El mundo despidió este martes al reverendo Jesse Jackson, incansable luchador por los derechos civiles y la justicia social, cuya vida estuvo marcada por el compromiso con las causas más nobles y la defensa de la dignidad humana. Su trayectoria, profundamente ligada a la lucha contra la discriminación racial y la desigualdad, lo convirtió en una de las figuras más influyentes del movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos.
Discípulo y continuador del legado de Martin Luther King Jr., Jackson dedicó décadas a combatir la segregación, promover la equidad racial y exigir mayores oportunidades para las comunidades históricamente marginadas. Su voz resonó no solo en su país, sino también en escenarios internacionales donde defendió el diálogo, la paz y la justicia social como caminos imprescindibles para la convivencia entre los pueblos.
Ese compromiso lo acercó a Cuba y a su líder histórico, Fidel Castro Ruz, con quien sostuvo una relación de respeto y amistad basada en ideales compartidos: la dignidad de los pueblos, la soberanía nacional, el rechazo al bloqueo y la búsqueda de la equidad racial. Jackson entendió las diferencias entre ambos países y supo que estas no constituían un impedimento para tender puentes y construir una relación respetuosa.
En múltiples ocasiones, el reverendo abogó por el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, convencido de que el entendimiento y el reconocimiento mutuo podían abrir caminos donde la hostilidad había levantado muros. Fue un firme oponente del bloqueo contra la Isla y defendió la necesidad de un diálogo basado en el respeto y la cooperación.
