La Habana, 12 de mayo de 2020. El ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, denunció este martes el silencio cómplice del Gobierno de los Estados Unidos ante el ataque terrorista contra la embajada de Cuba en ese país, el pasado 30 de abril.
Ese día se produjo un ataque con arma de fuego contra el edificio que acoge a la legación diplomática de la Isla en Washington DC. El autor fue Alexander Alazo Baró (42 años), de origen cubano, que vive en EE.UU. desde el año 2010, detalló el canciller en conferencia de prensa virtual.
Rodríguez Parrilla reconoció el rápido actuar de la fuerza policial local y del servicio secreto en el momento del ataque, sin embargo “el Departamento de Estado demoró casi cinco días para ponerse en comunicación con las autoridades cubanas y emitir alguna información de carácter oficial sobre este grave suceso”, subrayó.
Imágenes muestran que el atacante se aproximó a la embajada, gritó frases ofensivas y lanzó una bandera cubana profanada con varias frases incoherentes y luego trató de incendiarla con gasolina. Después se produjo un ataque a tiros contra el edificio que está en medio de la capital de EE.UU, a una cuadras de la Casa Blanca, utilizando un fusil semiautomático.
En el momento del asalto, cuando fueron disparados 32 proyectiles, había 10 funcionarios en el edificio.
“Es necesario preguntar al Gobierno de los Estados Unidos cuáles son sus motivaciones para mantener silencio ante la opinión pública y no lanzar mensajes de disuasión de actos como este, en cumplimiento de sus obligaciones legales como país sede de la embajada”, cuestionó el jefe de la diplomacia cubana.
Calificó este hecho como un acto terrorista que no puede verse separado del resultado directo del discurso agresivo contra Cuba y la permanente instigación a la violencia y odio de políticos estadounidenses y grupos extremistas anticubanos.
El Gobierno de EE.UU. recibió señales suficientes del ataque
El canciller argumentó que Alazo Baró planificó el ataque con suficiente anticipación y visitó el lugar unas dos semanas antes. “En el momento de la agresión se declaró como seguidor del presidente de los EE.UU. y no ofreció resistencia al ser arrestado”.
De acuerdo con Bruno Rodríguez, en los documentos legales, a los cuales Cuba ha tenido acceso, se refiere —según la esposa de Alazo Baró— que este ciudadano visitó un hospital en donde expresó delirio de persecución de grupos criminales cubanos o del propio Gobierno cubano. Luego acudió a varias agencias de Seguridad Nacional para formular acusaciones contra el Gobierno de la Isla, que supuestamente quería asesinarlo.
El canciller aseveró que corresponde al Gobierno de Estados Unidos explicar qué curso le dio a esas acusaciones. “Se aprecia negligencia en la conducta de los EE.UU. que no actuó ante informaciones de esa naturaleza”.
El atacante, prosiguió, era poseedor de una licencia para portar armas, dueño de una pistola marca Glock y de un fusil AK. Incluso, realizó semanas antes visitas a la propia embajada. “El Gobierno de EE.UU. incumplió con su obligación de prevenir este ataque, del cual recibió señales suficientes”.
Rodríguez Parrilla dijo que también corresponde al Gobierno de EE.UU. realizar una investigación a fondo que permita esclarecer de dónde salió el dinero utilizado para el ataque.
Alazo Baró nunca tuvo ni ha tenido ningún problema en Cuba
Hizo alusión a documentos legales que indican que Alazo Baró actuó por odio a Cuba y por temor a agresiones de supuestos grupos criminales cubanos, los cuales no existen, señaló el canciller. “En Cuba no hay organizaciones criminales, ni crimen organizado”.
Del atacante se sabe que mientras vivió en la Isla mantuvo una conducta normal, con inclinaciones religiosas, dedicándose a la labor pastoral. Cumplió el servicio militar sin ninguna dificultad, y en el año 2013 viajó a México con una visa religiosa, país donde vivió durante varios años.
“Hay que preguntar a los EE.UU, cómo un individuo, con una conducta normal, religiosa y pacífica, se transforma en alguien con problemas mentales” y, con escasos recursos económicos, prepara y ejecuta el ataque contra la embajada cubana, acotó.
