Como se explicó ayer, la Cancillería ha condenado firme y categóricamente la designación de Cuba como país patrocinador del terrorismo por parte de la administración estadounidense y su inclusión en una lista del Departamento de Estado.
Hay varios motivos para esta condena. En primer lugar, Cuba no es un país patrocinador del terrorismo. Esto lo sabe el presidente de Estados Unidos. Lo sabe el secretario de Estado, que ayer mintió deliberadamente cuando designó a Cuba como tal. Es conocido por los funcionarios del Departamento de Estado y los agentes del orden de Estados Unidos.
Otro argumento es que Cuba no reconoce las listas de designación de países emitidas por el Departamento de Estado. Tales listas, como la de los Estados que presuntamente patrocinan el terrorismo, son completamente unilaterales, no son reconocidas internacionalmente ni reconocidas por ninguna autoridad internacional; existen y fueron creados para difamar a países con los que Estados Unidos tiene diferencias, con los que tiene desacuerdos, y para aplicar medidas económicas coercitivas contra ellos. Se utilizan como pretexto para castigar a países, como Cuba, que se sanciona con medidas económicas coercitivas para castigar al pueblo cubano ya nuestra nación.

Otro argumento es que Cuba ha sufrido el terrorismo, un terrorismo organizado, financiado y perpetrado por el gobierno de los Estados Unidos o por individuos y organizaciones radicadas u operando desde territorio estadounidense con la indulgencia de las autoridades de este país.
Podría decir que otro argumento es el oportunismo político de aquellos funcionarios o personas que sienten que tienen una deuda política a raíz de las recientes elecciones en Estados Unidos o quienes están haciendo favores anticipadamente en preparación para 2024 y creen que a una minoría de Los intransigentes sobre Cuba es un llamamiento para que se apliquen medidas contra nuestro país en el último minuto.
(CubaMinrex)
