Camilo lleno de fuerza y de poesía

San Salvador, 6 de enero de 2026. Un hombre en uniforme verde olivo, con barba frondosa y una mirada transparente. La silueta podría confundirse con la de los muchos guerrilleros de la Sierra, pero no, hoy, esa descripción amerita que se agregue un sombrero alón –que según cuentan, «tomó prestado» de un campesino de esas lomas porque «le lucía más al capitán»–, y que se mencionen las flores al mar.

Fue tanto el hombre común, como el héroe, «una figura legendaria» a decir de Vilma Espín, quien también mencionó: «Si nosotros inventáramos un nombre para un personaje de leyenda le podríamos poner el nombre de Camilo Cienfuegos».

La barriada de Lawton, en La Habana, el 6 de febrero de 1932, vio nacer al muchacho que con 17 años ingresó a la Academia Nacional de Bellas Artes; al hombre que dio el paso al frente contra Batista en el año 1952, y que desde la Universidad escribió Identificación Moral –artículo contra el dictador–. Aquel joven, tras pasar por el exilio, encontró su camino en la lucha guerrillera. Hoy cumpliría 94 años. 

Y si muero, ¿qué es la vida?
Por perdida ya la di
Cuando el yugo del esclavo
Como un bravo sacudí.

Cuenta el inolvidable periodista Guillermo Cabrera Álvarez en su libro sobre el hombre de mil anécdotas, que estos versos de Espronceda eran el lema de Camilo Cienfuegos.

Si se busca un resumen de su vida, diría que Camilo Cienfuegos fue Comandante del Ejército Rebelde, expedicionario del Granma, «Héroe de Yaguajay», compañero inseparable del Che, sastre de oficio, hombre humilde de carácter jovial y sonrisa sincera, y uno de los dirigentes más carismáticos de la Revolución Cubana.

Pero ese hombre del sombrero alón fue más que eso. Fue quien adoró a los animales y le puso Fulgencio a un perrito que se apareció en su casa, al poco tiempo del golpe de Estado.

Fue el jefe que, en aquel lejano diciembre de 1957, organizó una velada con los hombres de su pelotón, en la que había desde una orquesta llamada Cuba Libre hasta uno de los combatientes improvisando puntos guajiros. Todo para ahuyentar la nostalgia de tener a los familiares lejos.

Fue el mismo que en plena invasión se sentó a coser los uniformes de los guerrilleros en la máquina de una campesina y le dijo: «¿no sabe que fui sastre?». Y el que, herido en Pino del Agua, se levantó entre los tiros para exigir a sus hombres que se retiraran y salvaran a un compañero herido.

Camilo era el guerrillero que siempre «tenía una reservita» de comida o café que compartir con sus compañeros. Y ese que durante un discurso del Comandante en Jefe cortó una llamada telefónica alegando que «cuando Fidel está hablando, lo único que debe hacer un revolucionario es oírlo».

El rechazo absoluto a cualquier tipo de traición, es otro de los legados del Héroe de Yaguajay a tener presente en estos tiempos; y así expresó el 5 de julio de 1959, en Matanzas, que esta no es una Revolución de cobardes, que no es una Revolución de débiles ni es una Revolución de traidores.

Y así también nos acompaña su audacia, su sentido del humor ante las dificultades y su responsabilidad cuando había que tomar decisiones importantes o cuando tenía enfrente al enemigo; cuando decía que con la verdad ganamos la guerra y mantenemos la paz; y que no podemos esperar el bienestar y el progreso solo de la divina naturaleza…es decir: hay que luchar y emanciparnos por nosotros mismos; que no podemos nunca ponernos a la altura moral de los que combatimos, porque el valor ético de la Revolución es lo que la hace extraordinaria.

Para no perder la ternura en estos tiempos difíciles, tenemos su humanismo, cuando lo definió en el teatro Agramonte en Camagüey, el 21 de octubre de 1959: humanismo es diez mil maestros dando clases; humanismo es los soldados rebeldes trabajando por la patria; humanismo son las viviendas campesinas; humanismo es el sentido patriótico que hoy, gracias a esta Revolución, ha nacido el primero de Enero en el corazón de cada cubano.Y esa resolución de luchar hasta vencer o morir, de enfrentar al enemigo y vencer en cualquier circunstancia, es una convicción compartida también por Camilo.

Camilo Cienfuegos es un nombre «lleno de fuerza y de poesía», como dijo Vilma, y «el más brillante guerrillero», sentenció el Che Guevara.

Embajada de Cuba en El Salvador

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