Cuando de contrarrevolución se trata

No ha habido revolución sin contrarrevolución.

Basta revisar una larga lista, a partir de aquel 14 de julio de 1789, en que la toma de la Bastilla simbolizó el comienzo de la Revolución Francesa.

 El filósofo francés Joseph de Maistre (1753-1821), que era conde y bon vivant, plasmó el término «contrarrevolución» con las significaciones que de ella se desprenden. Decidido a cargar contra la revolución, no vaciló en criminalizar el iluminismo y la ilustración como instrumentos amasados por el diablo, y propuso enterrar los métodos de la razón y el conocimiento y, en su lugar, reestablecer los dogmas del absolutismo y la fe.

 Las ideas de Maistre inspiraron al movimiento político de extrema derecha Acción Francesa, fundado en 1899 para atacar a los intelectuales de izquierda que defendieron a Alfred Dreyfus. El movimiento dejó muy claras sus intenciones: monárquico, contrarrevolucionario (en relación con los ideales de la Revolución Francesa), antidemocrático y antisemita, es decir, viento en popa para impulsar los aires del fascismo, lo cual se demostró cuando, durante la Segunda Guerra Mundial, Acción Francesa se arrodilló ante los invasores nazis, al apoyar al régimen de Vichy y al Mariscal Pétain.

 Postrarse ante el invasor trae sus consecuencias y aquellos entreguistas debieron pagar un precio ante los tribunales y ante la vida, incluyendo los escritores que deslizaron su pluma hacia el horror, ya fuese por oportunismo, idealismo trasnochado, o convicción (una lista en la que no faltaron los periodistas vendidos al régimen de Vichy, como lo ilustra Pierre Assouline en su novela Sigmaringen, de 2014).

Toda revolución ha de estar dispuesta a enfrentar una contrarrevolución que, como también demuestra la historia, y pocos desconocen, puede ser sangrienta.

 Cualquier cubano con memoria para ello lo sabe. Pero a veces la memoria se resiente, o no es capaz de transmitir sus hitos y experiencias a las nuevas generaciones, de manera que a la hora de valorar desventuras, dudas, quejas, equivocaciones y cuánto pueda surgir de un proceso acosado a los cuatro vientos, como el nuestro, las claridades se asomen y las esencias no se pasen por alto.

 ¿O acaso vamos a convertir en historia antigua las bandas contrarrevolucionarias pagadas por la CIA, y Girón, y el bloqueo establecido tras la Crisis de octubre, y las infiltraciones, con su estela de víctimas, y los actos de terrorismo (el crimen de Barbados, entre ellos), y los aquelarres politiqueros de Miami, verdadera industria del degüello, y el acoso comercial hasta para comprarle una medicina a un niño aquejado de cáncer?

 Y en medio de todo ello, las campañas millonarias de subversión y propaganda, sin descansar ni un momento en 60 años, tecnología y cuantioso financiamiento, provenientes ya se sabe de dónde, lo que no las salva del ridículo más reciente en sus pretensiones de pasar gato por liebre.

¿Seguirá actuando esa contrarrevolución que, llegado el caso, no vacilará en ser sangrienta?

¡A no dudarlo!

De ahí la importancia de tener muy claro, en esta hora de los análisis y las diferenciaciones, qué es contrarrevolución y qué es todo lo demás.

https://youtu.be/hDuh3yaZHck

Fuente: Diario Granma

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