Señor Presidente,
Recientemente, el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, Stephen Miller, declaró en una entrevista a CNN: “El mundo real se rige por las ‘leyes de hierro’ de la fuerza y el poder, más que por protocolos internacionales. Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, el mundo real, que se rige por la potencia, que se rige por la fuerza, que se rige por el poderío. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.
Estas declaraciones del Sr. Miller constatan la nueva doctrina de dominación con la que el gobierno de Estados Unidos, que prioriza el poder unilateral, valiéndose de amenazas y coerción en lugar de la diplomacia multilateral; donde prevalece la fuerza y la supremacía militar por encima de las normas del Derecho Internacional, y que pretende dar al traste con el actual orden mundial basado en el respeto a la Carta de las Naciones Unidas.
En este contexto, Cuba reitera su condena, en los términos más enérgicos, a la agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela, así como su absoluto respaldo y solidaridad con la hermana República Bolivariana y su gobierno.
Reiteramos nuestro reclamo por la inmediata liberación por parte de las autoridades estadounidenses del presidente Nicolás Maduro Moros y la compañera Cilia Flores.
La cobarde agresión estadounidense es un acto criminal, violatorio del Derecho Internacional y la Carta de la ONU. Se trata de una descarnada agresión imperialista y fascista con objetivos de dominación, que pretende reeditar las ambiciones hegemónicas estadounidenses sobre Nuestra América, ancladas en la Doctrina Monroe, y la meta de tener acceso y control irrestricto sobre las riquezas naturales de Venezuela y la región. Busca también amedrentar y avasallar a los gobiernos de América Latina y el Caribe, y con ello pisotear los valores y principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
Señor Presidente,
Todo debate sobre la paz refuerza su importancia en momentos en que proliferan los conflictos armados, la amenaza y el uso de la fuerza y las medidas coercitivas unilaterales; se promulgan nociones que abogan por la imposición de una supuesta paz por medio de la fuerza y planes de usurpación de tierras y recursos naturales que pertenecen a Estados soberanos, así como otras afrentas directas a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho Internacional.
Mientras tanto, el principal contribuyente de esta Organización, EE.UU., se retira de una treintena de oficinas, programas y agencias de la ONU, lo que confirma su desprecio hacia el multilateralismo, que sí promueve la mayoría de la comunidad internacional.
Al mismo tiempo que EE.UU. abandona espacios creados para promover el Derecho Internacional, el desarrollo sostenible, la igualdad de género, la biodiversidad, el enfrentamiento al cambio climático y la lucha contra el racismo, aumenta de forma récord su gasto militar para sostener sus amenazas e invasiones militares.
Ante ese escenario desafiante, reafirmamos la importancia del papel de las Naciones Unidas, como principal baluarte para hacer frente a las amenazas a la paz y la seguridad internacionales.
El respeto pleno a la Carta de la ONU y las normas del Derecho Internacional, así como la defensa del multilateralismo, son imprescindibles en este escenario internacional cada vez más peligroso, en el que la seguridad y el bienestar de nuestras naciones enfrentan retos sin precedentes.
Se precisa erradicar las causas profundas de los conflictos, atender las desigualdades estructurales, la pobreza, la exclusión y el subdesarrollo que afectan, de manera particular, a los países del Sur, como consecuencia de un orden internacional injusto y excluyente. Debe frenarse el colosal gasto militar y apostarse por el desarrollo sostenible. Urge detener el paradigma de la guerra y la coerción, la injerencia en los asuntos internos de otros Estados, y avanzar hacia la paz desde la cooperación, el diálogo, la solidaridad y el respeto mutuo, por encima de las diferencias.
Señor Presidente,
El gobierno de Estados Unidos, que ya mantiene contra Cuba un bloqueo económico, comercial y financiero recrudecido en la última década, ha aprovechado la actual coyuntura para lanzar nuevas amenazas de incrementar, aún más, su coerción económica, lo cual incluye privarnos del suministro de combustible, con el propósito públicamente declarado de asfixiar a nuestro país y rendirnos por la fuerza.
Ante la escalada de la retórica hostil del gobierno de Estados Unidos, recordamos que la historia ha demostrado con creces, que Cuba y su pueblo no conocen de rendiciones ni derrotas. No cederemos ante amenazas ni chantajes, ni renunciaremos jamás a la construcción de nuestro propio destino.
Nos mantendremos firmes en nuestros principios, apegados a la razón y la justicia, comprometidos con el Derecho Internacional y guiados por el espíritu patriótico, rebelde, antiimperialista y digno de nuestro pueblo.
Muchas gracias.
