Arbejderen publica enfoque crítico del Embajador de Cuba en Dinamarca

Arbejderen, publica enfoque crítico del Embajador de Cuba en Dinamarca

El rostro de una verdad.

Los hechos ocurridos el 11 de julio, en Cuba, dejan a la vista el propósito del poderoso imperio norteamericano de provocar un cambio de sistema en la rebelde Isla del Caribe.

No bastan los daños y perjuicios del impacto del más cruel bloqueo económico, comercial, y financiero, denunciado  en 28 oportunidades en la Asamblea General de las Naciones Unidas, sino que ahora, en las condiciones agravadas por la pandemia del SARS-CoV-2, Estados Unidos lo utiliza como un perfecto aliado con fines políticos.

Las más de 243 medidas adoptadas por la Administración Trump siguen vigentes. Su impacto ha sido tan brutal, que ha impedido el normal funcionamiento de la economía, ha limitado nuestros ingresos, ha afectado nuestras exportaciones, y ha  impedido el acceso a los insumos necesarios para el buen funcionamiento del sistema de salud.

El manejo inhumano de esta política se refleja en el desabastecimiento de productos imprescindibles para el consumo de la población cubana, la adquisición de combustible por el país,  necesarios para mantener el fluido eléctrico, y las dificultades para atender a plenitud las demandas de nuestra población. 

Un plan que se hermana con el memorando del entonces vicesecretario de Estado, Lester D. Mallory, cuando desde 1960 procuraba debilitar la vida económica de Cuba utilizando como herramientas el hambre, y la desesperación, para provocar el derrocamiento del gobierno cubano.

En los sucesos ocurridos hubo quienes actuaron con enfado, pero muchos otros fueron responsables de actos vandálicos y violentos con agresiones a civiles y a agentes policiales, causando daños a instituciones y centros comerciales, con el firme propósito de crear el desorden, y promover disturbios que son el resultado práctico de un plan diseñado por Estados Unidos para ejercer presión contra Cuba.

Pero no es casual. El país ha sido víctima de una campaña mediática que surgió desde cuentas radicadas en el territorio norteamericano. La etiqueta #SOSCuba permite distinguir que las protestas fueron alentadas como parte de la guerra de cuarta generación que ha ensayado el Gobierno de Estados Unidos contra Cuba.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, acusó al gobierno de los Estados Unidos de que la compañía encargada de generar esta etiqueta recibió un certificado para actuar con fondos estaduales como parte de la guerra no convencional hacia nuestro país.

Una sola cuenta, localizada en España, manejada desde Estados Unidos, puso más de mil tuits los días 10 y 11 de julio, a razón de cinco retuits por segundo.  Además, se organizó el acoso a influencers, táctica que fue denunciada por usuarios cubanos en Twitter.

Luego se hizo una manipulación de las imágenes creando las llamadas Fake News. De esta manera, tanto en redes sociales como en algunas televisoras utilizaron imágenes de Egipto, de Argentina -durante la llegada de su selección de fútbol-, y del aeropuerto de Caracas, como si estuviesen ocurriendo en Cuba.

No es un secreto que en febrero de 2018, siguiendo indicaciones del entonces presidente de EE.UU, Donald Trump, se creó el Grupo Operativo de Internet para la subversión en Cuba, subordinado a la CIA.

El propósito es dominar el ciberespacio cubano y pasar a una etapa superior en la estrategia de la subversión contra la Revolución Cubana. Una cruzada propagandística para la demonización del adversario y justificar su destrucción total, como han hecho en tantos lugares del mundo.

En el juego entra la sucia maniobra de “calentar la calle”, como lo indica con precisión el manual de Gene Sharp, y que en el caso de Cuba generó acciones como las ocurridas antes en el barrio de San Isidro, o las provocaciones frente al Ministerio de Cultura y otras instituciones.

Cuba tiene derecho a defender su soberanía. Cualquier intento de alterar la paz o el orden público tendrá una respuesta en el marco de nuestras leyes.

Aquellos que han sido detenidos por los disturbios, ninguno de ellos por actuar en modo pacífico, se enfrentarán a los procesos judiciales como establece nuestro orden jurídico.

Entre los detenidos, un grupo ya ha sido puesto en libertad porque se ha confirmado que no han tenido participación delictiva, otros están con una medida cautelar, y hay acusados con expediente de fase preparatoria, con medida cautelar de prisión provisional.

En Cuba no hay desaparecidos ni torturados, ni los habrá. No hay, ni habrá espacio para la impunidad, ni leyes o reglamentos que la amparen. Todo se investigará siempre actuando en el marco de la ley.

Es inadmisible permitir las incitaciones desde el exterior a la rebelión, al magnicidio, a la realización de sabotajes, o de acciones terroristas, que alientan la defensa de una agresión militar a Cuba, lo cual tendría imprevisibles consecuencias para la paz y la seguridad regional.  

El Presidente Biden debería mostrar interés en cambiar las políticas que favorezcan cualquier tipo de hostilidad hacia Cuba, y con su firma, podría modificar aspectos fundamentales del bloqueo. Podría instar al Congreso a levantar el bloqueo. Podría suspender la aplicación del Título III de la ley Helms-Burton. Podría tomar medidas con relación a las dificultades impuestas a Cuba para adquirir suministros médicos para luchar contra la COVID-19.

A Cuba le asiste el derecho de demandar hoy a Estados Unidos el cese de la  agresión, el financiamiento millonario para la subversión política, y las continuas acciones de manipulación política y mediática.

El actual Presidente de los Estados Unidos debería escuchar al pueblo de Cuba que demanda el fin del bloqueo, a los 400 firmantes en favor del levantamiento de las sanciones contra Cuba, como publicó “The New York Times”, y al reclamo de las Naciones Unidas para que cese ya una práctica obsoleta que viola las normas del derecho internacional y los derechos humanos de todo un pueblo.

Nos asiste el derecho soberano a ejercer la libre determinación sin injerencia extranjera, a asegurar la paz y la tranquilidad ciudadana, y a defender la estabilidad y la seguridad de la Nación, frente a los planes hegemónicos de una potencia que pretende interferir en nuestros destinos.

Roger López García

Embajador

“Arbejderen” (https://arbejderen.dk/debat/sandhedens-ansigt/)

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