Señor presidente:
A solo 4 años del plazo establecido para el cumplimiento de la Agenda 2030, estamos lejos de cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 “Hambre Cero”. Según el informe de 2026 de la ONU sobre los ODS, un estimado de 645 millones de personas padecían desnutrición crónica en 2025, el 7,8% de la población mundial[1]. Aun en este contexto, disminuye rápidamente la Ayuda Oficial para el Desarrollo, mientras persiste la tendencia creciente del gasto militar global que, en el propio año 2025, alcanzó la cifra récord de 2.9 billones de dólares[2].
Si existiera una preocupación genuina por erradicar el hambre, la pobreza y alcanzar el desarrollo sostenible, sin dejar a nadie atrás, debería cesar la desenfrenada carrera armamentista. Los recursos que se malgastan en sofisticados artefactos para matar deberían redirigirse al desarrollo.
Se precisa cooperación, no amenaza ni uso de la fuerza. La absurda doctrina de la supuesta paz a través de la fuerza, solo alimenta tensiones.
Urge atender las causas raigales de los conflictos, como las desigualdades producto de siglos de colonialismo, décadas de un neoliberalismo salvaje y la persistencia de un injusto orden internacional; la ocupación extranjera; las políticas de dominación y las violaciones de los principios y normas del Derecho Internacional.
Es imprescindible que el Consejo de Seguridad cumpla plenamente su mandato de mantener la paz y la seguridad internacionales, con apego estricto a la Carta de las Naciones Unidas, sin dobles raseros ni injerencia en otros órganos, en particular la Asamblea General.
En un mundo interconectado, cada conflicto contribuye a profundizar las múltiples crisis que enfrenta la humanidad y su carga más pesada la enfrentan las poblaciones civiles, al destruirse infraestructuras, cultivos y medios de vida, interrumpirse cadenas de suministros, y afectarse la provisión de alimentos e insumos esenciales para la producción agrícola, entre otras consecuencias.
No se haría justicia al título de este debate, sin referirnos a la grave situación en Palestina, cuya población, en particular mujeres y niños, siguen condenados al hambre debido a las acciones genocidas de Israel, que ha contado con la impunidad que le garantiza el irrestricto respaldo militar, político, diplomático y financiero del gobierno de los Estados Unidos.
La obstaculización de la ayuda humanitaria, incluyendo del suministro de alimentos, y la continua utilización del hambre como método de guerra, por parte de Israel, responden a la estrategia sistemática de ocupación y castigo colectivo que pretende el exterminio de los palestinos.
Tampoco puede ignorarse la situación que enfrenta el pueblo del Sahara Occidental. Las consecuencias de la prolongada ocupación marroquí han contribuido a profundizar las necesidades humanitarias de la población saharaui, incluido el acceso a una alimentación segura. Se necesita mayor cooperación y apoyo al pueblo saharaui, al tiempo que se implementen las resoluciones y decisiones de la ONU al respecto.
Señor presidente:
Cuba se encuentra hoy bajo una guerra multidimensional por parte del gobierno de los Estados Unidos. El bloqueo económico, comercial y financiero se ha reforzado a niveles extremos con el brutal cerco energético de más de seis meses y otras medidas coercitivas unilaterales contra personas, empresas y entidades cubanas. Como consecuencia, se impide el acceso de Cuba a combustibles y se obstaculiza el arribo de navieras y contenedores, lo que dificulta el acceso a alimentos, medicamentos, fertilizantes, maquinaria e insumos agrícolas, incluso aquellos adquiridos por el sector privado. La escasez de combustibles ha provocado dificultades para la generación eléctrica, el abasto de agua y los servicios esenciales, el transporte, las cadenas de suministro, la producción, el procesamiento, la conservación y la distribución de alimentos y medicamentos e impide el normal funcionamiento de infraestructuras críticas como hospitales y servicios de emergencia.
Condenamos esta política genocida que constituye un castigo colectivo contra el pueblo cubano. Denunciamos, además, la amenaza constante de una agresión militar directa por parte de los Estados Unidos, sobre cuyas consecuencias impredecibles para la paz y la seguridad a nivel hemisférico e internacional hemos advertido en reiteradas ocasiones ante este Consejo.
Señor presidente:
El Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, alertó en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación en 1996: “Las campanas que doblan hoy por los que mueren de hambre cada día, doblarán mañana por la humanidad entera si no quiso, no supo o no pudo ser suficientemente sabia para salvarse a sí misma.”
Un nuevo orden mundial, basado en la justicia, la equidad y la paz no puede seguirse posponiendo. Urgen hechos para cumplir la promesa colectiva de no dejar a nadie atrás.
Muchas gracias.
