Denuncia Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, ante la ONU una posible agresión militar de EE.UU. contra Cuba y alerta de una "catástrofe humanitaria"

Denuncia Ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez, ante la ONU una posible agresión militar de EE.UU. contra Cuba y alerta de una "catástrofe humanitaria"

Intervención del ministro de Relaciones Exteriores Bruno Rodríguez Parrilla en el debate abierto del Consejo de Seguridad sobre “La defensa de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y el fortalecimiento del sistema internacional centrado en la ONU”, Nueva York, 26 de mayo de 2026.

Señor presidente, distinguidos representantes permanentes:

Valoramos altamente el liderazgo de la República Popular China en la defensa de la paz y la seguridad internacionales, la observancia del Derecho Internacional; la preservación, fortalecimiento y reforma apropiada de la Organización de las Naciones Unidas, en particular la democratización, transparencia y eficacia del Consejo de Seguridad y el empoderamiento de la Asamblea General; así como en la construcción de un orden internacional multilateral, basado en la igualdad soberana, justo y democrático.

Prueba de ello son las iniciativas globales promovidas por el presidente Xi Jinping, que apoyamos, para enfrentar los desafíos actuales mediante una genuina cooperación multilateral. La convocatoria de este debate abierto también lo evidencia.

El 26 de septiembre de 1960 en la Asamblea General de la ONU el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz señaló: "¡Desaparezca la filosofía del despojo, y habrá desaparecido la filosofía de la guerra!" Lo recordamos vivamente en el año de su centenario.

Señor presidente:

¿Cómo referirse a la defensa del papel central de las Naciones Unidas, a la promoción de la paz y el desarrollo, a la salvaguardia del orden internacional sustentado en el Derecho Internacional y las normas básicas en las relaciones internacionales, a fin de evitar nuevos conflictos, donde los fuertes se imponen sobre los débiles; sin mencionar el genocidio contra Palestina o la agresión imperialista contra la República Islámica de Irán y la guerra en el Medio Oriente?

El gobierno de los Estados Unidos, en los hechos, está en una posición de quebrantamiento de la paz y la seguridad internacionales y de violación del Derecho Internacional y del Derecho Internacional Humanitario respecto a la República de Cuba.

La instrucción de cargos penales contra el líder de la Revolución cubana, General de Ejército Raúl Castro Ruz es un acto moralmente infame, y legalmente arbitrario por abuso de la jurisdicción de las Cortes estadounidenses, por la manipulación del lugar del derribo de los aviones ocurrido en el espacio aéreo y marítimo del territorio cubano; por las misiones terroristas e ilegales que cumplieron estos frecuentemente, en violación de leyes estadounidenses, por la impunidad y complicidad de autoridades de ese país y por desconocer el derecho a la legítima defensa de los Estados.

Es una decisión políticamente motivada, fraudulenta y dirigida a engañar a los ciudadanos estadounidenses y extranjeros, 30 años después de los acontecimientos, con el vil propósito de que apoyen una aventura militar contra Cuba para conseguir un “cambio de régimen” o una “construcción de nación”, como le llaman eufemísticamente ahora.

El cerco petrolero o energético que Estados Unidos aplica a Cuba, equivale por sus efectos a un bloqueo naval, que es un acto de guerra y de genocidio que somete a la población cubana a condiciones que amenazan su integridad y existencia y constituye un cruel e indiscriminado “castigo colectivo” que hoy provoca muertes, como refleja la duplicación de la tasa de mortalidad infantil, de 4,0 a 9,2 por cada mil nacidos vivos o la reducción de la expectativa de viva de niños enfermos de cáncer de un 85 a un 65%.

Una agresión militar provocaría un baño de sangre. Morirían miles de cubanos defendiendo la Patria y valores y razones sagradas, y perecerían también jóvenes estadounidenses, sin causa ni ideal que defender, arrastrados a la violencia por una política imperialista, neofascista; de dominación, saqueo y conquista.

Me dirijo, en especial, a los ciudadanos estadounidenses, especialmente a sus jóvenes, y apelo a sus valores humanos, sus sentimientos pacifistas y nobles y les pido que busquen la verdad y no permitan se les engañe ni manipule por una camarilla elitista, corrompida y poderosa de Miami, no representativa del pueblo estadounidense ni de los cubanos residentes en este país, quienes se oponen mayoritariamente a la barbarie de la guerra y del bloqueo energético.

El Presidente que diera esa orden de ataque militar, el Secretario de Estado y de Guerra que lo instigan a hacerlo, pasarían a la historia como criminales de guerra, autores directos de crímenes de lesa humanidad. No puede esgrimirse justificación alguna para una agresión ni actos inhumanos coercitivos y semejantes a aquella por su impacto humanitario. ¡Dejen a Cuba vivir en paz!

