Mar
26
2026
Artículo de Ousmane Mohamed Touré, periodista graduado de la Universidad de La Habana, director del periódico maliense Le Poing
En un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y relaciones de fuerza asimétricas, las declaraciones del viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, ofrecen una lectura clara, estructurada y profundamente digna de la posición de Cuba. A través de este intercambio con la prensa nacional e internacional, se perfila una línea política constante: defender la soberanía nacional sin dejar de estar abiertos al diálogo.
Para comprender a Cuba, es necesario reconocer primero una evidencia que a menudo se elude: el impacto duradero de la política estadounidense sobre la isla. Durante casi 70 años, el Bloqueo económico impuesto por Estados Unidos ha sido un factor determinante en las dificultades económicas y sociales del país. Pero lejos de adoptar una postura victimista, Cuba expone esta realidad con lucidez. El discurso cubano no busca dramatizar, sino recordar que esta política, aunque no sea militar, produce efectos comparables a una guerra: dificultades en el acceso a la energía, restricciones en la alimentación, obstáculos para la atención sanitaria y el desarrollo.
Este análisis, firme pero factual, refleja una voluntad de nombrar las cosas sin excesos, al tiempo que pone de relieve una injusticia persistente. Cuba no cede en ningún punto esencial: su independencia, su derecho a la autodeterminación y su sistema político no son negociables. Esta posición se expresa con una gran coherencia diplomática: del mismo modo que Cuba no exige ningún cambio en el sistema político estadounidense, rechaza cualquier injerencia en el suyo. Esta simetría en el discurso refuerza la credibilidad de La Habana.
No pide un trato especial, sino simplemente el respeto de las reglas fundamentales del derecho internacional.
Una apertura constante al diálogo, a pesar de las tensiones. Cuba no cierra ninguna puerta. Al contrario, reafirma su disposición a dialogar con Estados Unidos sobre bases respetuosas. Esta postura es esencial: demuestra que la firmeza cubana no es sinónimo de rigidez. Cuba distingue claramente entre sus principios, que son innegociables, y los espacios de cooperación posible. Existen ámbitos concretos: la lucha contra el narcotráfico, la seguridad regional, los intercambios comerciales o la gestión de controversias históricas. Cuba no rechaza la cooperación; simplemente establece sus condiciones: respeto mutuo e igualdad soberana.
Uno de los puntos más destacados de este intercambio reside en la denuncia de las presiones que ejerce Estados Unidos sobre otros países. Cuba subraya una realidad a menudo poco difundida: si el comercio con la isla es legal para la mayoría de los Estados, se ve obstaculizado por amenazas y presiones indirectas. Esto crea una situación paradójica en la que una política nacional estadounidense produce efectos extraterritoriales. Ante esto, Cuba no reclama privilegios, sino simplemente el respeto al derecho de cada país a comerciar libremente.
Un reconocimiento de las alianzas equilibradas. El ejemplo de Canadá ilustra otra faceta de la diplomacia cubana: la valorización de las relaciones basadas en el respeto y el diálogo. A pesar de las divergencias políticas, Cuba y Canadá han sabido mantener vínculos sólidos, duraderos y mutuamente beneficiosos. Este modelo demuestra que una cooperación constructiva es posible, incluso entre sistemas diferentes. Cuba insiste, por lo demás, en un punto fundamental: si la solidaridad internacional es apreciada, no puede sustituir al comercio. El desarrollo sostenible pasa por relaciones económicas normales, no obstaculizadas por consideraciones políticas externas.
Lo que emerge con fuerza de este discurso es la coherencia de una línea diplomática basada en la dignidad. Cuba no se presenta ni como una víctima indefensa ni como un actor hostil. Se posiciona como un Estado soberano, consciente de sus derechos, dispuesto a dialogar, pero que rechaza cualquier forma de presión o tutela. Esta actitud positiva, unida a una firmeza sin ambigüedades, constituye sin duda la clave de lectura esencial de la postura cubana: dialogar sin renunciar a sí mismo, cooperar sin someterse, resistir sin cerrarse. En un mundo en recomposición, esta línea podría bien aparecer, para muchos países, como un modelo de equilibrio entre soberanía y apertura. (Le Poing)
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Bloqueo
Solidaridad
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