En 2010 Alazo Baró se mudó a Estados Unidos, donde radicó en Miami, Texas, Pensilvania y quizás en otros lugares.
El titular de Relaciones Exteriores dijo que también es obligación del Gobierno estadounidense investigar con precisión cuáles son los vínculos del atacante “con grupos e individuos dentro de los Estados Unidos, con una trayectoria conocida de odio e instigación a la violencia o incluso al terrorismo contra Cuba”.
Informó que Alazo Baró, durante su estancia en Miami, se asoció a un centro religioso llamado Doral Jesus Worship Center, en el cual se reúnen personas con reconocidas conductas a favor del extremismo y la agresión contra la Isla.
En ese centro, argumentó, entró en contacto con el pastor Frank López, quien mantiene estrechas relaciones con el senador Marco Rubio, el venezolano Carlos Beccio, e incluso con el congresista Mario Díaz Balart, entre otras figuras de conocido extremismo contra Cuba.
Curiosamente, el vicepresidente de los EE.UU. visitó hace poco esa inglesa y pronunció un discurso de franca hostilidad contra la Isla y desprecio y amenazas hacia América Latina, dijo el canciller.
Otras evidencias expuestas por el ministro muestran cómo entre las personas con las que Alazo Baró se relacionó estrechamente en esa iglesia está el ciudadano de origen cubano Leandro Pérez, quien en su propio perfil de Facebook se declara como “amigo cercano del tirador”.
El 5 de febrero de 2020 este ciudadano usó Facebook para intentar amenazar a Cuba con tener listos drones que se utilizarían para agredir a la Isla. Ha empleado las redes y sus contactos para promover ayuda al terrorista Ramón Saúl Sánchez, cuya violación sistemática de las leyes norteamericanas provocó la orden de deportación que, sin embargo, no se ejecuta. “Sus vínculos con el terrorismo hacia Cuba están ampliamente documentados”.
Una revisión a ese perfil permite corroborar vínculos del atacante con los autores de actos de profanación contra bustos del Héroe Nacional José Martí producidos hace meses.
El ataque es resultado de la política oficial de instigación al odio
Bruno Rodríguez emplazó al gobierno estadounidense a explicar qué sabe de esos vínculos y de los contactos y admiración mutua entre Alazo Baró e individuos que pertenecen a agrupaciones seguidoras que apoyan al actual administración de EE.UU. e incitan constantemente a la violencia y el odio contra Cuba.
Igualmente dijo que es obligación del Gobierno de EE.UU. aclarar qué influencia ejerció en la conducta del atacante el sentimiento y la acción agresiva hacia Cuba que se promueve en aquella iglesia de Miami, así como qué papel pueden haber desempeñado los individuos antes mencionados en la decisión de Alazo Baró de abrir fuego contra el edificio de la embajada.
El ministro expresó que cabría preguntarle a Mike Pompeo qué sabe sobre estos asuntos, sobre todo cuando suele pronunciarse de manera constante con relación a la Isla, sin embargo esta vez no ha dicho una palabra acerca de lo ocurrido.
“Es deplorable que el Secretario de Estado, mientras mantiene silencio sobre el ataque terrorista, se haya pronunciado contra Cuba, dedique pronunciamientos permanentes y casi diarios a atacar la cooperación médica internacional cubana y a calumniar a nuestros médicos que trabajan en otros países, incluso en medio de la pandemia de COVID-19. Lo mismo hace su subsecretario asistente que con desvergüenza publica a diario mentiras sobre la labor de nuestros personal de la salud”.
Bruno Rodríguez reiteró que este ataque contra la embajada de Cuba, de naturaleza terrorista, es un resultado directo de una política oficial de instigación al odio y a la violencia contra su país. “Quien escuche los pronunciamientos y falsedades constantes del Departamento de Estado y el propio Secretario de Estado observará que hay constantemente una apelación al odio y el resentimiento hacia Cuba”.
En otro momento de su alocución, el titular se refirió que existe evidencia de la participación de funcionarios del gobierno estadounidense en las acciones violentas que se produjeron contra los colaboradores de la salud cubanos en Bolivia durante el reciente golpe de Estado.
