Acusación contra Castro: Cuando el imperialismo persigue sin tregua
Gibson Nyikadzino-Zimpapers Politics Hub (The Herald, Zimbabwe)
La reciente acusación contra el expresidente cubano Raúl Castro por parte de Estados Unidos es reveladora. Es fundamental que el Sur Global, en particular, comprenda que todo está interconectado y que aspectos de esta naturaleza no pueden interpretarse de forma aislada.
El nombre de Castro ha dominado la política cubana desde el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, perpetrado por el hermano mayor de Raúl, el fallecido Comandante Fidel Castro.
Raúl es, por lo tanto, uno de los últimos protagonistas clave del triunfo de la revolución de 1959, liderada por su hermano Fidel. Su acusación debe interpretarse como una táctica que Estados Unidos emplea para atacar o tomar el control de un país: "atacar a su figura clave para que el régimen colapse".
Tras esta acusación, los medios estadounidenses continuarán difundiendo la misma historia para desprestigiar a Raúl y así justificar un ataque contra la isla o la asfixia de la revolución hasta su colapso. Estados Unidos ya ha incluido a Cuba en su lista de países patrocinadores del terrorismo, y la acusación contra Raúl por cargos que incluyen "asesinato y conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses" alimenta esta narrativa terrorista. El objetivo es, en primer lugar, presentar a un héroe de la talla de Raúl como un monstruo.
Se dice que los cargos se derivan de la presunta participación de Raúl en el derribo, en 1996, de dos aviones operados por el grupo exiliado Hermanos al Rescate, con sede en Miami.
Estados Unidos busca presionar a Cuba, de ahí la creación de una narrativa que la aísle y envíe un mensaje de poder duro a otros pequeños estados que deseen ofrecer su solidaridad. Fue Cuba quien intentó suavizar su postura contra el imperialismo estadounidense.
Al atacar a Raúl, Estados Unidos actúa tras su fracaso en lograr un cambio de régimen ilegal en Irán después del asesinato del Líder Supremo, el ayatolá Seyyed Ali Khamenei, el 28 de febrero. Al acusar a Raúl, Estados Unidos utiliza su última carta contra una figura cubana prominente, tras haber fracasado en su intento de asesinar a su hermano Fidel en un récord de 638 intentos.
Nicolás Maduro, de Venezuela, ya lo experimentó. Primero fue tildado de narcoterrorista por facilitar el tráfico de cocaína hacia Estados Unidos, antes de ser secuestrado por las fuerzas estadounidenses el 3 de enero.
Hoy, el actual gobierno venezolano parece estar cediendo ante algunas exigencias de Estados Unidos, obtenidas mediante chantaje político. Raúl es uno de los últimos supervivientes del pueblo que lideró la Revolución Cubana y posee una memoria institucional del recorrido de la revolución. Es una figura paterna en Cuba.
El problema de Cuba
Cuba tiene un problema que justifica estos ataques de Estados Unidos. En primer lugar, Cuba es blanco de ataques por estar ubicada en el continente o espacio que Estados Unidos reclama como propio, dictándole las condiciones de comportamiento de los países de esa región. En segundo lugar, el triunfo de la revolución cubana de 1959, liderada por Fidel, Raúl y el pragmático anticolonial argentino Ernesto Che Guevara, la colocó en una encrucijada con las sucesivas administraciones estadounidenses.
Tras su triunfo, la revolución nacionalizó la tierra y redistribuyó la riqueza entre los cubanos, riqueza que pertenecía a la United Fruit Company de Estados Unidos, una entidad capitalista propietaria de grandes extensiones de tierra cubana. Debido a esto, entre otras cosas, Estados Unidos ha impuesto un embargo a Cuba como medida punitiva, a pesar de la ilegalidad de dicha acción. Estas medidas punitivas ilegales siempre se imponen cuando está en juego la cuestión de la tierra.
Finalmente, el problema de Cuba radica en cómo ha logrado sobrevivir durante tanto tiempo, a diferencia de otros gobiernos de izquierda en América Latina y el hemisferio occidental. Todos los gobiernos de izquierda en América Latina fueron derrocados o asesinados en iniciativas orquestadas por Estados Unidos, que principalmente incluyeron golpes militares.
El 27 de junio de 1954, el presidente de Guatemala, Jacobo Árbenz, elegido democráticamente por la izquierda, fue depuesto en un golpe militar orquestado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Diez años después, el 1 de abril de 1964, João Goulart, también elegido democráticamente por la izquierda, fue depuesto en un golpe militar liderado por Estados Unidos. Goulart fue depuesto por temor a sus "reformas básicas", consideradas afines al comunismo.
El 11 de septiembre de 1973, el líder izquierdista chileno Salvador Allende, elegido democráticamente, fue depuesto violentamente en un golpe militar orquestado por la CIA y liderado por el general Augusto Pinochet. Lo mismo le sucedió al general Omar Torrijos de Panamá, quien, si bien nunca fue depuesto, falleció en un accidente aéreo en 1981, tras un fallido golpe de Estado orquestado por la CIA el 15 de diciembre de 1969.
La idea de que la revolución cubana, desde Fidel Castro (1959-2008), pasando por su hermano Raúl (2008-2018) hasta el actual líder Miguel Díaz-Canel, no haya sido reemplazada ni se haya derrumbado, representa un grave problema para Estados Unidos.
En La Habana, Estados Unidos busca a una persona dócil y obediente que pueda ejecutar sus órdenes para revertir los logros de la revolución. Esto es políticamente imposible. Todos los cubanos son revolucionarios y siempre han sido leales a la causa cubana. ¡No es momento para intervencionistas ni contrarrevolucionarios!
Imperialismo implacable
El imperialismo es un proyecto implacable, en constante transformación. El miércoles, el New York Times publicó un artículo que afirmaba que, cuando Estados Unidos e Israel atacaron Irán el 28 de febrero, su objetivo era instalar al expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad como líder. La intención de esta narrativa es sembrar la división dentro del establishment iraní.
Lo mismo que ocurre en Cuba para intentar encubrir a Raúl, no es más que un esfuerzo por socavar los cimientos de la revolución cubana. Tras fracasar en Irán, el imperialismo ve en Cuba una presa fácil. Sin embargo, lo que Cuba necesita es solidaridad y apoyo, pues el adversario o enemigo al que se enfrenta carece de vergüenza, color o rostro, y persigue una agenda nefasta y malévola.
Estados Unidos siempre ha temido la naturaleza anticolonial y antiimperialista de los valores cubanos, y desde 1959, el imperialismo ha considerado imperdonable el camino de Cuba hacia la autodeterminación.
