76 AGNU: Intervención de la Delegación de Cuba en el Debate General de la Segunda Comisión. Nueva York, 6 octubre de 2021

Señora presidenta:

Cuba se asocia a las intervenciones realizadas por las distinguidas delegaciones de la República de Guinea en nombre del Grupo de los 77 más China y Antigua y Barbuda en nombre de la Alianza de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo.

Le felicitamos a usted y a los demás miembros de la Mesa por su elección para conducir los trabajos de la Segunda Comisión. Confiamos en que su guía permitirá llevar a buen término nuestros objetivos, en medio de tan complejas y extraordinarias circunstancias.

Cuba participará en las labores de la Segunda Comisión guiada por el propósito de contribuir, desde la cooperación, la solidaridad y el multilateralismo, a eliminar los obstáculos, brechas y desafíos que, en materia de desarrollo, afrontan los países más vulnerables.

Señora presidenta:

Seis años tras la aprobación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y ya en el marco del Decenio de Acción, estamos fuera de rumbo para alcanzar en el 2030 los objetivos de desarrollo sostenible, un hecho que precede a la pandemia de la COVID-19. Los impactos socioeconómicos de la pandemia sin duda amplifican esta realidad, revirtiendo muchos de los progresos alcanzados en la erradicación de la pobreza y el hambre, la seguridad alimentaria, la salud humana, la reducción de las desigualdades, el crecimiento económico, entre otros objetivos.

La pandemia de la COVID-19 ha exacerbado las grandes desigualdades y diferencias estructurales pre existentes al interior y entre los países, entre el mundo en desarrollo y el desarrollado, así como para enfrentar los problemas comunes de desarrollo que enfrenta la humanidad. Cuando los países en desarrollo más lo han necesitado, hemos sido testigos de un multilateralismo débil y limitado, y una cooperación internacional insuficiente en la respuesta a los efectos de la pandemia y en los esfuerzos por contenerla. El muy desigual acceso a nivel global a las vacunas contra la COVID-19, y el insuficiente apoyo en recursos, financiación y transferencia de tecnologías a los países en desarrollo son ilustrativos de esta injusta realidad, que tiene un impacto en la vida y el bienestar de miles de millones de personas en nuestro planeta.

Señora Presidenta:

La pandemia de la COVID-19 ha hecho evidente que sólo podremos revertir esta realidad si somos capaces de convertir en hechos, entre todos los Estados, nuestro compromiso y voluntad política con la preservación, la promoción y el fortalecimiento del multilateralismo, la solidaridad y la cooperación internacional como base de las relaciones entre las naciones, así como de la estricta observancia de la Carta de las Naciones Unidas y los principios del Derecho Internacional. La plena y oportuna implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, la Agenda de Acción de Addis Abeba, el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático y el Marco de Acción de Sendai, entre otros acuerdos marcos, no serán posible mientras persistan acciones unilaterales, medidas coercitivas y acciones de guerra económica, que sólo promueven intereses estrictamente nacionales, en detrimento del resto de la humanidad, en particular afectando al desarrollo.

Los problemas globales necesitan soluciones globales, multilaterales, con la participación de todos los Estados y para el beneficio de todos, sin discriminaciones, ni exclusiones políticas, económicas, o de cualquier otra índole.

Debemos respetar las diferentes realidades nacionales, capacidades y niveles de desarrollo de cada país, así como la igualdad soberana de cada uno de los Estados. Debemos impedir que el sistema internacional se convierta en un instrumento de imposición y legitimación de medidas unilaterales de los más fuertes y poderosos sobre otros, contrario al orden mundial justo, democrático, incluyente y equitativo que necesitamos.  

