Sobre las campañas contra Cuba y el cinismo de EEUU

Sobre las campañas contra Cuba y el cinismo de EEUU

No se puede separar la historia de Cuba de las ambiciones de dominación sobre la isla por parte de su poderoso vecino del norte, los Estados Unidos de América.
El conflicto histórico entre EE.UU. y Cuba desde hace más de 200 años se basa en:
- la pretensión de los diferentes gobiernos estadounidenses de controlar el destino de Cuba y ,
- la permanente determinación de los cubanos de defender su derecho a la Independencia y la Soberanía.
Tan temprano como el 28 de abril de 1823, el entonces secretario de Estado norteamericano John Quincy Adams, delineó hacia Cuba la denominada “ley de gravitación” o más conocida como la teoría de la “fruta madura”. En su enfoque comparaba a la Isla con una fruta que sería inevitablemente anexada a Estados Unidos, una vez desgajada por su madurez del tronco colonial español.
En 1898, cuando los mambises estaban prácticamente ganando la guerra los EEUU entran en la misma y ocupan militarmente la isla hasta la llamada Independencia en 1902, dando paso a la llamada republica mediatizada de 1902-1959, en que EEUU dominó completamente Cuba.
El triunfo revolucionario, representó para los EEUU la pérdida de su dominación sobre la isla y comenzó la política de hostilidad contra la naciente revolución.
A lo largo de la revolución, Cuba tuvo que cambiar su matriz económica en dos ocasiones:
• Al principio de la revolución por la ruptura con EEUU y los efectos del bloqueo
• En los años 90 ante la caída de la URSS y el campo socialista, que se habían convertido en el principal mercado de la isla.
El 6 de abril de 1960, el Subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos Interamericanos, Lester Mallory, escribió lo siguiente en un memorando que fue discutido en una reunión encabezada por el Presidente Kennedy: "No hay oposición política efectiva en Cuba;" Por lo tanto, el único medio previsible que tenemos hoy para alienar el apoyo a la revolución, es a través del desencanto y la desesperación, basados en la insatisfacción y las dificultades económicas. Utilizar prontamente cualquier medio concebible para debilitar la vida económica de Cuba. "Negar dinero y suministros a Cuba, disminuir los salarios monetarios y reales para provocar el hambre, la desesperación y el derrocamiento del Gobierno". Este objetivo ha caracterizado la política estadounidense hacia Cuba desde el inicio de la Revolución.
Las medidas tomadas por el Gobierno revolucionario encaminadas a recuperar las riquezas del país y ponerlas al servicio del pueblo fueron un golpe mortal a los intereses de los grandes monopolios norteamericanos que expoliaron los recursos de la isla y dominaron la nación cubana durante más de medio siglo.
La decidida voluntad de las nuevas autoridades cubanas de actuar con plena independencia y producir decisivos cambios económicos y sociales a favor de las grandes mayorías, fue el catalizador que reabrió el histórico contencioso entre los dos países. La respuesta de Estados Unidos fue rápida e injusta desde el principio.
El objetivo principal de los gobiernos de EEUU ha sido derrocar al Gobierno Revolucionario Cubano, destruir la Revolución Socialista , restablecer el capitalismo y recuperar su hegemonía y dominio sobre el país.

Principales vías de actuación: Agresión directa, bloqueo y subversión.
La prioridad en la aplicación de una u otra variaba según el momento histórico y las características del gobierno en EE.UU.
A lo largo de los años han existido tendencias básicas en los sucesivos gobiernos estadounidenses:
- La que ha promovido el enfrentamiento directo y abierto: agresión militar, terrorismo, sabotaje y apoyo a bandas armadas, guerra biológica, planes de asesinatos contra los principales líderes, bloqueo económico, subversión, propaganda, guerra psicológica y aislamiento internacional. Prevaleció con sus matices, en los Gobiernos de Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Reagan, Bush , W. Bush y Trump. Biden no ha cambiado ninguna medida contra Cuba tomada por Trump.
