Señor Presidente:
Distinguidos representantes:
El gobierno de los Estados Unidos, la superpotencia militar, acrecienta su escalada agresiva contra Cuba. Impone ahora un bloqueo energético y se propone crear una catástrofe humanitaria, utilizando como pretexto la absurda aseveración de que Cuba constituye una amenaza inusual y extraordinaria a su seguridad nacional.
Son acciones criminales e ilegales. Constituyen un despiadado castigo colectivo al pueblo cubano, que durante 67 años ha sufrido las privaciones y carencias provocadas por el más prolongado y cruel sistema de medidas coercitivas unilaterales jamás aplicado contra país alguno.
Cuba no amenaza a los Estados Unidos ni a ningún otro país. Tampoco ha apoyado ninguna actividad hostil contra los Estados Unidos ni permitido que nuestro territorio se utilice contra otra nación. Por el contrario, somos y no dejaremos de ser, una nación de paz y solidaridad.
No es Cuba quien aplica Estrategias de Seguridad Nacional y de Defensa Nacional monroistas, con abiertos propósitos de dominación, ni el país que despliega fuerzas militares y viola la soberanía e integridad territorial de otros Estados. No es Cuba la que ha secuestrado a un presidente constitucional; la que viola impunemente la Zona de Paz de América Latina y el Caribe, ni la que comete ejecuciones extrajudiciales en alta mar o dentro de las aguas jurisdiccionales de otros países.
Cuba no es la que tiene más de 800 bases militares en todo el mundo, ni la que promueve la subversión contra otros gobiernos. Es Estados Unidos, no Cuba, el país que convierte los aranceles punitivos en armas de agresión y aplica sus leyes o usa sus cortes de manera extraterritorial, en violación flagrante de la Carta de la ONU y el Derecho Internacional. Permanecer impasibles ante estas pretensiones de imponer una tiranía global, pone en riesgo a todos los Estados. Si no creamos una articulación internacional amplia, sólida, dejando a un lado nuestras diferencias políticas o ideológicas, sufriremos todos las consecuencias.
Siempre hemos estado listos a dialogar con cualquier país, incluyendo los Estados Unidos, sobre la base de la igualdad soberana, el respeto mutuo, la no injerencia, el Derecho Internacional. No estamos dispuestos a ceder ante la amenaza, ni a renunciar a nuestra libre determinación.
Cuba no agrede nadie, pero defenderá con firmeza su soberanía e independencia. Apreciamos y agradecemos las muestras de solidaridad internacional que evidencian el aislacionismo de la política estadounidense de asfixia y guerra económica contra el pueblo cubano.
Señor Presidente:
Urge que la Conferencia de Desarme cumpla con su importante responsabilidad, más aún en un escenario global cada vez más peligroso y desafiante. La Carta de la ONU y el Derecho Internacional están bajo ataque directo. Se modernizan y amplían los arsenales nucleares. Se integran cada vez más en los sistemas de armas las tecnologías emergentes, incluyendo las asociadas a la inteligencia artificial, las capacidades cibernéticas, los activos espaciales y la tecnología cuántica.
Es creciente el riesgo de militarización del espacio ultraterrestre. Se debilita la maquinaria de desarme de Naciones Unidas y prolifera una agresiva retórica militarista. Se pretende imponer la inaceptable doctrina de la “paz mediante la fuerza”, mientras se abandonan los acuerdos de control de armas.
La no renovación por los Estados Unidos del Tratado Nuevo START, evidencia su postura belicista. Mientras crecen aceleradamente los gastos militares, disminuye rápidamente la Ayuda Oficial para el Desarrollo. Tras una década de incrementos consecutivos, los gastos en armamentos ya alcanzan un récord histórico de 2.7 millones de millones de dólares anuales. Un solo país, Estados Unidos, empleará este año la exorbitante cantidad de 901 mil millones de dólares en armas cada vez más mortíferas.
Es irracional y suicida que en nuestro planeta se continúen priorizando los recursos para la guerra en lugar de destinarlos a la lucha contra el hambre, la pobreza, las desigualdades y el cambio climático.
Señor Presidente:
La eliminación total de las armas nucleares, de forma transparente, verificable e irreversible, es y debe continuar siendo la máxima prioridad en la esfera del desarme. Continuaremos abogando por la universalidad y aplicación del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, primer instrumento internacional en establecer que esas armas no son solo inhumanas, inmorales y éticamente indefendibles; sino también ilegales.
Nuestros pueblos tienen derecho a vivir en un planeta sin armas nucleares. Apoyamos el inicio inmediato de negociaciones en esta Conferencia para adoptar, en el plazo más breve posible, un tratado que prohíba la carrera de armamentos en el espacio ultraterrestre, y otro que brinde garantías de seguridad incondicionales y jurídicamente vinculantes a los Estados no poseedores, de que las armas nucleares nunca se utilizarán contra ellos. Cuba continuará defendiendo el multilateralismo, el Derecho Internacional y la paz, pilares indispensables para un mundo más justo y seguro.
Muchas gracias
(Cubaminrex)
