Intervención del embajador Pedro L. Pedroso en nombre del G77, en mesa redonda: "Camino hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Foro de países de América Latina y el Caribe sobre Desarrollo Sostenible. Santiago de Chile, 28 de abril de 2023.

Estimado José Manuel Salazar-Xirinachs, Secretario Ejecutivo de la CEPAL,

Distinguidos Ministros, delegados e invitados,

Ante todo, en nombre del Grupo de los 77 y China, deseo expresar nuestro agradecimiento al Sr. Salazar y a la CEPAL por la invitación a participar en esta mesa redonda, en el marco de la VI Reunión del Foro de Países de América Latina y el Caribe sobre Desarrollo Sostenible. Deseo subrayar la pertinencia de este debate, y su relevancia para el Sur Global y para América Latina y el Caribe en particular.

Estos son tiempos difíciles, en especial para los países en desarrollo, que se han visto afectados de manera desproporcionada por los persistentes efectos negativos de la pandemia de COVID-19; una significativa disminución de los flujos de asistencia oficial al desarrollo, tanto bilateral como multilateral; las tensiones geopolíticas y conflictos en distintas partes del mundo; el aumento de los precios de los alimentos y la energía; la volatilidad de los mercados, la inflación; la carga insostenible de la deuda y el cambio climático.

Para un número creciente de países a lo anterior se añade la onerosa carga de la imposición de medidas coercitivas unilaterales por parte de naciones desarrolladas.

La única manera de evitar una crisis irreversible en el Sur y de consecuencias impredecibles para toda la humanidad, es abrir un capítulo cualitativamente diferente en la cooperación internacional para el desarrollo, que propicie el cumplimiento de los objetivos transformadores fijados en la Agenda 2030 y el Acuerdo de París.

Como hemos dicho en otros foros, y más recientemente en el marco de las reuniones de primavera del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en Washington, se trata de un reto multidimensional, que debe abordarse de manera crítica a través de medidas urgentes y estructurales.

En este esfuerzo, para el G77 y China será esencial encarar una reforma real de la arquitectura financiera internacional. El actual sistema de gobernanza de las IFI se creó hace casi un siglo y hoy no representa los intereses y necesidades de la mayoría de sus miembros. Sus políticas tampoco proporcionan a los países en desarrollo los espacios para políticas públicas nacionales propias ni la estabilidad necesaria para alcanzar los ODS.

La reforma de las IFI deberá apuntar, entre otros resultados a:

a) Una mayor y más efectiva participación de los países en desarrollo en la gobernanza y procesos de toma de decisión de dichas instituciones;

b) Una mejor arquitectura de la deuda soberana mundial con una participación significativa de los países en desarrollo;

c) La recanalización de los Derechos Especiales de Giro (DEG) no utilizados hacia los países del Sur, así como una nueva asignación de DEG;

d) Una pronta y considerable recapitalización de los Bancos Multilaterales de Desarrollo para satisfacer las necesidades financieras de los países en desarrollo.

e) La promoción de una cooperación fiscal internacional inclusiva y eficaz en las Naciones Unidas y la racionalización del papel de las agencias de calificación crediticia.

Por otra parte, urge el establecimiento de un conjunto de medidas de progreso en materia de desarrollo sostenible que vayan más allá del PIB, para definir el acceso de los países en desarrollo a la financiación en condiciones favorables y a la cooperación técnica. Ello es esencial para los países de medianos y bajos ingresos, y sin dudas, para muchos de nuestra región.

Asimismo, es crucial garantizar que nuestros países dispongan del espacio fiscal necesario para la recuperación post pandemia y alcanzar los ODS mediante la movilización de importantes inversiones en infraestructuras de calidad, fiables, sostenibles y resilientes.

El nuevo paradigma de cooperación internacional al que no solo aspiramos, sino que es absolutamente necesario, deberá tener entre sus motores impulsores la cooperación en materia de ciencia, tecnología e innovación, con el fin de transitar hacia modelos de desarrollo más sostenibles y equitativos.

Consustancial a todo lo anterior, será imprimir un nuevo vuelco a toda la financiación internacional para el desarrollo, incluido el compromiso de larga data de los países desarrollados con la asistencia oficial al desarrollo, así como aquellos compromisos contraídos en virtud de los acuerdos y mecanismos establecidos en instrumentos jurídicamente vinculantes como la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y su Acuerdo de París.

El cambio climático ha transformado la naturaleza de los retos del desarrollo. Por consiguiente, la agenda climática internacionalmente acordada debe aplicarse plena y fielmente de acuerdo con el principio de equidad y de responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas.

Resulta profundamente decepcionante que la meta de movilizar 100.000 millones de dólares al año y hasta 2020 como financiación climática nunca se haya cumplido. En ese contexto, enfatizamos la necesidad de avanzar en el proceso para el establecimiento del Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado sobre Financiación Climática, así como la operacionalización del fondo para responder a las pérdidas y daños.

Excelencias:

No se puede pensar en un nuevo paradigma de cooperación, si no se atienden los problemas del sistema de comercio internacional que también debe reformarse.

El sistema multilateral de comercio debe propiciar el establecimiento de cadenas de suministro estables y sostenibles mediante la promoción del crecimiento impulsado por las exportaciones en los países en desarrollo. Para ello, resulta necesario reforzar el trato especial y diferenciado para las naciones del Sur como principio multilateral. El unilateralismo y el proteccionismo, incluidas las medidas restrictivas al comercio, incompatibles con los Acuerdos de la OMC, deben eliminarse de inmediato, así como la aplicación de medidas económicas coercitivas unilaterales contra los países en desarrollo por motivos políticos.

Los países desarrollados deberán comprometerse más vigorosamente con el enfrentamiento a los flujos financieros ilícitos procedentes de los países en desarrollo, que merman la capacidad de nuestras economías para lograr un crecimiento y desarrollo sostenidos.

La Cumbre sobre los ODS tendrá lugar en medio de esta coyuntura crítica. Abordar la grave insuficiencia en la provisión de medios de implementación sigue siendo un reto que debe considerarse de forma holística.

Ha llegado el momento de enviar un mensaje político claro que renueve nuestro compromiso colectivo de aplicar la Agenda 2030 y sus ODS, y que se base, además, en hitos importantes como la Agenda de Acción de Addis Abeba y el Acuerdo de París.

El G77 y China apostará sus esfuerzos a lograr una declaración que refuerce la voluntad política de los líderes al más alto nivel, y se centre en la aplicación inmediata de la Agenda 2030 y sus ODS, al tiempo que aborde las lagunas y los desafíos descritos.

Los retos actuales en materia de desarrollo exigen de los países del Sur fortalecer como nunca antes su unidad y espíritu de lucha para alcanzar nuestras legítimas demandas. Es la única vía de evitar que el injusto orden imperante termine por mellar definitivamente los sueños de prosperidad y justicia social de nuestros pueblos.

Los resultados de la Cumbre de los ODS deberán al propio tiempo contribuir de forma significativa al proceso de preparación de la Cumbre del Futuro en el 2024. No se puede labrar el futuro sin atender de manera apropiada las urgencias del presente.

Muchas gracias.