- La que se ha propuesto modificar la proyección internacional de Cuba y socavar la revolución desde dentro, por medios diplomáticos, políticos, económicos, subversivos y propagandísticos: diálogo oficial, contactos pueblo a pueblo, académicos, intercambios culturales y otros, eliminación de ciertas restricciones, pero sin cambiar los pilares tradicionales de la política anticubana, es decir, el bloqueo, la subversión y la propaganda. Se privilegió , con características propias, durante los gobiernos de Ford, Carter, Clinton y Obama.
El gobierno actual de Joseph Biden no ha articulado una política propia hacia Cuba que cumpla las promesas electorales que sustentaron la plataforma del Partido Demócrata en 2020. En la práctica, ha mantenido intactas las medidas anteriores como: La introducción de las acciones más hostiles contra la isla, que siguen causando importantes perjuicios a todos los cubanos. La posibilidad de actuar en los tribunales estadounidenses contra las demandas presentadas al amparo del Título III de la Ley Helms-Burton, la permanencia de Cuba en la arbitraria Lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo elaborada por el Departamento de Estado de EE.UU., la persecución de las transacciones financieras y comerciales del país, la imposibilidad de tramitar visados de no inmigrante en La Habana, la intimidación a las empresas que envían suministros de combustible a la isla, los intentos de frustrar la recuperación del sector turístico tras la pandemia del COVID-19 y la campaña de descrédito contra los programas cubanos de cooperación médica, definen los rasgos actuales más severos de la política hostil de Estados Unidos hacia Cuba.
Estas medidas son particularmente dañinas en las condiciones de una economía internacional en crisis, cada vez más interconectada, interdependiente y sometida a los dictados de los centros financieros de poder controlados desde Washington.
Las sanciones destinadas a aplastar la revolución se sucedieron rápidamente desde el inicio convirtiéndose en un bloqueo total, una guerra económica que la poderosa nación del Norte viene imponiendo a Cuba desde hace décadas sin que hasta el momento haya logrado recuperar su hegemonía perdida sobre el uno de los enclaves formadores y preferidos en el Hemisferio Occidental.
El bloqueo no es sólo una ley, sino un conjunto de leyes, medidas y sanciones unilaterales del gobierno de Estados Unidos contra Cuba y contra terceros que comercian con Cuba, unilateral y extraterritorialmente. Se trata de una verdadera guerra económica. Ninguna actividad económica cubana ha estado exenta de sufrir severos daños por el bloqueo impuesto por Estados Unidos contra Cuba.
Los daños materiales han sido cuantificados exhaustivamente por expertos cubanos, y han revelado que Cuba ha sufrido pérdidas directas e indirectas como consecuencia del bloqueo. Son incalculables los sufrimientos humanos y las sanciones morales causadas a la población por esta persistente política de guerra contra Cuba.
Además de esta guerra económica han proliferado las campañas subversivas contra la revolución tratando de demostrar tratando de desvirtuar los logros de la revolución en todas las esferas, así como que las dificultades económicas son por ineficiencia del gobierno cubano, y no mencionan los efectos del bloqueo.
El Gobierno de Cuba siempre ha mostrado disposición a discutir todos los temas del diferendo bilateral para avanzar hacia el mejoramiento de las relaciones. El diálogo debe desarrollarse sin condiciones y sobre la base de los principios de igualdad, reciprocidad, no injerencia en los asuntos internos y respeto absoluto a la independencia y soberanía. Las políticas unilaterales son y deben ser eliminadas unilateralmente.
A pesar de no haber logrado su objetivo, el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos sigue siendo el principal obstáculo para que Cuba pueda alcanzar su pleno potencial económico y social.
Para lograr un cambio en la relación bilateral, EE.UU. debe renunciar a su obstinada e infructuosa pretensión de tomar decisiones sobre nuestra forma de Gobierno, nuestras instituciones y nuestro proceso económico, político y social, y deben aceptar que Cuba, al igual que EE.UU. y cualquier otro país soberano, tiene derecho a regir su destino y buscar soluciones a sus problemas sin injerencias externas.
