La expectativa en la mesa de un diálogo posible

VENEZUELA

La instalación este lunes de una mesa de diálogo entre gobierno y oposición, es para el clima político de Venezuela como un rayo de sol que separa de pronto las nubes tormentosas.

CARACAS.—La instalación este lunes de una mesa de diálogo entre gobierno y oposición, es para el clima político de Venezuela como un rayo de sol que separa de pronto las nubes tormentosas; pero deja suspendida en el aire la expectativa por lo que vendrá después: ¿la calma o el chaparrón?

Que la conversación sea la única vía resolutiva para el conflicto no es la duda. Esa es una certidumbre tan añeja como el tiempo de vida que ya tiene la Revolución Boli­variana, enfrentada desde sus inicios a las férreas zancadillas del individualismo oligárquico contra el proyecto social colectivo de Hugo Chávez.

Ni siquiera la afirmación del presidente Nicolás Maduro de que el diálogo no tiene alternativas es inédita. Es la confirmación de una actitud dictada por la sensatez y la vocación de paz, que ha persistido aun cuando la confrontación ha sido cruenta y las conquistas a favor de los humildes han debido defenderse en el contexto de un zafarrancho de combate.

La desconfianza está en las posturas contrarias, en el atrincheramiento agresivo y la amenaza violenta del sector más radical de los que adversan al gobierno nacional. ¿Cuán­ta honestidad habrá en los recientes esfuerzos para el concilio? ¿Cuánta comunidad de intereses entre sus varios partidos representará realmente la denominada Me­sa de la Unidad Democrática (MUD)? ¿Qué escenario predominará como telón de fondo en las calles?

En principio, lograr sentarse a la misma mesa es un paso grande. Todo esfuerzo por la paz tiene un mérito alto, y vale más si se logra en el justo momento en que la tensión tiene a tope los termómetros.

Tras seis horas de una exploración que se alargó hasta la madrugada del lunes, hubo por fin un acuerdo alentador. Cuatro mesas de trabajo, presididas cada una por un mediador internacional, diversificarán los debates en ocho asuntos claves para el entendimiento político y la redirección económica.

La primera analizará la paz, el respeto al Estado de Derecho y la soberanía nacional.

Dado el clima actual de tensión, es la más amplia y urgente agenda de tópicos entre las cuatro comisiones; pues solo esta, que será conducida por el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, englobará la mitad de los puntos fijados para la negociación; empezando por la necesidad de comprometer a las partes con «el mantenimiento de la paz y el entendimiento entre los venezolanos», y que en las primeras horas del lunes dio una señal de concordia posible, cuando tanto el gobierno como la oposición expresaron disposición a reducir el lenguaje agresivo notable en los debates políticos.

Luego, el respeto al Estado de Derecho vincula un par de asuntos que orbitan en torno a la Asamblea Nacional de mayoría opositora, hoy en conflicto con el resto de los poderes públicos.

En tal sentido, se acordó revisar el funcionamiento y autonomía de cada uno de estos poderes y la salvaguarda de sus respectivas competencias constitucionales; a la vez que de manera puntual, analizarán el caso de los diputados por el estado Amazonas, juramentados como parlamentarios en desacato a una orden restrictiva del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) por presunto fraude electoral, y que es la causa primaria de la nulidad que pesa sobre el Poder Legislativo.

Por último, sobre el tapete de esta mesa estará la soberanía nacional como único marco para una discusión legítima, atendiendo a la injerencia de varios gobiernos de derecha y organizaciones internacionales que en provecho de la situación interna venezolana satanizan al chavismo en el poder; en mu­chos casos alentados por el proselitismo antipatriótico y los lobbies que propios funcionarios públicos de la oposición han realizado en el extranjero, en procura incluso de una intervención abierta contra el país.

La segunda mesa de trabajo prevista en el acuerdo negociador está definida bajo el horizonte de Verdad, Justicia, Derechos Hu­manos, Reparación de Víctimas y Recon­ciliación.

