Intervención del Embajador Ernesto Soberón Guzmán, Representante Permanente de Cuba ante las Naciones Unidas, en el evento conmemorativo del XII Aniversario de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz

Distinguidos Embajadores,

Hermanas y hermanos de Nuestra América,

Doce años después, nos convoca una fecha de profunda trascendencia para los pueblos de América Latina y el Caribe. El 29 de enero de 2014 los Jefes de Estado y de Gobierno de la CELAC adoptaron una decisión trascendental en La Habana: proclamar nuestra región como una Zona de Paz.

La firma de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz por los Jefes de Estado y de Gobierno de la región, fue un hito de gran trascendencia histórica.

La Proclama materializó los anhelos históricos de nuestros pueblos y sus próceres, esos que soñaron y lucharon por la Patria Grande libre y unida que José Martí llamó “Nuestra América”.

Fue una afirmación de dignidad, soberanía y confianza en la genuina integración regional. Fue nuestra decisión conjunta de no aceptar jamás que la guerra, la coerción o la injerencia se apropien de nuestra región. Constituyó un compromiso colectivo con la defensa del diálogo, la cooperación y el respeto mutuo, en favor de una verdadera cultura de paz.

Nos comprometió a resolver las diferencias entre las naciones de forma pacífica, por la vía del diálogo y la negociación, y en plena consonancia con el Derecho Internacional, a fin de desterrar para siempre el uso y la amenaza del uso de la fuerza en nuestra región.

Refrendó el compromiso de nuestros Estados de continuar promoviendo el desarme nuclear como objetivo prioritario y contribuir con el desarme general y completo, para propiciar el fortalecimiento de la confianza entre las naciones.

Nos trazó la ruta para vivir en paz y cooperar unos con otros para enfrentar los retos y solucionar, de forma mancomunada, los problemas que nos afectan a todos.

Con ella, nos comprometimos a cumplir nuestra “obligación de no intervenir directa o indirectamente, en los asuntos internos de otro Estado y observar los principios de soberanía nacional, la igualdad de derechos y la libre determinación de los pueblos”; así como a respetar los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y el Derecho Internacional.

Distinguidos colegas:

La Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, fue clara en la defensa del derecho inalienable de todo Estado a elegir su sistema político, económico, social y cultural, como condición esencial para asegurar la convivencia pacífica entre las naciones.

Ese histórico documento insta a todos los Estados miembros de la comunidad internacional a respetar plenamente sus postulados en las relaciones que sostengan con los Estados miembros de la CELAC, a practicar la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos. Preservar estos preceptos es una necesidad imperiosa.

Poco más de una década después, el contexto regional e internacional se ha tornado en extremo peligroso e impredecible. El gobierno de los Estados Unidos reaviva sus pretensiones imperiales de dominación, empuja al planeta a la anarquía y el caos belicista, impone una permanente amenaza a la estabilidad y seguridad internacionales, y muestra un desprecio total al multilateralismo y el Derecho Internacional. Ante estos colosales desafíos, tenemos el deber histórico de salvaguardar a toda costa la condición de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

En apenas un mes, solo en nuestra región, Estados Unidos llevó a cabo una brutal e injustificada intervención militar en Venezuela, secuestró a su Presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y a la compañera Cilia Flores y reforzó la escalada agresiva contra Cuba al intentar imponer un cerco absoluto a los suministros de combustibles al país. El actuar irresponsable de Estados Unidos precisa de una movilización urgente de la comunidad internacional. Hoy está en juego el destino de nuestros pueblos, la estabilidad regional y la identidad misma de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

De nuestro lado está la razón, el Derecho Internacional y la inquebrantable voluntad de cumplir y defender los postulados de la Proclama de Paz.

Frente a las intenciones de reimponer la Doctrina Monroe por la fuerza militar, reafirmamos que América Latina y el Caribe no es territorio en disputa ni patio trasero de nadie. América Latina y el Caribe pertenece a los pueblos desde el Río Bravo hasta la Patagonia, como dijera nuestro Apóstol.

José Martí nos advirtió hace 135 años y cito: "¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes."

Este momento histórico precisa más unidad, aun en nuestra diversidad. Ante las diferencias, los retos y las amenazas que se ciernen hoy sobre América Latina y el Caribe, defendamos la paz. Los pueblos de América Latina y el Caribe merecen vivir en paz.

Muchas gracias.