todas y a todos.

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