Desde 1992, Cuba presentó cada año, en la Asamblea General de las Naciones Unidas una resolución titulada "Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba".
En 2023, por una abrumadora mayoría de 187 votos a favor, dos en contra (Estados Unidos e Israel) y una abstención (Ucrania), se aprobó por 31ª vez la resolución que insta a Estados Unidos a poner fin al bloqueo.
La comunidad internacional reconoce la ilegalidad del bloqueo contra Cuba, que constituye una violación del derecho internacional, de los derechos humanos y un claro ejemplo de abuso de poder.
La revolución por la verdadera independencia nacional ha sido una sola, desde el 10 de octubre de 1868 hasta ese 1959, en que se alcanzó la verdadera independencia. Pero la lucha del pueblo cubano no terminó , durante estos 65 años hemos tenido que enfrentar la permanente y perversa agresividad del enemigo, que ha acudido incluso a la invasión militar, al terrorismo y a un despiadado y cruel bloqueo, condenado por la abrumadora mayoría de las naciones del mundo, en su intento de destruir nuestra Revolución y borrar su inspirador ejemplo para otros pueblos, de que sí es posible edificar una sociedad justa y humana, con iguales oportunidades para todos, queriendo demostrar que el socialismo es un proyecto fallido, y tratando de que el pueblo se canse y deje de apoyar al gobierno revolucionario.
Esta es la realidad, aunque el enemigo invierta millones de dólares y mucho esfuerzo para ocultarla. Esa política de EEUU la apoyan algunos que actúan contra su propia patria, ya sea por afán de lucro o simplemente por espíritu de siervos. Otros se dejan confundir por las mentiras, y en cierta forma le hacen el juego inconscientemente, agobiados por las dificultades cotidianas. Esto no implica que desconozcamos nuestras deficiencias y errores, que nunca han sido de principios.
La dirección de la Revolución se ha caracterizado, a lo largo de estos 65 años, por su transparencia y espíritu autocrítico, al debatir con el pueblo cualquier insuficiencia, consciente de que únicamente entre todos seremos capaces de erradicarlas. En el tránsito por el ignoto camino que conlleva construir el socialismo en un país pobre y sometido a constantes agresiones, nos hemos visto obligados a crear nuestras propias maneras de hacer, evidencia de que el proceso revolucionario cubano se ha caracterizado siempre por una inmensa capacidad creadora, y por haber mantenido una admirable resistencia creativa ante las dificultades.

Logros fundamentales de la revolución cubana
La Revolución Cubana es ejemplo de fortaleza y solidaridad, pese al bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene Estados Unidos.
La obra de 65 años es inmensa. Esta es la Revolución, genuina y profunda, de la Reforma Agraria y de la Reforma Urbana, que empoderó al pueblo al nacionalizar y poner al servicio de los intereses populares la tierra, las industrias, los bancos, las comunicaciones, las grandes construcciones e inversiones, el transporte, el comercio exterior e interior. La que eliminó el desempleo, garantizando a mujeres y hombres el humano derecho al trabajo. Y es la que levantó cientos de miles de apartamentos para trabajadores y campesinos hasta en las más apartadas zonas del país.
Esta es la Revolución que, después de haber perdido 3 000 médicos por un éxodo políticamente inducido en la década del 60 del pasado siglo, construyó uno de los más formidables y prestigiosos sistemas de Salud de nuestra época y hoy cuenta con medio millón de trabajadores en todos sus niveles, que garantizan cobertura universal y asistencia gratuita para todas las cubanas y cubanos.
Paralelamente, durante estas seis décadas, 600 000 profesionales de la Salud cubanos han prestado colaboración en 165 países. Y más recientemente, en el periodo pandémico de COVID-19, unos 3 000 integrantes del Contingente de profesionales de la salud expertos en pandemias y desatrs naturales llamado Henry Reeve brindaron servicios en 40 de ellos.