Durante más de seis décadas, el gobierno estadounidense ha fabricado pretextos para intentar justificar su conducta criminal.

Ha utilizado el absurdo argumento de presentar a la pequeña pero simbólica isla como una supuesta amenaza a la seguridad nacional de la superpotencia nuclear, idea que desafía la lógica y el sentido común, además de descansar en afirmaciones e insinuaciones totalmente mendaces.

Como ha reiterado el presidente Miguel Díaz-Canel, Cuba no es ni puede ser una amenaza. No es un enemigo de Estados Unidos ni quiere serlo, pese a significativas diferencias con su gobierno. Cuba tiene profundos y fraternos vínculos con el pueblo y la cultura estadounidenses. Continuaremos recibiendo con calidez y hospitalidad a los viajeros estadounidenses, aunque su gobierno restrinja sus libertades; y a sus empresarios y compañías con proyectos competitivos para que participen, sin discriminación alguna, en nuestro desarrollo económico, aunque el bloqueo lo obstaculice.

Sin embargo, ahora una plutocracia corrupta e inmoral esgrime la leyenda de la incompetencia y supuesta corrupción de nuestro gobierno y el supuesto peligro de “crisis humanitaria” como justificación de una intervención extranjera. Lo dice, cínicamente, el propio verdugo que de manera fría, malvada y deliberada provoca con sus acciones efectos devastadores, como los que ocasionarían en cualquier país del mundo, con independencia de su potencial económico, su nivel de desarrollo o la naturaleza de su sistema político.

Pese a la falta de progresos y de buena voluntad,  a la falta de seriedad y coherencia de la parte estadounidense, seguimos dispuestos a continuar conversaciones; tratar los problemas bilaterales, sin injerencia en nuestros asuntos internos, ni en nuestro sistema político, ni en nuestras elecciones; y buscar formas de comportamiento civilizado y cooperación multifacética, en particular en materia de terrorismo, narcotráfico, crimen trasnacional organizado, migración regular y segura, trata de personas, compensaciones económicas mutuas y otras.

Se trata de una agresión unilateral sin precedentes y sin justificación alguna.  Mediante la intimidación y las sanciones “secundarias”, aplicables a terceros, el gobierno de Estados Unidos pretende obligar a todos los Estados a participar, en contra de su voluntad, en sus políticas atroces contra Cuba, lo que no ocurrirá.

Pido a la comunidad internacional que se movilice para impedir una catástrofe humanitaria que pueda imponerse, ya por la vía de las armas o por la vía del cerco energético y el endurecimiento extremo del bloqueo que también matan y provocan sufrimiento.

Pido a la América Latina y el Caribe que actúe para preservar su condición de Zona de Paz y evite consecuencias adversas que desestabilizarían la región.

Es hora de que una amplia articulación internacional, por encima de diferencias políticas, enfoques ideológicos, diferendos históricos, ponga límite e impida los desmanes que amenazan y dañan los intereses nacionales, los pueblos y las prerrogativas soberanas de todos los Estados.

El Sur Global debería luchar por ello y protegerse colectivamente de cualquier represalia, en la voz y la acción colectivas y en la cooperación mutua. Pido humildemente: ha llegado la hora de la solidaridad con Cuba que siempre lo ha sido con todos, sin nunca haberse detenido en riesgos, a veces mortales; ni en intereses ni escasez material.

No encuentro la manera de referirme a la defensa del papel central de las Naciones Unidas y a la promoción de la Paz y el Desarrollo y a la responsabilidad primordial del Consejo de Seguridad en el mantenimiento de la Paz y la Seguridad Internacionales y su contribución al diálogo y la promoción de soluciones políticas; sin pedir a este Consejo de Seguridad que, con realismo, al menos intente cumplir su primario y supremo mandato respecto a la amenaza militar y el bloqueo energético contra Cuba; ni puedo abstenerme de alentar a la Asamblea General de Naciones Unidas a que, en cualquier caso, use con determinación sus amplios y decisivos poderes, su autoridad moral, legal y democrática que le confirieron los pueblos, en la situación de Cuba.

Nadie dude, que llegados a un momento que esperamos nunca ocurra, el pueblo de Cuba combatirá hasta las últimas consecuencias.

Patria o muerte, ¡venceremos!

Muchas gracias.

 


Intervento del ministro delle Relazioni Estere Bruno Rodríguez Parrilla nel dibattito aperto del Consiglio di Sicurezza su “La difesa degli scopi e dei principi della Carta delle Nazioni Unite e il rafforzamento del sistema internazionale incentrato sull’ONU”, New York, 26 maggio 2026.

