Intervención del Embajador Ernesto Soberón Guzmán, Representante Permanente de Cuba ante las Naciones Unidas, en el debate general del tema 14: “Cultura de Paz”, del plenario de la AGNU.

Nueva York, 2 de mayo de 2024.

Señor Presidente,

En adición a lo expresado por Venezuela, en nombre del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas, quisiera apuntar lo siguiente a título nacional.

Esta Asamblea abordó ayer el repudiable veto de Estados Unidos al ingreso de Palestina como miembro de las Naciones Unidas. Nada está más lejano a la promoción de una cultura de paz que este hecho, que, por un lado, evidencia la falta de compromiso real con la solución de dos Estados, y por otro demuestra, por enésima vez, la complicidad de Estados Unidos respecto al genocidio en curso que comete Israel contra el pueblo palestino, con toda impunidad y frente a los ojos de la comunidad internacional.

Es irrisorio pensar que puede haber una cultura de paz mientras 34 mil personas, en su mayoría mujeres y niños, así como personal humanitario y de Naciones Unidas, han muerto bajo los indiscriminados ataques de Israel en Gaza; o mientras se justifican y minimizan las prácticas colonizadoras, el apartheid, los abusos a los derechos humanos de los palestinos y las violaciones al derecho internacional, incluyendo el derecho internacional humanitario, por parte de Israel a lo largo de 7 décadas.

Señor Presidente,

No puede haber paz sin desarrollo económico y social, justicia y equidad para todos. No puede haber paz, ni consolidarse una cultura que la propicie, si se incumplen los propósitos y principios de la Carta de la ONU y el Derecho Internacional, o si se invocan estos de una manera selectiva y discriminatoria.

Tampoco puede haber una cultura de paz mientras se promuevan agendas de desestabilización, tácticas de guerra no convencional y cambio de los ordenamientos legítimamente constituidos; o mientras se manipule la cuestión de los derechos humanos contra países en desarrollo, al tiempo que se guarda silencio cómplice frente a las atrocidades que cometen países ricos. La promoción de falsos excepcionalismos, discursos de odio e ideas supremacistas, racistas y xenófobas, constituyen igualmente un ataque directo a la cultura de paz.

La imposición de medidas coercitivas unilaterales, como herramientas de presión, tampoco contribuye a una cultura de paz. Estas medidas son contrarias a la Carta de esta organización y el Derecho Internacional, niegan la igualdad soberana, y se sustentan en una supuesta “superioridad moral” de unos sobre otros, que atenta contra el espíritu mismo de la cultura de paz.

Por la osadía de defender su derecho a decidir el camino propio y ser verdaderamente libres, el pueblo cubano ha tenido que sufrir durante más de 60 años, a manos de los Estados Unidos, la imposición del más largo bloqueo económico, comercial y financiero contra país alguno, con un impacto directo, cotidiano y muy negativo en la calidad de vida de los cubanos.

  • Esta política de permanente hostilidad, recrudecida de manera oportunista durante la pandemia y con la injustificable inclusión de Cuba en la fraudulenta lista de Estados patrocinadores del terrorismo; junto a acciones de desinformación y guerra no convencional orquestadas y financiadas desde Estados Unidos, para fomentar la inestabilidad, incitar a la violencia y subvertir nuestro orden constitucional, contravienen la noción de una cultura de paz.

Frente a esta hostilidad constante, Cuba siempre ha defendido, y seguirá defendiendo, su soberanía y su derecho a vivir en paz, con el modelo de país que nuestro pueblo ha elegido libremente.

Señor Presidente,

Mi país está firmemente comprometido con la implementación de la Declaración y el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz, que mantienen toda su vigencia en el convulso mundo en que vivimos.

Igualmente, reafirmamos y defendemos el derecho internacional, la Carta de las Naciones Unidas y la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, que fue firmada por los Jefes de Estado y de Gobierno, en La Habana, en el 2014.

Sin embargo, un mundo de paz seguirá siendo una utopía, mientras no se privilegie el multilateralismo y la cooperación, se irrespeten nuestras legítimas diferencias y se favorezcan los apetitos hegemónicos.

Una cultura de paz sólo podrá materializarse, si hay paz y justicia para todos, incluyendo al pueblo palestino, a quien reafirmamos toda nuestra solidaridad.

Muchas gracias.