Unos 27 000 jóvenes de un centenar de naciones se han graduado en la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas (ELAM), y más de 4 millones de personas de bajos ingresos de América Latina y de África recuperaron la visión con la Operación Milagro. Esta es también la Revolución: la coherencia con el ejemplo de Ernesto Guevara, conocido como el Che, la voluntad permanente de practicar la solidaridad y compartir lo que tenemos, con la convicción profunda de que son médicos y no bombas, cooperación y no sanciones, lo que los pueblos necesitan.
Todo ello ha sido posible gracias a que primero se nacionalizó la enseñanza, se liquidó el analfabetismo y se ha desarrollado una profunda revolución en la educación, que garantiza el acceso universal y gratuito a todos los ciudadanos.
Con el programa cubano de alfabetización Yo sí puedo, implementado en 30 naciones, se han alfabetizado más de 10 millones de personas de prácticamente todos los continentes. Más de 70 000 estudiantes extranjeros se han graduado en Cuba y actualmente más de 3 000 realizan estudios en nuestra isla.
La educación superior, la ciencia, la innovación, la biotecnología, la preservación del medio ambiente y el desarrollo sostenible son otras áreas destacadas por las investigaciones y aportes del talentoso ser nacional al esfuerzo por remontar los obstáculos que nos imponen el bloqueo, la condición de país pequeño y nuestras propias limitaciones. En las potencialidades infinitas de esas fuerzas combinadas, se basa el Sistema de Ciencia e Innovación en la gestión de Gobierno.
Cuba es reconocida mundialmente por sus proyectos sociales, principalmente en salud y educación, además del desarrollo de la ciencia con múltiples vacunas, incluidas 5 contra el COVID-19, y productos de punta para combatir el pie diabético y el cáncer entre otros.
Por supuesto que esta es también la Revolución que ha garantizado el derecho de todo el pueblo al deporte, y las condiciones sociales radicalmente nuevas en que se desenvuelve la educación física y la actividad deportiva, así como su masividad, han permitido obtener importantes éxitos y ocupar los primeros lugares en numerosos certámenes a nivel internacional, a pesar del número relativamente pequeño de la población cubana.
Nuestra cultura, reconocida internacionalmente en sus diversas manifestaciones, está al servicio del pueblo, eliminando el carácter elitista de otras épocas para desarrollar a plenitud lo más auténtico de la cultura nacional junto a los continuos aportes de la cultura universal.
Se ha desarrollado el proceso de industrialización, se incrementó la generación de electricidad, se han construido más carreteras y caminos que en toda la historia anterior del país.
Esta es la Revolución que ganó las libertades democráticas para todos los trabajadores al poner en sus manos la propiedad de los medios fundamentales de producción, lo que se manifiesta en la participación popular creciente en la gestión económica y en la toma de decisiones en las cuestiones del desarrollo económico-social del país.
Esta es la Revolución que liquidó el orden jurídico burgués para establecer un nuevo derecho, basado en la legalidad socialista, refrendado por la participación activa del pueblo en la elaboración y discusión de leyes. Y la que a lo largo de los años ha fortalecido y perfeccionado el nuevo Estado socialista y establece sus órganos de Poder Popular acordes con los intereses del pueblo trabajador.
Esta es la misma revolución que recibió a tres Santos Pontífices Juan Pablo II (1998), Benedicto XVI (2012) y Francisco (2015), y acogió la histórica reunión entre el Papa Francisco y el Patriarca Kiril (2016), por ser tierra de paz y tolerancia con libertad de cultos religiosos e iguales derechos para todos .
La mayoría del pueblo cubano sabe que solo la unidad en torno al Partido y la Revolución permitirá preservar la nación cubana y las conquistas económico-sociales.
Hoy podemos expresar que después de 65 años de lucha, sacrificio y victorias, vivimos en un país libre, soberano y justo.
No nos dejamos engañar por las mentiras y reclamos del imperio, ni por la propaganda manipulada de sus lacayos.
Cuba seguirá en el camino del desarrollo justo y sostenible, con el ser humano y su dignidad plena como prioridad.
Cuba Vencerá!!!

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