Véanse los temas y se advertirá el alto grado de subjetividad al que están ligados, cuyas percepciones dependen siempre de las construcciones que sobre ellos diseñen los medios de comunicación, los discursos políticos y cualquier vocero empeñado en tipificarlos a conveniencia; por lo cual no parece nada casual y sí muy atinada la propuesta de que esta mesa sea coordinada por la representación del Vaticano.

La comisión designada aquí dilucidará con énfasis la situación de las personas privadas de libertad, entre los que la MUD defenderá con fuerza a los que llama presos políticos, y que engloba a líderes opositores condenados por incitación y comisión de actos violentos, delitos comprobados de corrupción y otras causas.

Por cierto, a la mención de «presos políticos» genera incertidumbre el modo en que abordarían el caso de Leopoldo López, el más publicitado dirigente opositor recluido, autor intelectual y ejecutor protagonista del plan violento llamado La Salida, que en el 2014 desencadenó las famosas guarimbas que provocaron la muerte de 43 venezolanos y lesiones a otros tantos.

El problema es que este personaje levanta las banderas del partido Voluntad Popular, considerado el más radical y propenso a la violencia dentro de la MUD; el mismo que en apego a su expediente, decidió no participar en el proceso de diálogo «porque las condiciones no están creadas».

Por el contrario, sus voceros más recalcitrantes afirmaron que mantendrán su empuje de calle sin variación del guion, incluida la realización de una marcha que el 3 de noviembre pretenderán hacer llegar al palacio presidencial de Miraflores, para «informar» a Nicolás Maduro su destitución del cargo. ¡Vaya pretensión! ¿Habrá dudas de los atajos que busca este partido?

Una tercera mesa centrará los debates en el acápite que más preocupa a los venezolanos sin distinción de militancia: la economía y lo social.

Bajo la moderación del expresidente do­minicano Leonel Fernández, la comisión intentará esbozar un «compromiso para me­jorar las condiciones de abastecimiento de alimentos y medicinas» y «explorar alternativas que conlleven la acción conjunta de los órganos del Estado para atender los temas económicos más urgentes».

Es sin duda la urgencia en la mayoría del país, y a juzgar por la cotidianidad, el efecto más inmediato que esperan de un proceso conciliador; pues la alteración de la paz y los intentos de desestabilización han tenido un caldo de cultivo importante en la situación de zozobra creada en Venezuela de modo artificial, y usada convenientemente para inculpar por toda la dimensión de la crisis al Gobierno bolivariano, muy en particular a Maduro.

Es incluso la matriz movilizadora que la oposición ha empleado para promover la iniciativa de un referendo revocatorio presidencial, cuya factibilidad o no también será objeto de análisis de una cuarta mesa que, con los auspicios del expresidente panameño Martín Torrijos, valorará la generación de un clima de confianza, así como el cronograma y la institucionalidad electoral, acorde con las pautas previstas por la Constitución.

Con las noticias nuevas, en definitiva, se perfila al menos un camino distinto a la tirantez política frontal expresada en las manifestaciones de calle, los discursos militantes y esa percepción constante de una tensión in crescendo rumbo a la quiebra de la tolerancia.

Aunque muchos ya lo consideran un triunfo político del gobierno chavista, promotor persistente de la conversación, hay quienes prefieren ver al diálogo definirse por sí solo, como forma exclusiva de llegar a la concordia; más que por voluntad de las partes contendientes, como consecuencia natural del sentido de nación, de sociedad urgida de remediar su propia fragmentación.

Por lo pronto, las cifras de la polaridad política no coinciden con la manifestación de buenos deseos para la consumación del diálogo, al cual apuestan de un modo esperanzador —según Hinterlaces, la prestigiosa agencia nacional investigadora de opinión pública— un 85 % de los venezolanos.

 

«Venimos a escuchar y ojalá a ser escuchados», dijo Maduro en la instalación. Buena premisa. Escucharse es siempre el mejor primer paso (Granma).

 

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