Hace 73 años, Fidel Castro, al frente de un grupo de jóvenes rebeldes, atacaba el importante cuartel militar del Moncada, situado en la región oriental de Cuba, en Santiago. El objetivo de la operación era aniquilar el poder dictatorial y sanguinario que imperaba entonces en la isla.
El asalto, que terminó en un fracaso, marcaría sin embargo el comienzo del fin de una de las dictaduras más sangrientas de América.
Retrospectiva sobre un acontecimiento trascendental en la historia de Cuba
En la noche del 12 de marzo de 1952, Fulgencio Batista, con el apoyo de Estados Unidos, dio un golpe de Estado en Cuba. Pocas horas después de los hechos, Fidel Castro, joven abogado, denunció el caos que inevitablemente sobrevendría. En consecuencia, invitó al pueblo cubano a luchar contra el nuevo régimen.
Fidel reunió entonces a su alrededor a un grupo de jóvenes con quienes permaneció varios meses en la clandestinidad, dispuesto a colaborar con toda organización decidida a luchar por el derrocamiento del lacayo estadounidense Batista.
La táctica del joven abogado consistía en utilizar todos los medios posibles de lucha, otorgando un papel fundamental a la insurrección popular. Pero, para ello, era necesario dar el ejemplo de la audacia, la temeridad y el sacrificio.
Así, el 26 de julio de 1953, el Comandante en Jefe y sus compañeros decidieron atacar uno de los cuarteles militares más importantes de Cuba: el Cuartel Moncada.
Antes del asalto, se dirigió a sus compañeros con estas palabras:
«Compañeros: dentro de unas horas podrán ser vencedores o vencidos, pero, de cualquier modo, escúchenme bien, camaradas: el movimiento triunfará. Si vencemos, nuestros esfuerzos habrán cumplido el programa de Martí. Si no, nuestro gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba para retomar la antorcha y seguir adelante».
Así, en la madrugada del 26 de julio de 1953, el ataque al cuartel militar fue llevado a cabo por un reducido grupo de hombres que acompañaban al comandante Castro.
La batalla fue sangrienta y el intento de tomar el cuartel militar fracasó. Fidel y sus hombres, o mejor dicho, los que sobrevivieron, se replegaron hacia las montañas.
Algunos días después, el comandante Fidel Castro y varios de sus compañeros fueron arrestados y hechos prisioneros por el régimen de Fulgencio Batista, el dictador al servicio de la potencia vecina, los Estados Unidos, que saqueaba todas las industrias cubanas en beneficio propio y en detrimento de su pueblo, hundido en la miseria, el desempleo, la servidumbre y el racismo.
Algunos meses después, el régimen tiránico de Batista llevó a Fidel Castro ante los tribunales acusado de «conspiración contra la nación».
Abogado de profesión, el comandante Fidel Castro asumió su propia defensa en un alegato célebre y conmovedor, conocido universalmente con el título de «La historia me absolverá». Así, Fidel Castro, de acusado, pasó a convertirse en acusador.
Los problemas de la tierra, así como la salud, la educación, la vivienda y el empleo, figuraban entre los males que corroían a la sociedad cubana de la época y para los cuales Castro y sus compañeros de lucha esperaban aportar soluciones mediante el derrocamiento del régimen del dictador al servicio de los intereses extranjeros.
Fidel concluyó su alegato declarándose culpable. Dijo: «No quiero ser libre mientras mis compañeros permanezcan pudriéndose en prisión. No quiero ser libre en un país donde los gobernantes sean ladrones y asesinos. Condénenme. Poco importa. ¡La Historia me absolverá!»
Y así fue. El tribunal, en una decisión cínica y arbitraria, condenó a Fidel Castro a 26 años de prisión por haber atacado al ejército un 26 de julio de 1953.
Dos años después, Fidel Castro salió de la cárcel gracias a la presión ejercida por los rebeldes y el pueblo cubano. Se exilió entonces en México, donde conoció al célebre Ernesto Che Guevara, un médico de origen argentino.
Los dos hombres se hicieron amigos, unidos por el mismo ideal de combatir al imperialismo estadounidense «dondequiera que estuviera».
La resistencia cubana se reorganiza nuevamente
En 1956 tuvo lugar el embarque de los guerrilleros (Fidel, Che Guevara, Raúl y otros) a bordo de una embarcación llamada Granma (nombre que hoy lleva el periódico nacional cubano), con destino a Cuba.
Eran 82 hombres dispuestos a enfrentarse a todo un ejército.
Al alcanzar las costas cubanas, fueron ametrallados.
Solo 12, entre ellos Fidel, su hermano Raúl Castro y Ernesto Che Guevara, sobrevivieron.
El pequeño grupo se estableció en las montañas de la Sierra Maestra, antes de librar la batalla final y victoriosa contra el gobierno títere apoyado por el imperialismo estadounidense. Era el 1º de enero de 1959.
Así comenzó a escribirse una nueva página en la historia de Cuba y del Tercer Mundo.
Boubacar Sankaré
