Palabras de la Embajadora Ana Silvia Rodríguez Abascal, Representante Permanente Alterna de Cuba ante ONU, en ocasión del acto en tributo a la memoria del líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, en la iglesia “All Souls Episcopal Church", Harlem.

Hermanas y Hermanos

Compañeros Todos.

Siempre es emocionante volver a Harlem.  Pero no  vinimos hoy aquí a llorar la muerte de nuestro Comandante, aunque el dolor nos embarga. Vinimos aquí, al corazón de Harlem, el Harlem que le dio refugio y le extendió su mano solidaria en el año 60, el Harlem del histórico encuentro entre Malcolm X y Fidel, que devino una genuina expresión de solidaridad política del pueblo afronorteamericano con el pueblo cubano, el Harlem que lo volvió a acoger en los  años 1995 y 2000, el Harlem de Lucius Walker y Elombe Brath del Movimiento del 12 de Diciembre. El Harlem, solidario, revolucionario e  imprescindible en sus visitas. Venimos hoy a Harlem a celebrar su vida. Porque como dijera nuestro apóstol José Martí “Morir no es nada, morir es vivir, morir es sembrar”. Celebramos su vida porque Fidel no ha muerto,  Fidel  se ha multiplicado en nosotros y cada uno de nosotros es Fidel.

Venimos a celebrar la vida de un hombre que entregó la suya a la causa del bien común, a la causa de los más desposeídos de la Tierra, que   nos  enseñó que los principios no se negocian y que debemos defenderlos al precio de cualquier sacrificio, a vivir con dignidad, a levantar nuestra voz contra la injusticia,  la discriminación,  a no rendirnos jamás, a desafiar las fuerzas dominantes. Nos enseñó el valor de la unidad,  de la solidaridad, que nos podemos confundir, pero que debemos tener la valentía de reconocerlo y rectificar nuestros errores.

Fidel nos emancipó, nos hizo hombres y mujeres más libres,  nos enseñó a soñar y nos hizo ver que los sueños se pueden hacer realidad  y que los obstáculos se pueden superar. De él aprendimos que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.

El Comandante ya no volverá físicamente a Harlem, pero sus ideas, su pensamiento, su legado estoy convencida se quedarán en Harlem, en todos y cada uno de ustedes. No me caben dudas que ustedes como revolucionarios del mundo no dejaran que su ejemplo muera.

Aprovecho la ocasión para agradecer al pueblo de Harlem su solidaridad infinita con la Revolución Cubana y sus inmensas expresiones de respeto, admiración y cariño por nuestro querido Fidel.

Y ante ustedes reiteramos que la Revolución Cubana seguirá su marcha indetenible, con confianza y optimismo. Pues como dijera  Malcom X  “Eso sí es una Revolución”.

Gracias Harlem, casa de Fidel de ayer, de hoy y de siempre!

Hasta la Victoria Siempre