Queridos camaradas:
En primer lugar, queremos agradecer a la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba (UJC) por la organización de estas nuevas brigadas internacionales. El MJCF se siente particularmente honrado de formar parte de ellas y de poder asistir, junto a todos ustedes, a este coloquio por el centenario de Fidel Castro.
La solidaridad con Cuba forma parte integral de la historia del MJCF. En 1964, jóvenes comunistas franceses ya viajaban a Cuba en estancias de Loisirs et Vacances de la Jeunesse (LVJ) para apoyar a la Revolución.
Estas brigadas son, ciertamente, momentos de solidaridad, pero también una oportunidad para aprender de la experiencia cubana y del pensamiento de sus revolucionarios. Una revolución no se sostiene únicamente por sus instituciones, sino por la conciencia del pueblo y su capacidad para formar nuevas generaciones que le den continuidad. Por eso, este coloquio nos permite mantener vivas las ideas de Fidel, para que nutran las luchas de las nuevas generaciones, en Cuba y en todo el mundo.
No hay soberanía política sin soberanía económica
Uno de los grandes aportes de Fidel es su concepción de las relaciones entre las naciones. A las relaciones de dominación oponía la soberanía de los pueblos, la cooperación y los intercambios entre todos los países sin distinción. En un período en el que la crisis del imperialismo estadounidense impulsa la guerra y pone en cuestión el derecho internacional, ¡esto debe servirnos de brújula!
No hay soberanía si un pueblo no dispone de los medios materiales para decidir libremente su futuro. Esta es una de las grandes lecciones de la Revolución cubana: la independencia política no puede ser real sin independencia económica. Dominar lo que producimos, nuestros recursos y su utilización es indispensable para poder elegir libremente nuestro futuro. Para nosotros, el socialismo es precisamente el medio para dar a los pueblos el control de su destino. Así fue como Fidel concibió la transición hacia el socialismo desde 1961.
Y esto resulta particularmente actual para nosotros ante el alineamiento de Francia con Estados Unidos. Décadas de liberalismo y desindustrialización han privado a nuestro país de sus capacidades productivas y, por tanto, de los medios para decidir soberanamente su desarrollo.
Cientos de miles de millones para el rearme, nada para la escuela
Esta pérdida de soberanía económica va de la mano de una integración cada vez mayor de Francia en el bloque atlántico. La Unión Europea, al igual que la OTAN, encierra a los pueblos europeos en opciones económicas y estratégicas cada vez más alineadas con los intereses de Estados Unidos.
Hoy vemos una consecuencia muy concreta: mientras se nos repite desde hace años que habría que reducir el gasto público, faltan recursos para la escuela, los hospitales, la universidad o la formación, mientras cientos de miles de millones se movilizan para el rearme de Europa. Frente a la crisis del imperialismo, la Unión Europea arrastra a los pueblos hacia una huida hacia adelante de militarización y guerra. Rechazamos que las riquezas producidas por nuestros pueblos sirvan para preparar la guerra en lugar de garantizar su emancipación e independencia.
Recuperar nuestra soberanía significa recuperar los medios para decidir qué producimos y cómo utilizamos nuestras riquezas. Significa poder reconstruir nuestra industria, desarrollar nuestros servicios públicos y cooperar libremente con los demás pueblos, en lugar de someternos a los intereses del capital y de una potencia extranjera.
Desde hace un año, el MJCF libra la batalla contra el imperialismo estadounidense con su consigna «US Go Home». Trabajamos tanto por una solidaridad internacional concreta como por la construcción de una correlación de fuerzas que permita a nuestro país actuar en favor del respeto del derecho internacional y del fin del bloqueo.
La juventud como fuerza revolucionaria
Otra enseñanza de la acción y el pensamiento de Fidel reside en la importancia que otorgó a la juventud en la construcción del socialismo.
La soberanía de un pueblo no depende únicamente de sus capacidades económicas. Depende también de su capacidad para formar una juventud consciente, organizada y capaz de asumir responsabilidades.
La Revolución cubana demuestra que la juventud puede ser una fuerza revolucionaria cuando se le brindan los conocimientos, la organización y, sobre todo, las responsabilidades necesarias para actuar sobre su época. Es una concepción radicalmente opuesta a la del capitalismo. Este convierte a la juventud en una fuerza de ajuste: una mano de obra que puede ser cada vez más precarizada, explotada y adaptada a las necesidades del capital. Y cuando el imperialismo impulsa la militarización y la guerra, es nuevamente a la juventud a quien se prepara para pagar el precio.
Fidel apostaba por lo contrario: dar a la juventud los medios para emanciparse, al tiempo que le otorgaba una responsabilidad en la emancipación de toda la sociedad.
La campaña de alfabetización de 1961 es un ejemplo destacado: confiar a decenas de miles de jóvenes una responsabilidad concreta en la construcción de la Revolución. La juventud cubana no solo se beneficia de la Revolución: es el motor de las transformaciones sociales que esta impulsa. Esta apuesta es hoy también la nuestra.
No queremos únicamente defender a los jóvenes frente a la precariedad y las políticas que los afectan. Queremos permitirles comprender el mundo, organizarse y transformarlo. Nuestra ambición no es formar una juventud capaz de adaptarse al capitalismo, sino una generación capaz de superarlo.
Construir cooperaciones universitarias entre Francia y Cuba
Desde esta perspectiva, las acciones concretas impulsadas por Fidel en favor de la educación pública y las universidades cubanas nos inspiran en Francia, donde el sector privado ocupa cada vez más espacio, donde la universidad se cierra a los sectores más vulnerables mediante la selección social y donde los jóvenes se endeudan para cursar sus estudios.
Este modelo educativo se extiende a diversos ámbitos de la investigación y la producción, ya sea la medicina, las nuevas tecnologías o la agricultura. Y Cuba pone su modelo al servicio del mundo, mediante la solidaridad y el envío de médicos a diferentes lugares del planeta. Nosotros mismos nos hemos beneficiado de esta solidaridad en Francia, cuando médicos cubanos viajaron a la Guayana durante la epidemia de Covid-19.
Por ello, es indispensable inspirarse en el modelo cubano de planificación: planificar a largo plazo las necesidades de la sociedad para orientar la educación en función de estas, en lugar de hacerlo según objetivos de rentabilidad.
Porque sabemos hasta qué punto son importantes la educación y las cooperaciones universitarias, queremos hacer de la construcción de colaboraciones universitarias entre universidades francesas y cubanas un objetivo concreto de nuestra campaña.
La construcción de intercambios científicos y técnicos permite compartir conocimientos y desarrollar la industria de nuestros dos países. Por eso les proponemos promoverlos mediante la construcción de intercambios estudiantiles y científicos.
Esto es también lo que retenemos de Fidel: un pueblo es libre cuando controla su futuro, y una revolución avanza cuando brinda a su juventud los medios para construirlo.
En Francia, queremos mantener viva esta enseñanza: recuperar nuestra soberanía y dar a la juventud las herramientas para su emancipación, para abrir el camino hacia el socialismo.
¡Viva la UJC!
¡Viva Fidel Castro!
¡Viva la solidaridad internacional!
