Como parte de un recorrido por el Caribe, el Comandante en Jefe Fidel Castro llegó a Granada el 2 de agosto de 1998. Minutos después del aterrizaje, aun en el Aeropuerto Internacional Point Salines —hoy Maurice Bishop— el líder de la Revolución Cubana develó una placa en homenaje a los 24 compatriotas caídos durante la invasión estadounidense de 1983.
El viaje de Fidel a Granada se producía en un contexto de relanzamiento de los vínculos bilaterales. Tras años de distanciamiento derivados de la invasión de 1983, ambos gobiernos buscaban reconstruir la confianza y abrir nuevas oportunidades de cooperación. De tal modo, la presencia de Fidel en Granada simbolizó esa voluntad de avanzar hacia una relación renovada.
Al día siguiente de la llegada de la delegación cubana, Fidel, desde el Tanteen Recreation Ground, compartió reflexiones sobre la colonización, la esclavitud y los desafíos del Tercer Mundo frente al dominio de las transnacionales. El mandatario cubano subrayó que la verdadera riqueza de las naciones está en sus recursos humanos. Con ello se refería a la capacidad de los pueblos de educar, formar y cultivar talentos que sostengan su soberanía, pues, para el revolucionario cubano, las naciones pequeñas, como las del Caribe, no podían medir su desarrollo solo en cifras económicas, sino en la preparación de sus ciudadanos.
La visita del verano de 1998 a Granada fue un momento de reafirmación política. Junto al entonces primer ministro Keith Mitchell —líder granadino que mucho aportó a la recuperación de las relaciones entre ambos países— Fidel destacó la importancia de relanzar los vínculos bilaterales, que habían quedado estancados tras la invasión norteamericana. Ese gesto abrió un nuevo capítulo en la relación Cuba–Granada.
Así, la presencia de Fidel en la pequeña isla del Caribe tuvo un impacto que trascendió lo protocolar. Fue la confirmación de que, pese a los años de distanciamiento, Cuba y Granada podían reencontrarse y proyectar nuevas formas de cooperación. El paso por Granada dejó huellas en la vida política y social del país, al reactivar espacios de diálogo y abrir posibilidades en sectores estratégicos como la salud, la educación y la formación técnica.
Hoy, a 28 años de aquella jornada, la visita de Fidel a Granada se mantiene como un símbolo de unidad. No se trata de la mera remembranza del hecho histórico, sino de asumirlo como referente para enfrentar los retos actuales del Caribe.
