Declaración del embajador Pedro Luis Pedroso en nombre del G-77 y China en la 104ª reunión de ministros y gobernadores del Grupo de los 24 (G24)

Washington, 11 de abril de 2023

Señor Presidente,

Excelencias,

Señoras y señores,

En nombre del G77 y China, quisiera expresar mi agradecimiento por la invitación para participar en esta reunión y mejorar así la coordinación entre nuestros Grupos, que representan los intereses de los países en desarrollo.

Estamos plenamente convencidos de la creciente importancia y complementariedad de nuestros esfuerzos colectivos, y de que el G24 y el G77 más China deben trabajar en estrecha colaboración para impulsar de consuno las tan esperadas y necesarias reformas de la arquitectura financiera internacional.

Es un privilegio y un honor para mí compartir las opiniones y preocupaciones del Grupo de los 77 más China sobre la compleja situación financiera y económica que enfrenta el mundo hoy.  

Los países en desarrollo se enfrentan a múltiples retos interrelacionados, que les impiden cada vez más brindar prosperidad a sus poblaciones de forma sostenible, recuperarse con rapidez de los efectos de la pandemia del Covid-19, garantizar la seguridad alimentaria a su población, sostener una deuda externa cada vez mayor y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030.

Las repercusiones socioeconómicas negativas provocadas por la pandemia de Covid-19, las tensiones geopolíticas, el aumento de la inflación y el lento crecimiento económico, el endurecimiento de las condiciones monetarias y financieras, la carga insostenible de la deuda, las medidas coercitivas unilaterales, los continuos y múltiples efectos adversos del cambio climático y la pérdida de la biodiversidad amenazan con hacer retroceder aún más los avances logrados en materia de desarrollo durante al menos una década.

Se calcula que el número de personas adicionales que caerán en la pobreza extrema en los países endeudados o con alto riesgo de caer en ella será de 175 millones para el año 2030. En 2022, el Banco Mundial ya anunció que no alcanzaremos el objetivo de acabar con la pobreza extrema para ese año.

El FMI prevé que un tercio de la economía mundial estará en recesión en 2023. Por primera vez, el PNUD ha constatado que el desarrollo humano está decreciendo en nueve de cada diez países. Además, el elevado costo de los préstamos impide a los países en desarrollo invertir en los ODS y aumenta la probabilidad de crisis de deuda. Estos son síntomas de un sistema financiero internacional injusto que perpetúa las desigualdades y está dejando rezagados a países y personas.

Un desarrollo sostenible e inclusivo no será posible si continuamos actuando “como siempre” y no tomamos medidas urgentes y concretas para invertir esta situación y brindar a los países en desarrollo la oportunidad de que participen de forma equitativa y significativa en el proceso de toma de decisiones del desequilibrado orden económico internacional actual.

Excelencias,

En primer lugar, un paso en la dirección correcta es reformar la arquitectura financiera internacional. Esto debería dejar de ser una petición de los países en desarrollo y empezar a ser un compromiso de todo gobierno que desee el bienestar de la población mundial. Necesitamos fortalecer la participación de los países en desarrollo en los asuntos económicos y financieros. El actual sistema de gobernanza elaborado hace casi un siglo no refleja la realidad de las estructuras multilaterales actuales. Esto implica:

  1. Proseguir con la reforma de la gobernanza en las IFI, en especial en el FMI y el Banco Mundial;
  2. Una arquitectura mundial de la deuda soberana más tolerable, con una participación significativa de los países en desarrollo;
  3. La reasignación voluntaria de los Derechos Especiales de Giro (DEG) no utilizados a los países en desarrollo y una nueva asignación de los mismos;
  4. Plataformas inclusivas y eficaces para diseñar y debatir reglas y normas fiscales internacionales en las Naciones Unidas;
  5. Una pronta y considerable recapitalización de los Bancos Multilaterales de Desarrollo con el fin de hacer frente a las importantes necesidades financieras de los países en desarrollo.

En segundo lugar, el sistema de comercio internacional debería reformarse todavía más y deberían crearse cadenas de suministro estables y sostenibles para contribuir a la consecución de los ODS, mediante la promoción del crecimiento impulsado por las exportaciones en los países en desarrollo. A tal efecto, debe reforzarse el trato especial y diferenciado para los países en desarrollo como principio multilateral. Convendría eliminar de inmediato el unilateralismo y el proteccionismo, incluidas la protección y las restricciones comerciales unilaterales, incompatibles con los Acuerdos de la OMC, incluido el uso de medidas económicas coercitivas unilaterales contra los países en desarrollo por motivos políticos.

En tercer lugar, es importante avanzar en el establecimiento del conjunto de medidas de progreso en materia de desarrollo sostenible, que complementen o vayan más allá del producto interno bruto a fin de informar sobre el acceso a financiación en condiciones favorables y a cooperación técnica por parte de los países en desarrollo.

En cuarto lugar, el compromiso de los países desarrollados de aportar el 0,7% de la AOD sigue sin cumplirse y nunca se ha alcanzado. Todos los asociados para el desarrollo deben ganarse la confianza de los países receptores y hacer que su apoyo esté sea acorde a su desarrollo sostenible nacional. Las crisis actuales no deben utilizarse en ningún caso como excusa para ralentizar o incumplir las obligaciones y los compromisos contraídos por nuestros países desarrollados asociados con los países en desarrollo.

En quinto lugar, el programa sobre el cambio climático debe aplicarse de manera plena y rigurosa conforme al principio de equidad y de responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas. En este sentido, es fundamental materializar los compromisos sobre la movilización de los recursos para hacer frente al cambio climático. Es sumamente desalentador que el objetivo de movilizar 100 000 millones de dólares al año y hasta 2020 nunca se cumpliera.

En sexto lugar, es de importancia decisiva promover urgentemente la transferencia de tecnología y el fomento de la capacidad, así como la cooperación tecnológica y científica de los países desarrollados a los países en desarrollo, a fin de fomentar el desarrollo sostenible en sus tres dimensiones y la plena aplicación de la Agenda 2030.

Excelencias,

Las medidas que acabamos de mencionar han sido enunciadas en varias ocasiones por los líderes de los países del Sur. La falta de avances no debe atribuirse a la falta de soluciones. Las acciones están ahí. Lo que hace falta con urgencia es voluntad política para poner en práctica lo que todos sabemos que es necesario para superar una de las crisis más complejas que ha vivido la humanidad en la historia moderna.

Nosotros, como líderes del mundo en desarrollo, tenemos la responsabilidad de unirnos y reclamar con una sola voz los cambios necesarios para garantizar un futuro sostenible para las generaciones venideras.

Gracias