Intervención del Embajador Ernesto Soberón Guzmán, Representante Permanente de Cuba ante Naciones Unidas en debate abierto del Consejo de Seguridad en ocasión del 80 aniversario de la ONU .

Apoyamos la declaración de la República Bolivariana de Venezuela, en nombre del Grupo de Amigos en Defensa de la Carta de las Naciones Unidas.

Llegue nuestra más profunda solidaridad al gobierno y pueblo venezolanos, que enfrentan una peligrosa amenaza de guerra por parte del gobierno de los Estados Unidos. Urge poner fin a la agresión y evitar una acción militar contra un Estado soberano como Venezuela.  La comunidad internacional debe rechazar los falsos pretextos que se esgrimen para intentar justificar tamaña violación del Derecho Internacional y la Carta de las Naciones Unidas. América Latina y el Caribe debe permanecer como una Zona de Paz.

Este debate abierto del Consejo de Seguridad es tan necesario como oportuno.  Mantener la paz y la seguridad internacionales, como primer propósito de las Naciones Unidas, sigue siendo una meta no cumplida a 80 años de que se creara la Organización.  

En el mundo de hoy, se derrochan recursos billonarios en la carrera armamentista.  Proliferan las maniobras contra Estados soberanos, los enfoques punitivos, los discursos de odio y las ideologías supremacistas.

La mayor potencia mundial desconoce acuerdos internacionales, incluyendo sobre cuestiones cruciales para la supervivencia de la humanidad, como el cambio climático, y se retira de organismos internacionales, cuando no responden a sus egoístas intereses, con absoluto desprecio por la importante actividad que estos desempeñan.  Además, en lugar de fomentar las relaciones de amistad y cooperación entre las naciones, privilegia la coerción.

La política de hostigamiento del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba es ejemplo de ello.  Su bloqueo económico, comercial y financiero constituye el sistema de medidas coercitivas unilaterales más abarcador y prolongado que se haya impuesto contra país alguno.  Su arbitraria designación de Cuba como Estado que supuestamente patrocina el terrorismo es otro acto de coerción económica, sin respaldo ni reconocimiento por institución internacional alguna.

Señor Presidente:

Ante este escenario global, es imprescindible la defensa del multilateralismo y del respeto pleno a los propósitos y principios de la Carta de la ONU y el Derecho Internacional.

Es impostergable la construcción de un nuevo orden internacional justo, democrático y equitativo, en el que todas las naciones, sin excepción, tengan voz y voto en igualdad de condiciones.  Para ello, el papel de las Naciones Unidas es esencial.

  Tenemos el deber de proteger y fortalecer la Organización y su naturaleza intergubernamental.  Sus bases democráticas no deben diluirse en agendas generalizadoras o asumir tendencias a la privatización, sujetas a prioridades impuestas por quien aporta el mayor financiamiento o a los intereses de las grandes potencias y el gran capital transnacional. 

Debe revitalizarse y fortalecerse el papel de la Asamblea General, sin intromisiones del Consejo de Seguridad en su labor. 

Es perentorio reformar este Consejo, para convertirlo en un órgano verdaderamente transparente, inclusivo, democrático y representativo.

Para preservar la credibilidad de las Naciones Unidas, el Consejo debe cumplir con efectividad su función primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales, conforme a la Carta de la ONU, sin dobles raseros.  Por ejemplo, el reciente anuncio de acuerdo de alto al fuego en Gaza no exonera a este órgano de su responsabilidad de poner fin a la injusticia histórica contra el pueblo palestino.  Los crímenes de Israel, con la complicidad del gobierno de los Estados Unidos, no pueden quedar impunes. 

Al propio tiempo, para lograr una paz duradera en el planeta, se precisa de la erradicación de las causas raigales de los conflictos, en particular de los problemas del desarrollo económico y social derivados de siglos de colonización, esclavitud, saqueo y guerras por el reparto del mundo.

Los cuantiosos recursos que hoy se destinan al gasto militar global deben reorientarse en función de la reducción del hambre y la pobreza, a fin de aliviar el déficit anual de inversión de 4 billones de dólares para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en los países en desarrollo[1]. Debe aplicarse la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo.

Urge la reforma de la arquitectura financiera internacional y que se modifique el modelo de producción y consumo irracional e insostenible del capitalismo.  Los países desarrollados deben cumplir su responsabilidad histórica con el Sur y honrar sus compromisos en materia de Ayuda Oficial al Desarrollo.

La humanidad necesita más solidaridad, cooperación y diálogo, sobre la base del respeto a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos.  El egoísmo, la imposición y la coerción no sirven al propósito de resolver los problemas sistémicos.

Concluyo recordando las palabras del Líder Histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, ante esta Organización, en 1979:  

“Digamos adiós a las armas y consagrémonos civilizadamente a los problemas más agobiantes de nuestra era, esa es la responsabilidad y el deber más sagrado de todos los estadistas del mundo.  Esa es, además, la premisa indispensable de la supervivencia humana”.

Muchas gracias

 

[1] Informe del SG “Progresos realizados para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible” A/80/81-E/2025/62.