Cien Años Con Tu Luz

Inicio haciendo mías las palabras de Frank Fonseca en La Demajagua[1], quien escribió: “La impronta de Fidel se escribe con letras de humildad, despojado de toda banalidad y amor por la riqueza.”[2] Fidel tomó y cumplió al pie de la letra con el sentido de las palabras que dijo Martí: “Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”. El apóstol cubano se refería a lo innecesario, a lo banal del orgullo humano, cuando la cuántica de un solo grano de maíz, contiene el universo entero y no tiene que probarlo.

Por eso, hablar sobre el comandante Fidel Castro Ruz es, sin duda, un desafío con un elevado nivel de dificultad. En particular, por lo extensa y fecunda que fue su vida; por la certeza y valentía, con la que asumió sus luchas; por el inquebrantable y permanente compromiso y amor con su pueblo y los pueblos oprimidos del mundo; por la solidaridad a toda prueba fundada en el amor por la humanidad; por el apego a la ética revolucionaria y a los principios, que calificó de innegociables; pero también por los incontables retos que enfrentó y que pudo superar para el bien de Cuba, de América Latina y del mundo.

Sin menospreciar ninguna otra, comienzo resaltando su visión de futuro. Impresiona a cualquiera la capacidad que tuvo de anticiparse a fenómenos sociales, políticos y ecológicos que han afectado gravemente a la humanidad o a partes importantes de esta. Fue el primero en alzar la voz contra los estragos de la deuda externa o eterna. Fue el primero en anticipar el cambio climático y las graves consecuencias ecológicas, económicas y humanas provocadas por el modelo insostenible de explotación de la naturaleza que engendra el capitalismo. Fidel alzó su voz en todos los foros donde pudo. Su denuncia caló hondo en los pueblos del mundo, orientando sus luchas y dando voz a quienes no podían expresarse. Fue un guerrero incansable por la paz y contra la guerra, en especial contra el desarrollo y uso de armas nucleares.

Otro aspecto importante fue el desapego por las cosas materiales y su vida sencilla y serena, resultado de una profunda convicción arraigada en el intenso y permanente estudio de los postulados de Martí. La fuerza de Fidel estaba en su palabra y su acción. Dijo lo que iba a hacer e hizo lo que dijo: la coherencia total. En otras palabras, el apego a la verdad, la verdad siempre adelante, no mentir jamás. Cumplir la palabra empeñada, sin importar el costo. Principios de vida de nuestro eterno comandante. Luz en la oscuridad, esperanza en el desacierto, certeza en medio de tantas dudas.    

Incansable Fidel. Quienes le conocieron y trabajaron de cerca, son testigos de su inagotable energía para todo lo que emprendía. Si se trataba de estudiar las problemáticas, buscar las mejores soluciones y poner manos en acción para ejecutarlas, no tenía límites. Por eso, durante toda su vida, durmió muy poco. Casi nadie aguantaba su ritmo, aun cuando estaba mayor. Muchos conocieron la naturaleza de su incansable sed de conocimiento. Por ejemplo, después del golpe de estado en Honduras, dedicó mucho tiempo y esfuerzo a investigar la historia, economía, inversiones, elites, movimientos populares, intervenciones imperiales, luchas sociales de nuestra patria. En sus reflexiones, el 29 de septiembre de 2009 sentenció: “Allí (en Honduras) se engendra una revolución.”[3] y también “…Hemos visto surgir una nueva conciencia en el pueblo hondureño. Toda una legión de luchadores sociales se ha curtido en esa batalla.”[4]  

Por todo eso, no puedo dejar de reconocer la enorme solidaridad dirigida a nuestro pueblo, que, desde los principios martianos, enarboló siempre Fidel. Nosotros decimos que no tendremos nunca cómo pagar a Fidel, a la Revolución, al pueblo cubano, tanto amor que nos han dado. Comenzó el 18 de septiembre de 1975, el día siguiente de la tragedia que provocó el Huracán Fifí. Cuba instaló un hospital de campaña, brindando atención médica y proveyendo, no solo medicamentos, sino la esperanza a miles de compatriotas.

Unos años después del Mitch en la inauguración del hospital garífuna de Ciriboya, construido gracias a la solidaridad cubana, en palabras de Digna[5]: “Ellos (los médicos cubanos), nos dijo, no son como los nuestros. Si tienen que ir a pie, hundiéndose en el lodo hasta los tobillos, en mula o montados en una camioneta o en cayuco, no les importa, van donde los necesiten.”[6] “Después vinieron los primeros médicos Garífunas graduados en Cuba: una bendición. Los hijos de nuestras propias familias. También los otros que están estudiando en la ELAM, algunos, medicina y otros, especialidades médicas. Y ahora, como si fuera poco, tenemos un hospital, que además, lo construimos con nuestras propias manos. Son demasiados milagros juntos. Es por eso que «Dios tiene que ser Garifuna”. Yo creo que Fidel, un poco también. En esos días, otro mundo parecía posible, pero hoy estamos muy lejos de eso. Las condiciones actuales exigen repensar todo y actuar en consecuencia, sin olvidar las claves, las reflexiones y los aprendizajes de nuestros hermanos mayores.  

En estos tiempos difíciles, es necesario subrayar la importancia que la ética y los principios que nos enseñó Fidel, desde su praxis y vida cotidiana, deben tener para cualquier movimiento que pretenda cambiar una sociedad basada en la injusticia, la desigualdad y la violencia. Nosotros quienes frecuentemente nos llamamos revolucionarios o de izquierda, debemos tener claro que nuestra conciencia debe guiar nuestro accionar y que este debe estar sostenido en la disciplina, la ética y orientado siempre al servicio del pueblo. Esta es la base para construir una alternativa al fascismo y la ultraderecha que vienen ganando terreno en Latinoamérica.

Fidel es luz, camino, esperanza de cambio, solidaridad, estudio, coherencia, lucha, principios, ética, amor por la humanidad y los oprimidos del mundo. Lucidez, discurso profundo, antorcha contra la injusticia y trinchera de la paz. Expresamos de forma sencilla, la profunda admiración que sentimos por este enorme ser humano que nos sigue alumbrando el camino.

Finalizo: Cuba hoy enfrenta su prueba más dura. El imperio se abalanza contra su pueblo, contra su gobierno y contra la Revolución. Pero Fidel sigue guiando el camino del pueblo cubano. La semilla sembrada de la solidaridad, debe florecer hoy para Cuba. Hoy que el imperio clava su estocada contra el pueblo cubano, tenemos la obligación revolucionaria de defenderla. Cuba no está sola. Todos con Cuba.

¡Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz!

¡Toda la solidaridad, en el corazón de Fidel!

¡Viva Fidel en sus cien años!

¡Viva Cuba! ¡Viva la Revolución!

¡Ni un paso atrás!

¡Patria o muerte! ¡Venceremos!

 

Por Guido Eguigure 

Miembro de la Asociación de Amistad Cuba-Honduras

   

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