Señor Presidente:
El aumento de conflictos armados, los ataques contra infraestructura e instalaciones civiles, incluidos hospitales y escuelas, trabajadores humanitarios; así como el incremento de los desplazamientos forzados y de la inseguridad alimentaria, evidencian una profunda erosión del Derecho Internacional Humanitario y de la Carta de las Naciones Unidas.
Observamos con preocupación la tendencia de reinterpretar estas normas a favor de intereses hegemónicos y de dominación, para justificar ataques indiscriminados, castigos colectivos y el uso del hambre y los bloqueos como métodos de guerra.
Uno de los mayores ataques contra poblaciones civiles se materializa hoy en Palestina a manos de Israel, con el apoyo político, diplomático, militar y financiero de Estados Unidos. Solo durante el pasado mes de abril, las fuerzas israelíes y los colonos asesinaron a más de 120 palestinos en los territorios ocupados, entre ellos niños, mujeres y periodistas, e hirieron, además, a numerosas personas. Desde el 2023 y hasta el 6 de mayo último, alrededor de 73 mil palestinos han sido asesinados, según un reporte de OCHA.
Los sistemáticos ataques israelíes en todo el territorio palestino ocupado, contra viviendas, refugios para desplazados, lugares de culto, calles, vehículos, instalaciones humanitarias y escuelas, son crímenes de lesa humanidad. La Potencia Ocupante debe rendir cuentas por el apartheid y el genocidio contra el pueblo palestino.
Señor Presidente:
Denunciamos la detención arbitraria, en aguas internacionales, y la tortura por el régimen israelí contra Saif Abukeshek y Thiago Ávila, miembros de la Flotilla Global Sumud, que transportaba ayuda humanitaria hacia la Franja de Gaza. Rechazamos la impunidad con que Israel comete nuevas violaciones del Derecho Internacional y los derechos humanos.
Reiteramos nuestra enérgica condena a los ataques perpetrados por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán, que han cobrado la vida a cerca de 2000 civiles inocentes, entre ellos las niñas de la escuela primaria de Minah. Debe ponerse fin a los asesinatos políticos y a los bombardeos indiscriminados contra escuelas y hospitales, que violan el Derecho Internacional Humanitario.
Llamamos también a respetar la soberanía nacional e integridad territorial de todas las naciones de Oriente Medio, y a cesar los actos que provocan daños humanos y a las infraestructuras de esas naciones, incluidos los Estados árabes del Golfo.
Condenamos los persistentes ataques israelíes contra el Líbano y las reiteradas violaciones del alto el fuego, que ponen en peligro a la población civil y amenazan la estabilidad regional.
Señor Presidente:
Evitar los conflictos y atender sus causas raigales es la mejor forma de proteger a las poblaciones civiles y a las generaciones futuras del flagelo de la guerra. Sin embargo, observamos con profunda preocupación la tendencia creciente a la proliferación de los conflictos, el desmedido aumento del gasto militar y la peligrosa carrera armamentista.
Mientras se destinan más de 2.4 billones de dólares anuales a armas y guerras, millones de seres humanos carecen de alimentos, medicinas, educación y servicios básicos. Más de 800 millones de personas continúan viviendo en condiciones de pobreza extrema, según el Informe de 2025 de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En un escenario internacional crecientemente inestable, se impone la llamada "paz basada en la fuerza". La proliferación de medidas coercitivas unilaterales, de guerras cognitivas o no convencionales, la ocupación de territorios, la conquista de recursos naturales, la inobservancia y violación del Derecho Internacional, la aplicación brutal de instrumentos de dominación y de hegemonía, agravan la ya profunda crisis multidimensional que enfrenta la humanidad.
En este contexto, Cuba recibe constantes amenazas del Gobierno de los Estados Unidos, que anuncia sin pudor ante el mundo su intención de emplear la fuerza armada contra nuestro país, sin que medie agresión alguna por nuestra parte, ni argumento válido para sustentar tan grave e irracional acción. Al gobierno de la principal potencia militar mundial y miembro permanente de este Consejo no le ha bastado con haber impuesto a Cuba un bloqueo brutal durante más de 60 años, condenado por la inmensa mayoría de la membresía de la ONU, y haberla incluido, sin argumento válido alguno, en una lista arbitraria de supuestos Estados patrocinadores del terrorismo. En los meses más recientes, Estados Unidos ha reforzado su guerra económica contra nuestro país, llevándola a niveles extremos con un cerco energético tipificado en el Derecho Internacional como un acto de guerra, y con órdenes ejecutivas que imponen sanciones secundarias contra empresas, bancos y entidades extranjeras, incluso si sus negocios en los Estados Unidos no tienen relación con Cuba.
Denunciamos el carácter criminal de estas medidas de agresión, dirigidas a rendir por hambre y desesperación a toda la población cubana, y que persiguen generar una catástrofe social, económica y política a escala nacional. Rechazamos, además, la intención del gobierno de los Estados Unidos de construir un escenario de crisis humanitaria para justificar acciones más punitivas, incluida una eventual agresión militar contra Cuba.
Resulta mendaz declarar a Cuba como una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional de Estados Unidos. Por el contrario, Cuba ha sido el blanco de incontables acciones ofensivas, fraguadas desde ese territorio, que han dejado miles de cubanos heridos o muertos. Jamás ha salido de Cuba una sola acción ofensiva contra la seguridad nacional de ese país, ni de ningún otro.
Resulta cuando menos cínico señalar a Cuba como amenaza, mientras se profieren, a diario, desde Washington, las más apocalípticas amenazas contra nuestro país. Han construido una narrativa hostil sobre la cual seguir asfixiando al pueblo cubano, además de escalar a un conflicto que pudiera tener consecuencias inimaginables para ambos pueblos y para toda la región.
Cuba reafirma su firme compromiso con el multilateralismo, la diplomacia y el arreglo pacífico de controversias. Somos un pueblo amante y defensor de la paz, pero dispuesto a defender nuestra soberanía e independencia a cualquier precio.
Muchas gracias.