Señora Presidenta:

Vemos cómo se agravan la desigualdad y la polarización social en el mundo. El patrimonio neto de unos 2.500 multimillonarios aumentó en más de 5.200 millones de dólares al día durante la pandemia, mientras que 4.000 millones de personas siguen sin ningún tipo de protección social básica. Ya en febrero de este año, 36 países de bajos ingresos se encontraban en dificultades de deuda soberana o en alto riesgo de caer en ellas. La pandemia ha empujado a otros 124 millones de personas a la pobreza extrema.  Casi una de cada tres personas en el mundo no pudo acceder a una alimentación adecuada en 2020, lo que supuso un aumento de casi 320 millones de personas en un año.

Necesitamos no sólo soluciones inmediatas, sino también soluciones sostenibles, duraderas e inclusivas. La humanidad cuenta hoy con conocimientos, tecnologías y recursos suficientes para poner fin a la pobreza, alcanzar un crecimiento económico sostenido e inclusivo, el desarrollo social y la protección del medioambiente. Sin embargo, ha faltado la voluntad política de una mayoría de los Estados más desarrollados en honrar sus compromisos internacionales, agravado por el injusto orden internacional existente. Sin adecuados medios de implementación, que incluyen la transferencia de tecnologías y recursos financieros nuevos, adicionales y predecibles en condiciones favorables para los países en desarrollo, la Agenda 2030 y sus ODS corren el riesgo de convertirse en meros enunciados políticos.

La mayor parte de los países desarrollados han incumplido sistemáticamente con los compromisos internacionales adquiridos en materia de Ayuda Oficial al Desarrollo, honrado por sólo cinco de ellos, mientras se derrochan recursos billonarios en gastos militares. Necesitamos otra arquitectura financiera internacional, y una solución duradera y sostenible al problema de la deuda externa, pagada ya varias veces, cuyos montos desmesurados obstaculizan los esfuerzos de los países del Sur para enfocarse en su desarrollo y enfrentar la crisis sanitaria y socioeconómica generada por la COVID-19.

La actual pandemia no puede soslayar el hecho que los países hoy industrializados deben reconocer su deuda histórica, así como fortalecer el tratamiento especial y diferenciado a los países en desarrollo. La comunidad internacional no puede seguir postergando la consecución del derecho al desarrollo.

Señora Presidenta:

El cambio climático amenaza la supervivencia misma de la especie humana y el planeta. Debemos salvaguardar y desarrollar el Acuerdo de París y su Programa de Acción si queremos preservar nuestro planeta para las actuales y futuras generaciones.  Es hora de que los países desarrollados asuman un liderazgo solidario en la reducción de emisiones y en la provisión de los medios de implementación necesarios para los países en desarrollo, de conformidad con el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas. Se impone que se modifiquen los insostenibles patrones de producción y consumo. Debe finalmente cumplirse la promesa por parte de los países desarrollados de movilizar 100.000 millones de dólares anuales para apoyar la mitigación y la adaptación en los países en desarrollo. Esperamos que en la próxima COP 26 se materialicen avances concretos y significativos en estos aspectos.

Señora Presidenta:

La comunidad internacional ha rechazado en innumerables ocasiones la imposición de medidas coercitivas unilaterales, incompatibles con el Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas.

Durante más de 60 años el pueblo cubano ha resistido el impacto de la aplicación de estas medidas, como consecuencia del ilegal e injusto bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos, recrudecido con la activación del Título III de la Ley Helms Burton, y más de 240 nuevas medidas aplicadas desde el 2019, 60 de ellas adoptadas en el contexto de la pandemia de la COVID-19, y las cuales permanencen aún en vigor.

A pesar de esos obstáculos no cejaremos en nuestro objetivo de construir una nación socialista, soberana, próspera, democrática y sostenible, que asume su compromiso con la Agenda 2030 como una responsabilidad hacia el desarrollo sostenible de nuestro país, pero también de reforzada acción solidaria con otros pueblos del mundo.

Señora Presidenta:

El espíritu de trabajar por un mundo mejor, más justo, incluyente y equitativo continuará guiando nuestra actuación, por lo cual le reiteramos nuestro total apoyo y cooperación en las labores de la Segunda Comisión.

Muchas gracias.