Puerto Pr'incipe, 24 de febrero 2026.- CARTA FRATERNAL DE HAITÍ A CUBA:
Dos pueblos, una memoria, una dignidad
A nuestras hermanas y hermanos de Cuba, A las valientes madres de la isla rebelde, A los médicos que se mantienen en pie a pesar de las carencias, A los ancianos que guardan la memoria, Y al mundo que aún pretende creer en la justicia,
Les escribo desde Haití. No como diplomático. No como experto. Sino como hijo de un pueblo que conoce la soledad internacional, las sanciones encubiertas, el abandono estratégico, las miradas desviadas.
Nosotros, los haitianos, sabemos lo que significa resistir cuando las grandes potencias deciden estrangular en lugar de dialogar. Sabemos lo que significa sobrevivir cuando la economía se convierte en un arma. Sabemos lo que significa ser castigados por querer ser libres.
Entre Haití y Cuba no solo hay el mar Caribe. Hay una fraternidad histórica. Hay médicos cubanos que vinieron a atender nuestras campañas cuando nuestros hospitales estaban en ruinas. Hay estudiantes haitianos formados en sus universidades. Hay gestos de solidaridad que nuestros pueblos no olvidan.
Hoy, al ver cómo viven, admiramos su resiliencia y su dignidad. Vemos a un pueblo que se mantiene en pie y denuncia.
Oímos a los abuelos privados de medicamentos. Oímos a las madres preocupadas por sus hijos. Oímos a los médicos obligados a hacer milagros sin material. Oímos el cansancio, pero también la dignidad.
Lo que está en juego en Cuba no puede reducirse a una simple «tensión diplomática». Cuando se obstaculiza el acceso a los medicamentos, son vidas humanas las que se ven afectadas. Cuando se bloquean los circuitos bancarios, son las familias las que sufren. Cuando se limita el suministro de energía, son los servicios esenciales los que se tambalean.
Haití sabe lo que significa verse debilitado por decisiones tomadas lejos de sus costas.
No estamos hablando aquí de geopolítica abstracta. Estamos hablando de seres humanos.
No venimos a avivar el odio. Venimos a recordar un principio sencillo: la dignidad de un pueblo no se negocia.
El pueblo haitiano no olvida la solidaridad cubana. Y en la adversidad, la memoria se convierte en compromiso.
A la comunidad internacional le decimos lo siguiente:
Las sanciones económicas no son conceptos técnicos. Tienen un rostro. El de un enfermo que espera tratamiento. El de un niño que depende de un aparato médico. El de un médico obligado a improvisar.
Se puede debatir sobre los sistemas políticos. Se puede discutir sobre modelos económicos. Pero nunca se debe banalizar el sufrimiento humano.
Haití y Cuba comparten una historia de resistencia. Dos pueblos nacidos en el fuego de la lucha contra la esclavitud. Dos naciones caribeñas que han pagado caro su independencia de espíritu.
Quizás nuestra voz no sea la más poderosa en los foros internacionales. Pero es sincera.
Hacemos un llamamiento al respeto del derecho de los pueblos a vivir sin estrangulamiento económico. Hacemos un llamamiento al diálogo sin castigos colectivos. Hacemos un llamamiento a una solidaridad caribeña renovada.
Que quienes hablan de derechos humanos los apliquen sin geometría variable. Que quienes invocan la democracia no olviden la dimensión social de la vida. Que quienes pretenden defender la libertad recuerden que esta comienza con el derecho a recibir atención médica, a alimentarse, a respirar.
Desde Haití, tierra de memoria y de lucha, no le damos a Cuba una lección, sino un abrazo.
Dos pueblos insulares. Dos historias de dignidad. Un mismo mar. Una misma voluntad de no doblegarse.
Que la fraternidad haitiano-cubana siga siendo más fuerte que los vientos contrarios.
Con respeto, un haitiano solidario. CUBAMINREX