Signor Presidente, illustri rappresentanti permanenti:

Apprezziamo molto la leadership della Repubblica Popolare Cinese nella difesa della pace e della sicurezza internazionale, nel rispetto del diritto internazionale; nella salvaguardia, nel rafforzamento e nell’adeguata riforma dell’Organizzazione delle Nazioni Unite, in particolare la democratizzazione, la trasparenza e l’efficacia del Consiglio di Sicurezza e il potenziamento dell’Assemblea Generale; nonché nella costruzione di un ordine internazionale multilaterale, basato sull’uguaglianza sovrana, giusto e democratico.

Ne sono prova le iniziative globali promosse dal presidente Xi Jinping, che noi sosteniamo, per affrontare le sfide attuali attraverso una genuina cooperazione multilaterale. Anche la convocazione di questo dibattito aperto ne è una dimostrazione.

Il 26 settembre 1960, all'Assemblea Generale dell'ONU, il Comandante in Capo Fidel Castro Ruz ha affermato: "Sparisca la filosofia della spoliazione, e sarà scomparsa la filosofia della guerra!" Lo ricordiamo vividamente nell'anno del suo centenario.

Signor Presidente:

Come si può parlare della difesa del ruolo centrale delle Nazioni Unite, della promozione della pace e dello sviluppo, della salvaguardia dell’ordine internazionale fondato sul diritto internazionale e sulle norme fondamentali delle relazioni internazionali, al fine di evitare nuovi conflitti in cui i forti si impongono sui deboli, senza menzionare il genocidio contro la Palestina o l’aggressione imperialista contro la Repubblica Islamica dell’Iran e la guerra in Medio Oriente?

Il governo degli Stati Uniti, nei fatti, si trova in una posizione di violazione della pace e della sicurezza internazionali e di inosservanza del diritto internazionale e del diritto internazionale umanitario nei confronti della Repubblica di Cuba.

L'incriminazione penale del leader della Rivoluzione cubana, il Generale dell'Esercito Raúl Castro Ruz, è un atto moralmente infame e giuridicamente arbitrario per abuso della giurisdizione dei tribunali statunitensi, per la manipolazione del luogo dell'abbattimento degli aerei avvenuto nello spazio aereo e marittimo del territorio cubano; per le missioni terroristiche e illegali che questi hanno spesso compiuto, in violazione delle leggi statunitensi, per l’impunità e la complicità delle autorità di quel paese e per il mancato riconoscimento del diritto alla legittima difesa degli Stati.

Si tratta di una decisione politicamente motivata, fraudolenta e volta a ingannare i cittadini statunitensi e stranieri, a 30 anni dai fatti, con il vile scopo di indurli a sostenere un'avventura militare contro Cuba per ottenere un «cambio di regime» o una «costruzione della nazione», come la chiamano eufemisticamente ora.

L'assedio petrolifero o energetico che gli Stati Uniti applicano a Cuba equivale, per i suoi effetti, a un blocco navale, che è un atto di guerra e di genocidio che sottopone la popolazione cubana a condizioni che minacciano la sua integrità ed esistenza e costituisce una crudele e indiscriminata “punizione collettiva” che oggi provoca morti, come dimostra il raddoppio del tasso di mortalità infantile, da 4,0 a 9,2 per mille nati vivi, o la riduzione dell’aspettativa di vita dei bambini malati di cancro dall’85 al 65%.

Un’aggressione militare provocherebbe un bagno di sangue. Morirebbero migliaia di cubani difendendo la Patria e valori e ragioni sacre, e perirebbero anche giovani statunitensi, senza causa né ideale da difendere, trascinati alla violenza da una politica imperialista, neofascista; di dominio, saccheggio e conquista.

Mi rivolgo, in particolare, ai cittadini statunitensi, specialmente ai giovani, e faccio appello ai loro valori umani, ai loro sentimenti pacifisti e nobili e chiedo loro di cercare la verità e di non lasciarsi ingannare né manipolare da una cricca elitaria, corrotta e potente di Miami, non rappresentativa del popolo statunitense né dei cubani residenti in questo paese, che si oppongono in maggioranza alla barbarie della guerra e del blocco energetico.

Il Presidente che desse quell’ordine di attacco militare, il Segretario di Stato e quello alla Guerra che lo istigano a farlo, passerebbero alla storia come criminali di guerra, autori diretti di crimini contro l’umanità. Non si può addurre alcuna giustificazione per un’aggressione né per atti coercitivi disumani e simili a quella per il loro impatto umanitario. Lasciate che Cuba viva in pace!

Per oltre sei decenni, il governo statunitense ha inventato pretesti per cercare di giustificare la sua condotta criminale.

Ha utilizzato l'argomento assurdo di presentare la piccola ma simbolica isola come una presunta minaccia alla sicurezza nazionale della superpotenza nucleare, un'idea che sfida la logica e il buon senso, oltre a basarsi su affermazioni e insinuazioni totalmente mendaci.

Come ha ribadito il presidente Miguel Díaz-Canel, Cuba non è né può essere una minaccia. Non è un nemico degli Stati Uniti né vuole esserlo, nonostante le significative differenze con il loro governo. Cuba ha legami profondi e fraterni con il popolo e la cultura statunitensi. Continueremo ad accogliere con calore e ospitalità i viaggiatori statunitensi, anche se il loro governo ne limita le libertà; e i loro imprenditori e le loro aziende con progetti competitivi affinché partecipino, senza alcuna discriminazione, al nostro sviluppo economico, anche se il blocco lo ostacola.

Tuttavia, ora una plutocrazia corrotta e immorale brandisce la leggenda dell’incompetenza e della presunta corruzione del nostro governo e il presunto pericolo di una “crisi umanitaria” come giustificazione di un intervento straniero. Lo afferma, cinicamente, lo stesso carnefice che, in modo freddo, malvagio e deliberato, provoca con le sue azioni effetti devastanti, come quelli che causerebbero in qualsiasi paese del mondo, indipendentemente dal suo potenziale economico, dal suo livello di sviluppo o dalla natura del suo sistema politico.

Nonostante la mancanza di progressi e di buona volontà,  nonché la mancanza di serietà e coerenza da parte degli Stati Uniti, siamo ancora disposti a proseguire i colloqui; ad affrontare i problemi bilaterali, senza ingerenze nei nostri affari interni, né nel nostro sistema politico, né nelle nostre elezioni; e a cercare forme di comportamento civile e cooperazione multiforme, in particolare in materia di terrorismo, traffico di droga, criminalità organizzata transnazionale, migrazione regolare e sicura, tratta di esseri umani, compensazioni economiche reciproche e altro.

Si tratta di un'aggressione unilaterale senza precedenti e senza alcuna giustificazione.  Attraverso l'intimidazione e le sanzioni “secondarie”, applicabili a terzi, il governo degli Stati Uniti intende costringere tutti gli Stati a partecipare, contro la loro volontà, alle sue politiche atroci contro Cuba, cosa che non accadrà.

Chiedo alla comunità internazionale di mobilitarsi per impedire una catastrofe umanitaria che potrebbe verificarsi, sia per la via delle armi sia per la via dell’assedio energetico e dell’estremo rafforzamento del blocco, che uccidono e provocano sofferenza.

Chiedo all’America Latina e ai Caraibi di agire per preservare la loro condizione di Zona di Pace ed evitare conseguenze avverse che destabilizzerebbero la regione.

È giunto il momento che un ampio movimento internazionale, al di là delle differenze politiche, degli orientamenti ideologici e delle controversie storiche, ponga un freno e impedisca gli abusi che minacciano e danneggiano gli interessi nazionali, i popoli e le prerogative sovrane di tutti gli Stati.

Il Sud del mondo dovrebbe lottare per questo e proteggersi collettivamente da qualsiasi ritorsione, attraverso la voce e l'azione collettiva e la cooperazione reciproca. Chiedo umilmente: è giunto il momento della solidarietà con Cuba, che è sempre stata solidale con tutti, senza mai fermarsi di fronte ai rischi, a volte mortali, né agli interessi o alla scarsità materiale.

Non trovo il modo di fare riferimento alla difesa del ruolo centrale delle Nazioni Unite e alla promozione della pace e dello sviluppo, nonché alla responsabilità primaria del Consiglio di Sicurezza nel mantenimento della pace e della sicurezza internazionale e al suo contributo al dialogo e alla promozione di soluzioni politiche, senza chiedere a questo Consiglio di Sicurezza che, con realismo, cerchi almeno di adempiere al suo mandato primario e supremo riguardo alla minaccia militare e al blocco energetico contro Cuba; né posso astenermi dall’incoraggiare l’Assemblea Generale delle Nazioni Unite affinché, in ogni caso, utilizzi con determinazione i suoi ampi e decisivi poteri, la sua autorità morale, legale e democratica che le sono stati conferiti dai popoli, nella situazione di Cuba.

Nessuno dubiti che, giunti a un momento che speriamo non si verifichi mai, il popolo di Cuba combatterà fino alle ultime conseguenze.

Patria o morte, vinceremo!

Grazie molte


 

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